Iban 42 minutos, otro inesperado golpe había dejado a Peñarol frenado y confundido. La pelota llegó en forma poco ortodoxa al área de Cerro Largo, que hacía minutos había empatado, y allí estaba Abel. Es al ñudo: los cracks son cracks, y Hernández lo es. Abel, como si estuviera ensayando una rutina de salto en alto, se impulsó, puso su espalda en paralelo al piso del Ubilla, sacudió primero una pierna y después la torta con la que impactó la pelota de forma justa, cruzada y potente. Era la única manera de calzar esa globa y que fuera gol. Fue gol y ganó Peñarol 3-2, cortando una malaria de ocho partidos y más de un mes sin ganar. Era en el último partido del Apertura ya perdido, pero valía por Abel y por Peñarol, que se arrimó a Racing en la Anual y quedó pronto para dar lucha en el Intermedio. Cerro Largo dio lo que pudo. No podía mucho e igual dos veces sorprendió las redes carboneras.

Lo más frío que hay

El frío que hacía en el estadio Ubilla de Melo no estaba escrito hasta que se escribió en esta crónica. El partido, sobre un campo de juego muy inestable y húmedo, tuvo alternativas en su arranque. Tal vez, por prejuicio, un poco inesperadas. Cerro Largo fue el equipo que empezó a dominar y que se plantó de cara a su rival como no es tan habitual cuando alguien enfrenta a un equipo con tanta jerarquía acumulada a través de la historia. Es que ese terreno pesado nivela hacia abajo la finura técnica de la capital, convirtiendo la tarde en una pulseada de resistencia donde el equipo de Danielo Núñez sabe moverse como pez en el agua.

El engaño de que es la última fecha de un campeonato del cual ya no se puede ganar el título se desenmascara rápidamente, explicando que este es un torneo de largo aliento y que, justamente, se estrena la tabla Anual. A través de este puntaje, daba la idea de que la presencia de Peñarol en Melo esta vez no era tan interesante como en otras visitas al Ubilla. Sin embargo, aunque en mucho menor número que otras veces, la gente estaba ahí, pendiente del juego de sus ídolos o de sus vecinos, en esa dicotomía tan propia de nuestro fútbol donde el orgullo local se mide cara a cara con las luces de la televisión.

Cerro Largo plantó cara, cumplió con el prejuicio que indica que el local debe mandar y generó acciones de supremacía más individuales que colectivas. Una de ellas hasta terminó con la pelota en la red, cuando Tiziano Correa arrancó un pasito en posición adelantada y sacó un zurdazo impresionante. En ese remate se vio el ADN presente del Petete, confirmando que la sangre joven no pide permiso ni se achica ante los nombres de cartel.

En los descuentos, tras un largo parate por el choque de cabezas entre Franca y Escobar —que determinó la salida del defensa argentino de Peñarol y la momificación de la cabeza del lateral izquierdo de Cerro Largo—, el local encontró su premio. Fue cuando el zurdo Añasco, jugando por derecha, dibujó una finitura propia de orfebrería en medio del barro. Se metió hasta el área chica y, tras el último enganche de zurda, la tocó atrás para que Daguerre sacara un bombazo megatónico. El remate venció a Britos e hizo explotar las redes de un estadio que, herido y bajo el frío, se fue al descanso con el sabor de la justicia.

Joya

Para el segundo tiempo, Peñarol realizó su segundo cambio, porque ya en la primera parte había ingresado Barboza por Escobar, que se fue con su contusión en la cabeza. Ese segundo cambio fue el ingreso de la Joya, Abel Hernández, quien la semana pasada, con sus 15 minutos en Vicente López ante Platense, había demostrado que su potencialidad sigue intacta y pasó a comandar el ataque carbonero.

La Joya tuvo de arranque una acción con su sello, pero la pelota se fue alta. En Cerro Largo, que no había ingresado ningún delantero internacional de nota, hubo dos ataques netos de gol que, solo por la mala definición de sus delanteros, no pasaron a ser el segundo.

Siendo un juego flojo y sin tantos quilates, llamaba la atención que el local seguía marcando la cancha y predominando. Pero a los 13, una pelota filtrada por Diego Laxalt para Facundo Batista determinó el empate de los carboneros. Fue una pelota que no logró descifrar la estática zaga de Cerro Largo en un ataque aislado cuando no se esperaba el empate. De inmediato, Peñarol pasó a ser el dominador absoluto del juego y a establecer las mismas diferencias que, en la teoría, se esperaban en las previas de las radios.

El maragato Leandro Umpiérrez, que había pasado a ser futbolista determinante en la creación y ejecución del fútbol ofensivo de Peñarol, marcó a los 29 el segundo gol carbonero en una acción en la que faltaba el marcador por izquierda: Franca, que había perdido su vendaje, estaba sangrando y era atendido afuera. Entonces, Kevin Rodríguez tuvo menos obstáculos para poder correr hasta el fondo, mandar el centro atrás y encontrar el cabezazo, de agachada, de un Umpiérrez que anotó el segundo gol de Peñarol.

Pero, de manera muy inesperada, cuando Peñarol había dado vuelta el marcador y fundamentado el juego, llegó el empate de Cerro Largo. Federico Sellecchia, futbolista argentino que recién había ingresado al partido, recibió una magnífica habilitación del tacuaremboense y capitán Sebastián Assis y, por izquierda, sacudió su zurda para poner el 2-2.

Pero faltaba la maravilla, una joya para ser más preciso. Porque en el minuto 42, ante una pelota que quedó perdida en el área de Cerro Largo, con Abel de espaldas, este hizo un salto como si tuviera que pasar la varilla del salto alto, movió sus piernas y, de chilena, sacó un remate cruzado que venció a Juanito Moreno para poner el 3-2 a favor de Peñarol. Cuando terminó, Diego Aguirre metió puñito y gritó un par de “¡vamos!”. Es que se estaba sacando de encima una pesada carga de ocho partidos sin festejar un triunfo y, aunque no está a la vista ni se vende, se había acercado al líder de la tabla Anual.