Se esperaba un partidazo, y algo de eso hubo entre Brasil y Marruecos en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, aunque tras un primer tiempo muy dinámico e intenso, que tuvo los dos goles, el partido cayó un poco en el complemento. Ambos equipos bajaron el ritmo, y por momentos parecieron conformes con un empate que garantiza no empezar en desventaja ante el rival más fuerte del grupo que comparten con Haití y Escocia.
Marruecos, una selección en franco ascenso que fue semifinalista en el mundial anterior, llegó a esta copa con la misión de mostrar cierta continuidad más allá del cambio de DT —ahora la dirige Mohamed Ouahbi—, de ratificar la gesta y probar que nada de aquello fue casualidad. Desde los primeros minutos del partido mostró una implacable voracidad ofensiva y dominó a Brasil, que parecía sorprendido y paralizado en el arranque.
Con su capitán Achraf Hakimi como abanderado de un ataque vertiginoso y agresivo, los africanos no dejaron reaccionar al equipo de Carlo Ancelotti, que no pudo dar señales de ser la selección temible que supo ser y que la llegada del técnico italiano pretendía recuperar para esta justa. Poco antes de la primera pausa de hidratación, la verdeamarela pudo agarrar un poco más la pelota y juntar pases en campo rival, pero ahí llegó el gol de Marruecos: recuperó Brahim Díaz, otra de las estrellas de los leones del Atlas, y se la tiró larga a Ismael Saibari, que sorprendió a la defensa brasileña y definió con tremenda calidad ante la salida apurada del arquero Alisson. Un golazo.
Después de la pausa el trámite se mantuvo con Marruecos dominante y Brasil desconcertado. Pero Brasil tiene a Vinicius Júnior, un jugador que cuando se enchufa es capaz de cualquier cosa. Y así fue, en la única que se enchufó de verdad; una jugada por la izquierda, la zona favorita del extremo que juega en el Real Madrid, donde lo dejaron demasiado descuidado dentro del área, para enganchar hacia el medio y tirar un misil al segundo palo, imposible para el buen arquero de Marruecos, Bono.
El empate, apenas pasada la media hora de juego, emparejó el trámite y después ambos se repartieron situaciones de peligro. En el segundo tiempo, quizá el ritmo bajó por pura voluntad de los marroquíes, que arrancaron un tanto más replegados y dejaron a Brasil manejar más la pelota.
Vinicius ya no volvió a hacer la diferencia, aunque seguía siendo la principal promesa de peligro en la ofensiva brasileña cuando agarraba la pelota en el último tercio del campo. Raphinha acompañó con buenos chispazos, pero lo de Brasil no fue más que eso, chispazos aislados y promesas truncadas. Sin un ataque de Marruecos tan potente como el de la primera parte, el scratch pareció más sólido atrás.
En el último cuarto del partido, cuando el empate ya le parecía buen negocio a ambos, Marruecos decidió que podía poner un poco de vuelta el pie en el acelerador, y fue, sin arriesgar demasiado, a buscar el resultado; Brasil intentó con algunos contragolpes, y cualquiera pudo haberlo ganado, pero finalmente el juego se cerró en tablas.
