Jugaban el segundo, Peñarol, contra el último, Juventud, y salió un partidazo, emocionante, con goles y con incertidumbre hasta el final. Al equipo de Diego Aguirre se le suman los partidos sin ganar y no pudo aprovechar para descontarle a Racing, que sigue estando cuatro puntos arriba cuando quedan nueve por jugar. Juventud, que juega mucho más de lo que se puede esperar del que va último en una competencia de 16, pudo haberlo ganado con una gran faena y, al final, casi lo pierde. Lindo partido, feo resultado para los seguidores de los dos.

Ausencias

Es cierto el peso absoluto de las ausencias de Peñarol. Para este partido no solo llegó con la falta triste y decepcionante –por la seriedad de su lesión– de Leo Fernández, sino que sumó la de su figura actual, Matías Arezo, y, por si fuera poco, perdió a los seis minutos a Maximiliano Olivera, el capitán, que por un problema muscular debió dejar el campo ni bien había empezado el juego.

Pero Juventud, del que buena parte de los mass media a veces parecen no saber casi nada (como de todos los clubes uruguayos que no se llamen Peñarol o Nacional), a pesar de sus grandes partidos en la Libertadores y de su paso irregular en dos juegos de Sudamericana, también estaba lleno de ausencias, y fuertes. Para empezar, no pudo contar con el capitán, Federico Barrandeguy, dueño del lateral derecho y de una pegada excepcional; el oriundo de Ombúes de Lavalle se lesionó en uno de los partidos internacionales. Tampoco estaban el Mueca Bruno Larregui ni Rodrigo Chagas, determinantes en la copa, ni el joven Ignacio Mujica, que era el relevo de Barrandeguy y se rompió el peroné. Desde la llegada de Sergio Blanco a la dirección técnica fue necesario cambiar la línea final del equipo pedrense, haciendo que un zaguero juegue de lateral (Patricio Pernicone) y un lateral juegue de zaguero (Emmanuel Mas).

En la primera media hora de juego Peñarol no pudo alcanzar el protagonismo que sus hinchas esperan históricamente del elenco aurinegro. Seguramente no los futbolistas –que tendrían bien preparado el partido y conociendo a su rival–, pero sí los aficionados y los gestores mayoritarios de la opinión pública se vieron sorprendidos por las prestaciones del equipo pedrense.

La sorpresa llegó, fundamentalmente, de la Joyita Pablo Lago, el zurdo de 19 años que juega por la derecha en el ataque de Juventud. Por ese sector generó situaciones de peligro que no pudo concretar pero, en alguna instancia, dejaron helados a los mirasoles cuando el cuero cruzaba el arco y salía apenas afuera.

Un buen tiro desde fuera del área del Indio Nicolás Fernández, que el golero resolvió de buena manera, fue lo único de Peñarol en la primera parte, porque sus jugadores nunca pudieron ubicar a Abel Hernández y su inmensa capacidad y jerarquía, y tampoco le aliviaron la carrera hacia adelante al colombiano Luis Miguel Angulo.

Pasada la media hora, el trámite del partido encontró su punto de mayor tensión en un córner a favor del equipo de Blanco. Fue una jugada de laboratorio, trabajada con una estrategia de dos toques antes de mandar lo que al final fue un remate franco al arco. Washington Aguerre resolvió de manera poco ortodoxa, pero dio un rebote largo que terminó en un remate de Alejo Cruz que salvó con el pecho Lucas Ferreira. Fue una jugada clarísima de Juventud, que pudo haber anotado la apertura.

La postura y la impostura de Juventud en el primer tiempo –y, fundamentalmente, en el cuarto de hora final, casi sitiando a Peñarol– tuvieron su desenlace en un golazo, en el minuto 45, de Renzo Rabino. El equipo de Las Piedras venía atacando hacía aproximadamente un minuto; tenía la globa en zona de tres cuartos y parecía que la podría poner en un lugar peligroso para la definición.

Cuando por fin pareció que Peñarol se liberaba, apareció de atrás Rabino: la robó en tres cuartos, avanzó, enganchó para un lado, enganchó para el otro y sacó un zurdazo cruzado impresionante que se clavó en el arco de Aguerre, que ni la vio.

Abel y Caín

Para el segundo tiempo ambas oncenas salieron de la misma forma. El partido se fue manifestando en los primeros minutos con la intención de búsqueda del empate de Peñarol y de contragolpes de Juventud, hasta que a los ocho minutos, en un muy buen ataque pedrense, Facundo Pérez regateó en el área de un lado para el otro, sacó su remate y finalmente lo salvó Aguerre.

En la contrapartida, en una pelota que fue cruzada al área después de un rebote, la globa le quedó a la Joya Abel Hernández. El delantero se tomó su tiempo, dejó sentado en el piso a Pernicone tras su enganche y ajustó el remate para que el útil entrara contra el caño y fuera el empate de Peñarol.

Fue un golpe durísimo para Juventud. No pudo asimilarlo en los primeros minutos y quedó tambaleando un equipo que hasta ese momento estaba más cerca del 2-0 que de que se lo empataran. El mirasol, con el empuje de su gente en el Campeón del Siglo, aprovechó ese estado de confusión de la visita para adelantar sus líneas y tratar de dar vuelta la taba.

Sergio Blanco movió el banco y puso dos cambios que le devolvieron al equipo pedrense la actitud que había perdido. Juventud volvió a atacar y a generar peligro, convirtiendo el trámite en un partido de lado a lado.

En ese escenario empezaron a aparecer figuras determinantes. Por el lado del local, el maragato Leandro Umpiérrez se hizo eje asistiendo a Hernández, mientras que, en la visita, Alejo Cruz se mostró muy peligroso cada vez que lograba asociarse con Fernando Mimbacas.

Justo enseguida de la salida de Abel, una triangulación perfecta entre Mas, Rabino y Cruz terminó con el pase-gol hacia Mimbacas. El delantero definió ajustado, como deben hacerlo los goleadores, poniendo el cuero lejos de cualquier esfuerzo de Aguerre para, otra vez, poner a Juventud arriba en el marcador.

Pero habría más, porque unos minutos después el Cepillo Franco González volvió a tener un protagonismo como el que lo llevó a vestir la camiseta aurinegra: bordó por la línea del área grande hasta asistir al josefino Leandro Umpiérrez, quien sacó un gran remate cruzado para poner el 2-2 para Peñarol. El carbonero rápidamente se puso en partido y una vez más buscó la victoria, empujado por unas tribunas que recuperaron el aliento.

Al final, en los últimos minutos, el partido se quebró definitivamente. Fue un ataque contra ataque en el que los dos pudieron haberlo definido a su favor, pero el pitazo de Javier Feres decretó que todo terminara 2-2. Con este resultado, la ventaja de Racing en el Apertura sigue siendo de cuatro puntos sobre sus escoltas. Fue una fecha redonda para el equipo de Sayago, que parecía que se le acercarían, ya que los perseguidores inmediatos –Deportivo Maldonado y Peñarol– empataron sus respectivos encuentros, dejando la tabla tal como estaba, pero con una jornada menos por disputar.