No existen multimillonarios éticos, porque las fortunas enormes se hicieron, por definición, con la explotación de otras personas. Ahora, en un mundo en donde sus habitantes más ricos utilizan su dinero para manipular elecciones o crear programas que amenazan la vida humana, hay que agradecer la existencia de los Knight. Phil Knight, el padre, es el cofundador de Nike y dueño del estudio de animación Laika. Su hijo Travis es el director general de la compañía y ha dirigido películas como Kubo y la búsqueda del samurái, además de otras con actores y para otros estudios.
Es que si esperamos que el mercado tenga una masa crítica de amantes del stop motion capaz de hacer que proyectos como los de Laika se vuelvan rentables, jamás volveríamos a ver películas como las que produce. Son piezas de relojería con muchísimas horas de trabajo de verdaderos artesanos, con la exigencia de llevar la técnica a nuevos horizontes con cada nuevo estreno. Es el caso de Wildwood: el bosque salvaje, que acaba de desembarcar en nuestras salas de cine, también bajo la dirección de Travis Knight.
Basada en una novela ilustrada de 2011, esta aventura tiene un montón de ingredientes que posibilitan tanto el despliegue de los animadores como el disfrute en una pantalla lo más grande posible. Transcurre en un bosque mágico que se encuentra cruzando el puente St. Johns desde Portland, excepto que solamente pueden hacerlo aquellas personas que tienen magia en su interior. Mejor, porque en ese bosque hay una milicia de coyotes, una bandada de cuervos jodidos y toda clase de criaturas amenazadoras.
La acción comienza con escenas pensadas para espantar a aquellas personas que llevan un “wokeómetro” al cine y se quejan de todo lo que no parezca propaganda estadounidense de los años 1950. Una recorrida por la ciudad de Portland muestra con sutileza el frente de una librería en donde se anuncia la lectura por parte de drag queens (basado en un escándalo real), personas orgánicamente diversas y hasta una artista que ofrece sus dibujos con la consigna “disfrute el arte hecho a mano antes de que desaparezca del todo”.
Allí vive una familia común, aunque quizás les ofenda que el padre sabe tejer y que la madre tenga ascendencia asiática. La hija adolescente, Prue, con la rebeldía clásica de su generación, desobedece órdenes y sale a recorrer la ciudad junto con su pequeño hermano Mac. Su paseo se ve interrumpido por los cuervos, quienes se llevan al niño del otro lado del puente. La misión de Prue y su ñoño amigo Curtis será adentrarse en el bosque encantado y rescatar a su hermano, algo que parece fácil en los papeles, pero que les llevará más de dos horas.
Wildwood (título original en inglés) es un despliegue técnico y de imaginación. Tanto que, como ocurrió con otras producciones de Laika, uno no solamente es capaz de olvidarse de la forma artesanal en que la película fue animada, sino que por momentos parece directamente imposible de creer. La fluidez entre un cuadro y otro es “mágica”, tanto en grandes escenas de acción como en sutiles expresiones faciales, y en ningún momento de la historia los animadores parecen cortar caminos, sino todo lo contrario.
Esa ambición desmedida por momentos atenta contra el espectáculo. Desconozco si todas las subtramas son levantadas del texto original o si quedó algo afuera, pero en 131 minutos pasan muchísimas cosas. Es como que arranca una aventura sencilla al estilo El hobbit y termina convirtiéndose en la trilogía de El señor de los anillos, lo cual es buenísimo por momentos, y por otros obliga a repasar mentalmente las diferentes facciones que realizan alianzas de cara el enfrentamiento final. Un despelote para la vista, eso es innegable.
Otro elemento que merece ser mencionado es la violencia. La película tiene pérdidas familiares dolorosas, como casi todas las de Disney; tiene opositores colgados en jaulas, y eso lo vimos en la película de Super Mario, pero además tiene violencia en el sentido de que hay muchísimas muertes, no solamente como disparadores de tragedias, sino como consecuencias de enfrentamientos armados. Hay muertes anónimas y otras de personajes que conocíamos, así como hay muertes a flechazos, espadazos y por bolas de fuego arrojadas en catapultas. No me molestaron, pero me gustaría aclarar que este entretenimiento quizás no es adecuado para los más pequeños.
Wildwood tiene unos cuantos elementos que recuerdan a Laberinto y otros que recuerdan a Zootopia, aunque el guion no se preocupe tanto por explicar cómo funciona ese mundo y el humor sea bastante menos efectivo que el de las animaciones de Disney o Pixar. También es una aventura épica, recargada, compleja y por momentos complicada… más o menos como es la animación cuadro a cuadro. Mientras no hagamos caer el sistema, deberemos conformarnos con que haya gente como los Knight poniendo su cambio chico en estas hermosas causas perdidas.
Wildwood: el bosque salvaje. 131 minutos. En cines.
