Una jugada elaborada en pizarrones, o la posibilidad de la creatividad al servicio de lo espontáneo. Nacional ganó en el Prado un partido en el que Wanderers jugó mejor, aunque esa sea una premisa frágil. Fue al final, en una jugada de tiro libre que Diego Polenta recibió solo y convirtió con violento zurdazo, a metros de la línea de gol.

Protagonismo

Wanderers buscó ser protagonista y para eso llamó a Diego Hernández, el platinado de la selección que la descose. A los diez minutos, con un centro medido desde la izquierda del Parque Viera, encontró a Facundo Milán, que conectó de primera y exigió a Sergio Rochet para mantenerse entre los mejores arqueros de los nuestros. Enseguida pifió una clara como quien la pifia en el campito, y tuvo la siguiente de tiro libre. Es un nuevo brillo del fútbol uruguayo. A los 20 minutos tocó para Juan Acosta, que venía por el otro lado de su carrera. La jugada terminó en un córner que conectó Mario Risso en las alturas.

Wanderers fue protagonista como buscaba, no escatimó en proponer. Sin embargo, Gastón Pereiro, el de la discutida vuelta por el discutido rendimiento, casi anota de tiro libre. El palo fue local. Quizás una corrida de Federico Martínez podría haber puesto las cosas en otro lugar, pero el equipo bohemio que dirige Sergio Blanco hizo un gran primer tiempo, aunque no pudo plasmarlo en el marcador. El equipo de Álvaro Gutiérrez creyó en los destellos, pretendió la seguridad defensiva que le ha sido esquiva más allá de los nombres, y se encontró con la difícil tarea de hacerlo frente a un equipo con pertenencia, con estrategia, con juventud.

Nacional y Wanderers, en el estadio Alfredo Víctor Viera (24.04.2023).

Nacional y Wanderers, en el estadio Alfredo Víctor Viera (24.04.2023).

Foto: Alessandro Maradei

Salir del limbo

Nacional habita un limbo entre la identidad, la pertenencia y el desamparo estratégico de juego versus la proyección, la continuidad, la fábrica. Wanderers habita la fábrica, la continuidad y la proyección. A la vez, goza de la pertenencia, la identidad y el amparo estratégico de alguien de la casa como el Chapa Sergio Blanco. Nacional, por su parte, también habita los tiempos históricos de referentes yendo y viniendo, como Gutiérrez, versus la intención inicial de expansión identitaria que significó la llegada del argentino Ricardo Zielinski.

El segundo tiempo fue más de lo mismo. Wanderers en los pies de Hernández, en la mirada de Blanco, en los arranques de Acosta. Fue en los pies de este último, tras una habilitación de Hernández, la primera duda del partido. El árbitro se agarró la oreja como un cantante melódico. Acosta se vendó la cabeza tras el golpe. La hinchada de Nacional cantó por encima de todo. La de Wanderers sostuvo aquello del barrio. Diego Polenta se arrimó entre solidaridad y chamullo.

En un intento de Bruno Damiani, Nacional pudo conquistar aquello que cosechó en la perseverancia, en la identidad. Desde el banco y en reverberancia con la ausencia de un jugador como el Puma Gigliotti, Nacional encontró respuestas como respiros ante la agónica insistencia del bohemio, que fue mejor que Nacional en intención ofensiva y en sostén. En una jugada chequeada hasta burocráticamente, el argentino Francisco Cerro cometió una falta al borde del área que el árbitro pitó en vivo como penal y terminó en el escritorio como tiro libre peligroso. El tiro libre permitió una genialidad de pizarrón entre Franco Fagúndez, Polenta y el silencioso trabajo diario de las pelotas quietas. El gol también fue corroborado por el VAR y festejado en diferido por la hinchada.

Juan Acosta, de Wanderers, y Federico Martínez, de Nacional, en el Parque Viera (24.04.2023).

Juan Acosta, de Wanderers, y Federico Martínez, de Nacional, en el Parque Viera (24.04.2023).

Foto: Alessandro Maradei

El árbitro dio 7 minutos de prórroga como postre a un gran partido. El Chapa mordió bronca. Su arquero se quedó con un injusto segundo gol, más allá de los descuentos. Los descuentos fueron un partido aparte. El resto, lo anterior, una exquisita entrada. Mucho para un lunes en el Parque Viera. Nacional ganó por una mentira de truco al borde del área.

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