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Deporte Fútbol
Boston River (archivo, abril de 2026) · Foto: Rodrigo Viera Amaral

Boston River (archivo, abril de 2026)

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Boston River se metió entre los mejores ocho de la Copa Uruguay

El elenco carolino dio durísima batalla y hubiese merecido mucho más.

En San Carlos, en el estadio de Atenas, Boston River derrotó 2-0 a San Carlos y de esa forma se metió entre los ocho mejores de la Copa AUF Uruguay y pasó a cuartos de final, donde deberá enfrentar al ganador del partido de este jueves entre Libertad de San Carlos y Montevideo City Torque. Los goles fueron convertidos uno en cada tiempo: el primero fue de Nicolás Siri y el segundo, ya casi cumplido el tiempo reglamentario, fue del argentino Francisco Bonfiglio.

Esos son los datos fríos y específicos. Sin embargo, la observación del juego entregó otras sensaciones: que se pudo definir de otra manera, que San Carlos hizo un partido excepcional para enfrentar a un equipo de la primera A, que en el segundo tiempo lo puso absolutamente contra las cuerdas, que estuvo a nada de empatar y que de hecho empató con un gol que no fue validado. En definitiva, la certeza de que el ganador del partido fue Boston River, pero el triunfador moral fue el albirrojo carolino.

La paridad inicial y la ilusión carolina

El enfrentamiento entre el equipo de la Organización del Fútbol del Interior y el montevideano comenzó con una paridad que en la teoría no era tan previsible debido a las diferencias de preparación y ritmo de San Carlos, que ahora está compitiendo en el torneo de la Liga Mayor de Maldonado, y Boston River, que juega el campeonato Clausura de la Primera División profesional. Fueron 10 o 15 minutos de envidiable paridad para los carolinos, que inclusive fueron quienes estuvieron más cerca de llegar a las redes en ese tramo de tiempo.

Pero fue justamente después de la más clara del albirrojo local —con un remate de media cancha tras cortar el balón con la defensa de Boston River quedando a mitad de camino, que se fue apenas afuera— que llegó el gol de los visitantes en una escapada larga por derecha de Nico Siri, que entró bordeando las líneas de cal y, cuando parecía que metería el centro atrás, mandó la globa bien al fondo de las redes, entre el arquero y el caño.

Después del gol, el partido cambió tanto en su intensidad como en el trámite e intenciones de dominio, dado que San Carlos sintió el golpe y le costó readaptarse a la nueva realidad. Mientras tanto, Boston River quedó en modo espera, sin gran empuje ofensivo, pero buscando por afuera, donde advertía que a velocidad podía conseguir vulnerar la zaga carolina.

Fueron pasando los minutos y San Carlitos se fue acomodando al nuevo panorama del encuentro y a la orden de su entrenador, muy activo, Carlos de León, exigiendo siempre salida pulida al pie. Así lograron trasladar las acciones hacia el medio y hacia el terreno de los montevideanos, aunque sin precisión en el remate final, encendiendo la sensación de que una conquista local no era una hipótesis descabellada.

Al inicio del segundo tiempo, Boston River estuvo a nada de duplicar la distancia porque, en una larga internada de Arístegui por izquierda, metió el centro atrás para la llegada del lungo Felipe Avenatti, que con categoría definió, pero la globa no entró, sino que se dio en el ángulo del vertical y el horizontal.

Pero después, en el primer cuarto de hora del complemento, San Carlos renovó la ilusión. Controló y puso el esférico en campo rival, aproximándose al arco de Juan González, que casi ve la globa en sus redes cuando tras el remate de Moreira la pelota dio en el caño y en el rebote fue salvado en la línea. Un par de minutos después, el esférico sí llegó a las redes de Juan González, pero en este caso el tanto no fue validado y no pareció ser un acierto del cuerpo arbitral, porque el útil se le había escapado —a juicio particular de quien habla— al golero cuando Techera se la punteó y la mandó al fondo del arco. Un claro error arbitral y por tanto una injusticia profunda para el combinado carolino que había conseguido la igualdad. Allí los humores se empezaron a perturbar a pesar de la calma que pretendía transmitir el cuerpo técnico de San Carlos.

El pálpito de la tribuna

Había algo que trascendía lo estrictamente futbolístico desde el punto de vista táctico y que hacía al ejercicio del juego, con sensaciones arrojadas a borbotones para los eternos visualizadores de partidos, de que a San Carlos le iba a quedar una para el empate.

Y claro fue así, porque en una jugada maravillosa a los 25 minutos del complemento, con enorme despliegue de Gadea, el esférico fue triangulado y, en el remate de fuera del área, reventó el travesaño; en el rebote, Gadea la cabeceó al arco y Marcos Oroná pudo barrer el útil de la línea cuando se consumaba el merecidísimo empate carolino.

Cada vez más y más San Carlos se fue aproximando sobre el arco montevideano con claras posibilidades de marcar el empate. Fue una y mil veces buscando lo que hubiera sido el merecido empate. Pero el fútbol es fútbol. Y entonces, en el minuto 45, tal vez en la única contra que logró armar a medias Boston River, el esférico le llegó a Bonfiglio —que había entrado 15 minutos antes— y el marplatense definió a metros de la raya de sentencia para estampar el 2 a 0 favorable al combinado rojiverde.