El partido que cerró la fecha 14 en el Campeón del Siglo tenía una mínima expectativa, a esta altura del campeonato, de que Peñarol volviera al segundo escalón con un triunfo que le ha sido esquivo en sus últimos juegos o que Defensor ganara y alcanzara a su rival ya en el remate del torneo. No pasó ni una cosa ni la otra: fue empate 1-1, con un gol en cada tiempo y la sensación de desencanto de los deportistas en la cancha, que se fueron frustrados y con razón. Peñarol había sido claramente superior en la primera parte y pudo haber duplicado esa ventaja inicial; Defensor se tonificó tanto después del empate que en el segundo tiempo pareció que lo daría vuelta, cosa que tampoco hizo. Al final, no es más que un punto para cada uno, que solo podrá servir si miran para abajo y observan que les sacaron un punto más a sus clásicos rivales.
Pobre Defensor
El contraste entre el armado por partes de los once carboneros –en principio inconexas pero buscando atinada y activamente combinar– y la fragilidad y hasta debilidad de los violetas quedó plasmado en el juego.
A pesar de lo novedoso y desestructurado, el equipo de Peñarol –que contó solo con Washington Aguerre, el Indio Roberto Fernández y el indiscutible y absolutamente determinante Matías Arezo como titulares absolutos, junto a un par de juveniles y varios suplentes– mandó en el primer tiempo ante un inconexo Defensor. El violeta, que con todos los titulares disponibles –tiene jugadores en sanidad– se mostró débil y desconectado en todas sus líneas, pero principalmente en la defensa y en el medio, y perdió peligrosamente muchas pelotas en la salida, que ameritaron ataques carboneros.
La obligada apuesta de Diego Aguirre –que este jueves, ante Platense en Vicente López, se juega su futuro en la Libertadores– resultó ante la fragilidad en la salida del visitante, que terminó por edificar la superioridad aurinegra en esos primeros 45 minutos.
Entre los intentos peligrosos de Peñarol, las fallas violetas y un par de amarillas para los aurinegros se fue cocinando la ventaja. En una pelota perdida en el lateral, el útil llegó al área; el Indio Fernández vio el pase en la medialuna para Leandro Umpiérrez y el maragato sacó un derechazo cruzado que terminó en el fondo del arco de Kevin Dawson. Iban 19 cuando se produjo la explosión del gol aurinegro, pero dos minutos después, un ataque de Defensor pudo haber sido el empate: un pase atrás del paraguayo Brian Montenegro dejó solo y con el arco al descubierto a Axel Frugone, quien, a un metro de la línea de sentencia, la elevó por encima del travesaño.
El contraste entre la resolución técnica de Umpiérrez y la impericia de Frugone resolvió cómo seguiría el partido. Esos dos minutos definen la distancia entre la eficacia y la impericia, y ese error de Defensor, más que una desgracia, fue el síntoma de un equipo que, aun con sus piezas principales, había perdido la brújula del partido. Extremadamente flojo el violeta, que no podía entrar en caja, tal vez por la adolescencia de madurez de sus zagueros centrales peleando con la figura mirasol, Arezo, y la gelatinosa acción de sus mediocampistas.
Pobre Peñarol
Al inicio del segundo tiempo todo parecía seguir igual, con un Peñarol dominante y un incombustible rival que, a pesar de que pretendía jugar más en terreno contrario, multiplicaba sus fallas en la salida. Hubo cambios en ambos equipos: Germán Barbas había entrado en el entretiempo en Peñarol y después se sumaron Matías González y Stiven Muhlethaler, mientras que Román Cuello puso en la cancha a Nicolás Wunsch y Alan Torterolo, hombres que cambiaron y potenciaron a Defensor.
Así fue como, a los 23 minutos, después de un córner y en una jugada rara –de esas en las que la pelota parece no querer entrar–, llegó el empate de la viola con anotación de Montenegro, tercer rematador ante el arco de Aguerre. Primero cabeceó bien Lucas Agazzi y atajó el artiguense; en el rebote la empujó Lucas de los Santos, la pelota cruzó la línea y dio en el caño; en el tercer intento el goleador guaraní la mandó al fondo. Increíble, pero después de ese tanto, Defensor se tonificó y cambió de forma tal que parecía otro equipo, superando a quien durante más de una hora lo había dominado con creces.
Habría que profundizar un poco más en la metamorfosis de Defensor: ¿fue el ingreso de Wunsch y Torterolo lo que le dio aire, o la paridad en el marcador liberó el peso que arrastraban desde el inicio? Hay que resaltar ese clic psicológico, esa transformación del equipo que, al verse vivo de casualidad, se encuentró con una energía que le había faltado durante gran parte del encuentro.
Defensor pudo haberlo dado vuelta –porque, como dijo Dante Panzeri, el fútbol es la dinámica de lo impensado–, pero después, en los últimos diez minutos, Peñarol tiró la historia contra el arco de la Cataldi y, entre el caño, Dawson y la impericia de quienes definían, no volvió a anotar y el partido desembocó en un final inesperado por una inconcebible acción de Aguerre, que se hizo expulsar por protestas y dejó a su equipo sin golero.
No quedaba nada y entró Barbas al arco, que no pudo actuar porque la pelota que patearon –de gol– se fue afuera para dejar todo 1-1.