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Deporte Fútbol
Leonel Jaime y Abel Hernández, el 5 de agosto, en el estadio Centenario. · Foto: Rodrigo Viera Amaral

Leonel Jaime y Abel Hernández, el 5 de agosto, en el estadio Centenario.

Foto: Rodrigo Viera Amaral

El fútbol uruguayo como destino para jóvenes argentinos

Entre préstamos, transferencias y apuestas de futuro, la liga local se convierte en una plataforma para desarrollarse y ganar rodaje profesional.

Durante los años 80 y 90, un recordado comercial de televisión invitaba a los uruguayos a cruzar el Río de la Plata para disfrutar de la noche porteña. “Buenos Aires te espera con la luz encendida... y Alíscafos te lleva a la diversión”, decía aquel jingle que tranquilamente podría haber incluido alguna referencia al fútbol entre los atractivos para esa escapada. Eran tiempos en los que el “¡uruguayo, uruguayo!” ya era un grito habitual en las canchas argentinas.

Casi como si el fútbol hubiera decidido invertir el sentido de aquel aviso que quedó grabado en la memoria colectiva, hoy son muchos los jóvenes argentinos que cruzan el charco en sentido inverso, buscando en Uruguay un lugar donde sumar minutos y abrirse camino en el profesionalismo.

Hoy veo jugar a los argentinos

En 1929, después de presenciar un partido de fútbol entre Argentina y Uruguay, Roberto Arlt escribió una crónica titulada “Ayer vi ganar a los argentinos”. Como sabía muy poco de fútbol y era demasiado agudo como observador de la realidad, el escritor argentino no se limitó a contar lo que había visto en la cancha. El resultado en letras fue más una reflexión sobre el carácter de unos y otros.

Casi un siglo después, el fútbol rioplatense ofrece otra escena en la que vale la pena detenerse. Resulta llamativa la cantidad de futbolistas argentinos jóvenes que participan en el fútbol uruguayo, varios de ellos con destacadas actuaciones. Con distintas modalidades de negocio, nuestro campeonato aparece como un mercado de desarrollo de futbolistas que encuentran algo que los clubes de su país no les ofrecen: un camino más directo hacia el fútbol de Primera División.

La memoria remite a jugadores con recorrido, consagrados, que llegaban al fútbol uruguayo en otra etapa de sus carreras. Como ejemplos del siglo pasado, cabe recordar los 29 años y más de 200 goles convertidos en el fútbol argentino de José Francisco Sanfilippo cuando llegó a Nacional; las 11 temporadas en River con 230 partidos y 100 goles que acumulaba sobre el lomo Ermindo Onega cuando llegó a Peñarol en 1969 a la misma edad, o los 204 goles en 273 partidos que traía en la valija un treintañero Luis Artime cuando llegó a Nacional en ese mismo año. Todos habían sido mundialistas antes de debutar en el fútbol uruguayo. También habían sido de selección El Charro José Manuel Moreno, cuando llegó en 1952 a Defensor con 36 años y casi 200 goles en River, y el Muñeco Norberto Rubén Madurga, cuando se puso la albiceleste de Cerro con 33 en 1977, habiendo sido campeón con Boca y Palmeiras.

Mucha gente se tomó el Alíscafos, el Vapor de la Carrera y otros medios de transporte desde entonces. El no tan efusivo “porteeeño, porteeeño” siguió reconociendo a todo aquel que trajo su fútbol desde la República Argentina, hubiera nacido en Buenos Aires o no. Entre el final del siglo pasado y lo que va de este, sigue habiendo espacio en el fútbol uruguayo para los Pezzella y los Zuculini, los Rubén Botta y los Eric Remedi, pero también tienen cabida esos proyectos que vienen buscando el lugar que no han encontrado en Argentina.

De acuerdo con el sitio Transfermarkt, desde el Apertura 2026 hay 90 jugadores extranjeros y 73 son argentinos (36 de ellos menores de 25 años). En Segunda División, los argentinos son 41 de los 72 futbolistas foráneos. Los caminos que los traen a Uruguay son diversos. Algunos llegan directamente desde River, Boca, Estudiantes u otros clubes como Vélez o Banfield, otros en condición de libres. Algunos vienen de sus reservas o juveniles, otros ya jugaron en Primera o pasaron por varios equipos antes de desembarcar en Uruguay. La apuesta en todos los casos es la de encontrar minutos y experiencia profesional, incorporarse a proyectos que les permitan desarrollarse y eventualmente dejar rédito deportivo y económico.

El scouting, uno de los protagonistas del fútbol de nuestro tiempo, ha hecho lo suyo. Elevó informes que hablan de técnica fina y capacidad de juego asociado, mencionó jugadores con corazón, gambeta y rebeldía, presentó oportunidades de traer futbolistas con virtudes que escasean en nuestro medio. Hay carpetas con párrafos dedicados a delanteros que pueden jugar de nueve o como extremos por cualquiera de las dos bandas a punteros desnivelantes con pasta de crack o defensas con buena marca y destreza técnica. Hoy vemos jugar a los argentinos y seguimos comprobando que potrero se puede traducir a campito sin problemas.

Peñarol incorporó a Leonel Jaime, que había disputado cuatro partidos en el primer equipo de River Plate, y a Gonzalo Gelini, con recorrido en la reserva y algunas apariciones en el plantel principal de Boca Juniors. En el caso de Jaime, la decisión de River de dejar fuera del plantel principal a varios futbolistas abrió una oportunidad que Peñarol buscó aprovechar. Gelini, por su parte, pidió salir para tener la continuidad que no encontraba en Argentina.

Otro club que funciona como un destino interesante para jóvenes formados en equipos grandes es Montevideo City Torque. A sus filas llegaron Iker Zufiaurre y Santiago Zampieri desde Boca Juniors, a préstamo hasta junio de 2027. También está el caso de Esteban Obregón: Estudiantes de La Plata lo transfirió al Grupo City y su primer destino fue el equipo uruguayo. Otras situaciones son las de Luka Andrade, con paso por las formativas de River y Boca antes de incorporarse al ciudadano, o Brian Gutiérrez, quien llegó desde la reserva de River a préstamo por un año, con opción de compra, cláusulas de repesca y recompra. El acuerdo también contempla una penalización económica si el club uruguayo no le da una cantidad mínima de minutos. La idea es que el préstamo cumpla el propósito de que el jugador tenga continuidad en Primera.

Racing ofrece otra variante. Bajo la conducción deportiva de Fernando Cavenaghi, incorporó a varios futbolistas vinculados a River Plate. Felipe Álvarez, Matías Unyicio y Agustín de la Cuesta dejaron el club argentino de manera definitiva, en operaciones que le permiten al millonario conservar una participación en los derechos económicos de los jugadores y beneficiarse ante una eventual transferencia. En lugar de mantenerlos cedidos sin un horizonte claro de llegada al primer equipo, el club de Núñez optó por liberarlos y reservarse una parte del negocio si sus carreras progresan. También está en el equipo de Sayago Iván Manzur, proveniente de las divisiones formativas de Vélez Sarsfield, desde donde llegó a préstamo con opción de compra.

Sin embargo, la apuesta no siempre se traduce en una consolidación inmediata. Hay casos como los de Lisandro Bajú, que llegó a Wanderers cedido por River sin cargo ni opción de compra y disputó apenas 147 minutos en seis partidos –ninguno como titular– antes de que se acordara la rescisión de su préstamo, o Axel Atum, a préstamo en Racing desde Estudiantes de La Plata, quien volvió a su club de origen y juega en la reserva. A veces, cambiar de país y de club no garantiza encontrar el espacio buscado.

Aguafuertes montevideanas

Hace casi un siglo, cuando en ambos márgenes del Plata se construía en conjunto una rivalidad que llevaba al fútbol a la mejor expresión conocida, Roberto Arlt escribía: “Los uruguayos dieron la impresión de desarrollar un juego más armónico que el de los argentinos, pero estos, aunque desordenadamente, trabajaron con lo único que da el éxito en la vida: el entusiasmo”. La constatación de una diferencia futbolística era convertida en una observación social.

Quizá hoy podría detenerse en la diferencia entre mercados futbolísticos y escribir una crónica sobre el momento del fútbol rioplatense, pensando en las razones por las que el fútbol uruguayo se convirtió en un destino para sus jóvenes compatriotas que todavía no hicieron pie en la Primera División argentina. ¿Se metería en términos de contratos, rodaje competitivo, grupos empresarios o valorización de jugadores?

Tal vez solo escribiría una de sus aguafuertes, en la que hablaría de que Argentina produce futbolistas a gran escala y Uruguay ofrece escenarios donde algunos de esos futbolistas pueden protagonizar. Una crónica breve, de estilo directo, que retrate con agudeza y tono costumbrista la realidad de pasar de las reservas de los grandes argentinos a las canchas chicas del fútbol uruguayo, a jugar un clásico a estadio lleno o a no tener la continuidad deseada en un campeonato aguerrido y difícil. Con la mirada existencialista del hincha de a pie, les diría en el habla de la calle que Montevideo los espera con la luz encendida.