Desde que asumió Javier Milei, el gobierno libertario viene lanzando videos negacionistas todos los 24 de marzo, Día de la Memoria, Verdad y Justicia, como parte de su autodenominada “batalla cultural”.

El primero fue un cortometraje de 2024, dura 13:03 minutos y se titula Memoria, Verdad y Justicia Completa. Arranca con el Tata Yofre (autor de varios libros, político multipartidario, actual director de la Escuela Nacional de Inteligencia) citando un pasaje de El libro de la risa y el olvido de Milan Kundera, sobre cómo las naciones reescriben la historia según la conveniencia. Termina con el exmontonero Luis Labraña, quien se refiere a “ángeles caídos” para hablar de guerrilleros y militares, desmintiendo la cifra de los 30.000 desaparecidos y adjudicándose a sí mismo esa invención. #NoFueron30mil

El segundo video dura 19:18 minutos y fue publicado en 2025. Esta vez el protagonista es el operador antiderechos Agustín Laje, quien cuenta sobre el adoctrinamiento (sic) que sufrió en las clases de historia del colegio, cuando estudió el golpe de Estado de 1976. Pero, como el relato que le estaban vendiendo (sic) no le cerraba, empezó a investigar por su cuenta a los 15 años, leyendo libros y revistas y entrevistando gente, y así conoció la verdad completa (sic). #VerdadCompleta

El tercer video es un largometraje, dura 1 hora, 14 minutos y 55 segundos. Este año hubo que triplicar el tiempo y ponerle un poco más de cabeza porque el 50 aniversario del golpe iba a mover mucho a nivel de organización popular y opinión pública –y así fue: la marcha del martes fue impresionante, de las más grandes desde la vuelta a la democracia– y además se da en un momento de crisis interna del gobierno, entre las denuncias de corrupción del vocero Manuel Adorni y las nuevas revelaciones sobre la estafa de la criptomoneda Libra.

En este nuevo esfuerzo cinematográfico, la intención sigue siendo la tarea de “completar” la memoria –como si eso fuera posible, como si la memoria no fuera, por definición, incompleta y como si no hubiera habido juicios que demostraron que fue terrorismo de Estado en el marco del Plan Cóndor–, pero esta vez apostaron a dos historias de vida y, acá está la clave, al lenguaje de superación personal que impone la espiritualidad new age y que se multiplicó en las redes sociales a partir de los miedos e incertidumbres de la pandemia.

Antes de los testimonios de la nieta restituida Miriam Fernández y Arturo C. Larrabure, hijo de un militar asesinado por el ERP, el video abre con un texto leído en una voz en off, que podría ser la de un Milei pacífico (pero no es Milei), en el que se dice que las políticas de memoria, verdad y justicia fueron un “experimento narrativo que les costó miles de millones de dólares a los argentinos en lugar de ʻsanar las disputas del pasadoʼ”. #Sanar. Basta con seguir algunas cuentas de Instagram o leer algún libro de coaches ontológicos o terapeutas alternativos para entender que todos tenemos algo que sanar. En general, esa sanación implica a un niño o niña interior heridos y se hace “soltando” relatos que nos contamos y que no nos determinan. Solo basta con mirar al pasado con otros ojos, cambiar el chip, dejar de considerarnos víctimas y empezar a vernos como campos de resonancia que pueden ser transformados si le ponemos voluntad. Y, algo clave, esa salvación es individual, nunca colectiva, porque somos seres autónomos: ni el entorno, ni la historia (ni hablar de la clase social) nos determinan.

Miriam Fernández, cuyos padres fueron desaparecidos por los militares, nieta recuperada número 127, también habla de sanar. Su historia es terrible, pero ella le adjudica el terror, sobre todo, a las políticas estatales que la obligaron a descubrir su verdadera identidad. Entre lágrimas aún muy vivas, dice que hay que dejar el pasado atrás. No se trata aquí de juzgar las estrategias internas de esta mujer para sobrevivir a una historia tremendamente dolorosa, sino de ver cómo el gobierno mileísta sigue parasitando el lenguaje, invirtiendo y manipulando los sentidos. Empezó con libertad, siguió con verdad, ahora también se quieren apropiar de la memoria, alterando sus mecanismos e implicancias a partir del léxico y las técnicas de autoayuda.

En estas épocas siempre es bueno recordar aquel diálogo entre Humpty Dumpty y Alicia en Alicia en el país de las maravillas:

–Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga… ni más ni menos.

_–La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes. _

–La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda… eso es todo.