La Bienal no es ajena a la situación geopolítica mundial: el jueves 30 de abril, el jurado de la 61° Muestra Internacional de Arte de Venecia presentó su renuncia en bloque. Así, la Torre de Babel del arte contemporáneo internacional se queda sin inauguración oficial, programada para este sábado.

Antes, el 23 de abril, el jurado internacional, elegido por la fallecida curadora Koyo Kouohe e integrado por Solange Farkas, Zoe Butt, Elvira Dyangani Ose, Marta Kuzma y Giovanna Zapperi, había declarado que no tomaría en consideración los envíos de países cuyos líderes son actualmente acusados de haber cometido crímenes contra la humanidad por la Corte Penal Internacional. Aunque no nombraban directamente a nadie, cabe recordar que en 2023 ese tribunal emitió una orden de arresto para el presidente ruso, Vladimir Putin, por crímenes de guerra en Ucrania, y en 2024 hizo lo mismo con el presidente israelí, Benjamin Netanyahu, por las acciones de su ejército en Gaza.

“Tenemos la responsabilidad de honrar el papel histórico de la Bienal como plataforma que conecta el arte con las urgencias de su tiempo”, decían las jurados en su comunicado inicial.

Papa caliente

Mientras llega la primavera italiana y el tibio sol comienza a volver más visibles las diversas pieles que habitan la península, el hielo que desde hace meses se venía formando en torno a la Bienal se quebró ante la decisión de renunciar del jurado, enteramente femenino, que había recibido presiones del gobierno italiano, de la Unión Europea y del artista representante de Israel.

En realidad, la bola de nieve llevaba meses creciendo, desde que se confirmó el regreso de Rusia, que había sido radiada desde la invasión a Ucrania. Existen diferentes interpretaciones respecto de las sanciones de la Unión Europea hacia Rusia, y se venía manejando la idea de quitarle apoyo económico a la Bienal tras la decisión de readmitir al país. La visita de inspectores del Ministerio de Cultura italiano el último día de abril para homologar el pabellón ruso fue seguramente definitoria en la decisión de las jurados.

Si bien el gobierno, representado por el ministro Alessandro Giuliani, se había expresado contra la participación rusa en Venecia, el presidente de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, se mantuvo firme en defender la pluralidad del arte y su independencia de cuestiones políticas internacionales. Si finalmente abre el pabellón de Rusia –se espera la decisión final de la primera ministra Giorgia Meloni–, se ponen en riesgo los más de dos millones de euros que la fundación recibe directamente de la Unión Europea. Por lo pronto, el país no integrará el catálogo de la Bienal 2026, afirmó la fundación.

La participación israelí, por su parte, ya provocó protestas por parte de participantes, trabajadores y profesionales del arte. Recordemos que Italia ha sido el único país en la historia de las huelgas nacionales que realizó un paro masivo en defensa de otro pueblo: Palestina.

El ministro del Exterior israelí, Gideon Moshe Sa'ar, celebró la salida del jurado: “No hay lugar para la política, el boicot y el antisemitismo en la cultura”, declaró. El artista Belu-Simion Fainaru, representante de Israel en la muestra, respondió a la declaración del jurado con un comunicado en el que acusa a sus integrantes de “discriminación racial y antisemitismo”, y amenaza con denunciar a la fundación y las jurados ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. El potencial acto judicial podría dañar a nivel personal y patrimonial tanto a cada una de ellas como a la Fundación de la Bienal de Venecia.

Buttafuoco respondió a la crisis desatada por la salida del jurado con un as bajo la manga: un nuevo sistema de premiación en el que es el público el que decide quiénes ganan los premios a mejor artista y mejor pabellón nacional, que serán entregados al cierre de la muestra, el 22 de noviembre. “El principio de inclusión y de igualdad de condiciones para todos los participantes”, declaró Buttafuoco para defender la participación de Rusia, que, como Uruguay, tiene pabellón propio en los Jardines Reales.

En cualquier caso, ya se habla de la patata bollente (papa caliente) que habrá que digerir el día de la premiación. La evaluación provendrá de un jurado no profesional, sin compromisos con galerías y quizás sin presiones del mercado del arte, y eso puede ser novedoso, pero también será un voto restringido a aquellos que puedan viajar hasta Venecia. Como sea, la Bienal abre sus puertas esta semana y desde este viernes estará en exposición Antifrágil, la obra de la representante uruguaya, Margaret Whyte.