Cuando el sorteo de los grupos de la Libertadores determinó que Corinthians era el tercer rival de los carboneros, las voces de adentro de Peñarol y también de los especialistas marcaban que este era el partido “perdible”. Lo que no decían aquellas proyecciones era que, al momento de llegar a ese partido perdible —en el hermoso estadio de Corinthians en San Pablo—, Peñarol tendría solo un punto y que, al cumplirse la idea y perder, quedaría absolutamente comprometido para seguir adelante: si no gana la semana que viene en Vicente López ante Platense, quedará al borde de perder sus posibilidades de avanzar a octavos de final.

Los paulistas avasallaron a Peñarol en el primer tiempo, donde consiguieron los dos goles con los que se resolvió el partido, resultado que, fundamentalmente en la primera parte pero también en el complemento, pudo ampliarse y hasta duplicarse. Corinthians, con puntaje perfecto, quedó a un solo punto de la clasificación —y con esos tres triunfos ya puso en caja un palo verde más—, y Platense lo secunda con 6 puntos, mientras Peñarol e Independiente Santa Fe cierran con una sola unidad.

Bonde do Timão

El comienzo del partido fue un verdadero infierno para Peñarol, absolutamente volcado atrás, con sus 11 futbolistas en su campo y con ataques, uno tras otro, del elenco corinthiano. Por eso, para nada llamó la atención que a los 11 minutos llegara la apertura del tanteador por parte del Timão. No fue en una combinación exitosa —como venían teniendo hasta ahí los futbolistas del elenco paulista, que mostraban un 80% de posesión de la pelota en los 10 primeros minutos—, sino a través de una jugada de pelota quieta, donde un centro perfecto de Rodrigo Garro terminó en un gran frentazo del grandote Gustavo Henrique. Con altura de pívot de basquetbolista, se sacó de encima por completo la posible marca de referencia de los defensas de Peñarol y metió un testazo que venció irremediablemente a Washington Aguerre.

Ya de entrada, la posible estrategia pergeñada por el cuerpo técnico de Diego Aguirre quedaba de lado porque, tempranamente, el equipo era superado futbolísticamente —cosa previsible—, pero también en el marcador, seguramente lo que se quería evitar con esa posición tan retraída que tenía el elenco carbonero. Peñarol había arrancado con un 5-4-1 que lo establecía como fijo en su campo, con Aguerre; Jesús Trindade, Matías González, Facundo Álvez, Mauricio Lemos, Diego Laxalt; Eric Remedi, Nicolás Fernández, Leonardo Umpiérrez, Gastón Togni; Matías Arezo. Eso fue a los 11, pero al completarse los 15 minutos Corinthians había tenido dos clarísimas situaciones de gol más que, por centímetros, no terminaron en el festejo de los Gaviões da Fiel.

No hubo descanso ni afloje para los peñarolenses: siguió, siguió y siguió atacando Corinthians y, a los 25 minutos, a la vuelta de la pausa de hidratación, llegó el segundo del elenco paulista por parte de Jesse Lingard. Dos minutos después, nadie pregunte cómo no vino el tercero, en una jugada de pelota quieta donde el remate, con el arco libre, dio en el caño y se fue afuera.

El repliegue de Peñarol no solo fue inefectivo para frenar el flujo ofensivo, sino que le otorgó a Corinthians el control total de la zona media, transformando el partido en un ejercicio de ataque contra defensa. Las combinaciones de Lingard con el inubicable, para la defensa carbonera, Yuri Alberto y la velocidad absoluta, por la otra franja, de Matheus Bidu desarmaban cualquier intento de contención, convirtiendo el sistema defensivo de Peñarol en una estructura altamente vulnerable, incapaz de cerrar los espacios interiores.

Segundas partes nunca fueron buenas

Para el segundo tiempo las cosas no cambiaron en absoluto. Hubo un cuarto de hora un poco más aplacado del equipo de Fernando Diniz y algún mínimo —pero muy mínimo— intento de ataque de los de Aguirre, solamente ejecutado por quien podía y quería hacerlo: Arezo.

Cuando a los 15 minutos se produjo el ingreso de Luis Miguel Angulo —que después volvió a salir lesionado— en el equipo uruguayo, parado como lateral izquierdo bis, tampoco pudo ser de ayuda para alguna arrancada solitaria de Arezo. La ventaja de los dos goles y, fundamentalmente, la del juego era una brecha inabordable para los aurinegros; pareció que Corinthians bajaba un poco su ritmo frenético, aun con la pelota en los pies y aun con lo incisivo de sus delanteros cuando eran proyectados a correr.

En definitiva, el segundo tiempo se convirtió en un ejercicio de control por parte de Corinthians que, sin necesidad de acelerar, mantuvo a Peñarol bajo un dominio absoluto.

Ahora, en una situación tan tirante, Peñarol deberá hacer foco absoluto en el partido de la semana que viene en Buenos Aires ante Platense y tratar de potenciarse para encontrar una victoria que le permita seguir pensando en los octavos de final.