No lo sé, Rick; como si fuese una secuencia de El precio de la historia, la evaluación final del partido disputado en Florida por la fecha 12 del Apertura entre Boston River y Cerro Largo quedará para que la defina el tiempo. El valor intrínseco de los tres puntos que obtuvo el sastre con el gol del argentino Francisco Bonfiglio, a falta de siete minutos para el final, está claro, pero seguramente habrá algo más, porque le puede dar fortaleza a la propuesta de Ignacio Ithurralde, que aún no sale –ni cerca– del todo bien, pero en la que es claro que se está trabajando para encontrar un mejor resultado final.

Sí se puede decir, en un juicio de un solo clic, que lo mejor fueron los tres puntos –que valdrán de otra manera al final del Apertura y seguramente también podrán ser disparador de otras expectativas cuando avance la anual–, por perdido que parezca para el resto del universo futbolero profesional uruguayo, y que terminó en abrazos entre los jugadores rojiverdes, emociones expresadas fraternalmente que también suman por sobre la victoria. Con Ithurralde, el equipo ha mejorado en puntaje y ya alcanzó a su vencido en la línea de los 16 puntos. Cerro Largo ya lleva tres partidos sin ganar.

Era previsible. Un partido planeado para un lunes a las 17.00 en la ciudad de Florida, entre dos clubes que no son de allí, no podía tener mucha gente. El visitante, Cerro Largo, queda a cientos de kilómetros de la Piedra Alta; el local, Boston River, está en la casa de los primos, viajando cada 15 días hasta Florida para hacer de local. El marco fue de un silencio administrativo, despojado del calor que solo el hincha de pura cepa puede dar.

Contados con los dedos (de las manos y de los pies)

En las tribunas, la soledad se podía contar. Había 20 hinchas de Cerro Largo, contados con los dedos de mis extremidades; una camiseta y tres banderas albiazules. Del otro lado, decenas, tal vez un ciento de hinchas o seguidores de Boston River, floridenses la mayoría de ellos y familiares de los deportistas. Esta vez se vieron pocas banderas rojiverdes: contando las colgadas en el muro de la tribuna Juan Carlos de Lima, no había más que nueve trapos rojiverdes.

El primer tiempo no pudo tener desequilibrio alguno. De acuerdo con la teoría nunca escrita de que el visitante ataca y el local espera para tratar de contragolpear, Boston nunca pudo salir de la telaraña de Cerro Largo. Entonces, no pudo hacer más que lateralizar una y otra vez, a veces con la misma insistencia que la cantidad de banderas rojiverdes que había en la tribuna. La idea de juego promovida por Ithurralde está clara en su concepción, pero a la ejecución le falta sagacidad para encontrar el hueco y que el futbolista rompa la inercia hacia el ataque.

Cerro Largo se plantó bien, recuperó cuanto pudo y trató de salir con la potente zurda de Marcelo Fracchia. A metros del Santa Lucía Chico, el defensa jugó como último hombre y no de lateral, intentando poner con sus pelotazos largos y su potencia en juego a sus futbolistas de ofensiva. El partido se fue armando en esa batalla táctica de frustraciones, generando apenas dos acciones de gol, donde respondieron los goleros: primero el paraguayo Pedro González y después Bruno Antúnez.

La nueva escuela

En el entretiempo, mientras el locutor anunciaba al ganador del asado de la carnicería Qué Locura y sonaba la plena de La Nueva Escuela, las expectativas de un segundo tiempo mejor se abrían mucho más que el cielo encapotado. El ingreso del fraybentino Gastón Ramírez cumplió la presunción de cambio: el elenco rojiverde empezó a atacar con mayor enjundia. El 10 conectó bien con Francisco Bonfiglio, haciendo que el arco arachán pasara peligro y obligando otra vez a González a salvar su barco tras una media vuelta del argentino.

Sin embargo, ese intento de encontrar espacios con la pelota bien jugada por momentos naufragó. Cerro Largo volvió a su rutina de ataque estándar: poner el útil arriba para que lo peleara Tiziano Correa. El hijo del Petete, futbolista de enorme capacidad, puso en jaque a la defensa local en tres o cuatro oportunidades, pero siempre en soledad.

A los 38 del segundo tiempo, a falta de siete para el final, llegó el gol de Boston River. Tras un gran córner de Ramírez y dos remates cruzados, Bonfiglio se dejó rebotar la pelota y ejecutó al golero paraguayo para poner la mínima diferencia. Inmediatamente después, Cerro Largo tuvo la más clara del partido, pero ese gran arquero que es Antúnez la salvó de forma providencial.

Desde ese momento hasta el pitazo final del árbitro Hernán Heras, el equipo rojiverde administró el triunfo y la valía de los tres puntos. Se quedó con una victoria ajustada, un triunfazo en la soledad de la Piedra Alta, mientras la gente estaba en sus trabajos y algunos pocos se volvían del estadio para ensillar el mate lavado.