El debate sobre el “instinto materno” entrelaza la biología, la psicología y lo social, ya que durante mucho tiempo se creyó, casi como una verdad absoluta, que las mujeres nacíamos con un chip mágico que nos enseñaba a cuidar y a amar locamente a un bebé desde el primer segundo. Hoy, afortunadamente, se mira la maternidad con mucho más empatía y en los debates públicos se busca entenderla desde otros lugares: como un impulso de la naturaleza, pero también como un trayecto muy personal que se construye socialmente.
Desde la psicología, la sociología y el feminismo se refuerzan la importancia y el valor de las palabras: llamar “instinto” a la maternidad puede ser una carga muy pesada para muchas mujeres. Mientras que en el mundo animal un instinto es un impulso automático e idéntico para todos, en los humanos la historia es mucho más rica, diversa y compleja: no venimos programadas; cada una vive y construye su propia maternidad.
Instinto es un documental germano-uruguayo, dirigido con mucha sensibilidad por Andrés Varela en codirección con Carlos Morelli y estrenado en abril como parte del 44º Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay. Este proyecto es diferente a otros del director y marca un giro profundamente íntimo y valiente en la carrera de Varela, a quien recordamos por documentales deportivos como Mundialito, Maracaná y Sangre de campeones. Ahora Varela nos invita a mirar de cerca el proceso creativo de un grupo de mujeres, varias de ellas con discapacidad, que forman parte de la multipremiada compañía berlinesa Thikwa.
Ellas se unen, con fuerza y vulnerabilidad, para dar vida a “Babybumps”, una obra de teatro híper desafiante que deconstruye la idea socialmente aprendida del instinto materno, el aborto, la infertilidad, la discapacidad y las normas preimpuestas sobre los cuerpos femeninos; cuerpos siempre observados, intervenidos e implícitamente considerados gestantes que, cuando no cumplen con esa condición, parecen romper una matriz biológica y cultural.
La película registra, con intimidad y amabilidad, los ensayos, los roces cotidianos, los miedos y ansiedades y los profundos lazos que este grupo de mujeres construye en Alemania y que encuentra su corazón y punto de quiebre en un viaje a Uruguay para presentar su obra. Es acá donde se enfrentan al tierno pero complejo desafío de mostrar su arte en un entorno culturalmente distinto y frente a un público que, muchas veces, no está listo para ver realidades tan crudas y honestas. El relato es también una clase de historia y se cruza con el devenir de la Alemania nazi, donde se practicaron el control sobre la natalidad y los cuerpos femeninos, la prohibición del aborto y la eliminación (por medio de matanzas y de la esterilización forzosa) de las personas discapacitadas.
Instinto es profundamente emocional. Moviliza, pero también genera risas con humor ácido; nos hace pensar en el sentido de la verdadera inclusión e igualdad y la autonomía femenina, en el constante escrutinio sobre nuestros cuerpos y nuestras decisiones en relación con él, y propone un necesario debate ético sobre el límite de la intervención médica en la vida reproductiva de las mujeres discapacitadas. Nos muestra que el arte es la mejor forma de quebrar sesgos sociales y culturales y aborda, sin prejuicios y con amor, la maternidad, el feminismo y la libertad. Nos deja un mensaje bien claro y humano: la inclusión y la dignidad de las personas nunca se pueden dar por sentadas, sino que son conquistas diarias.
Instinto. 77 minutos. En Cinemateca y Sala B del Auditorio Nelly Goitiño del Sodre.
