El partido fue en sus primeros minutos lo que muchos millones de nosotros pensamos que sería: Brasil ultra volcado al campo de Haití y los isleños procurando defender con toda su gente. Sin embargo, pasó por un buen rato que, cuando Haití recuperaba la pelota, no le metía un dedazo para arriba, sino que intentaba salir jugando. Y así fue que atacó un par de veces con peligro, mientras el aluvión brasileño llegaba sobre el arco haitiano. Raphinha era la amenaza real de los norteños, trepando con muchísimo peligro, aunque un par de posiciones adelantadas impidieron que llegara la anotación del equipo de Ancelotti.
El gol del scratch llegó a los 22 minutos cuando, en una corrida por izquierda —justo cuando estaban por llegar a la pausa de hidratación publicitaria—, Vinícius Júnior dibujó una jugada de su sello y al final decidió rematar al arco; Placide contuvo a medias y su defensa no pudo cerrar el rebote, por lo que Matheus Cunha ingresó tocando la globa y a la fuerza mandándola a las redes.
Si bien es cierto que era una situación inesperada, los haitianos parecieron sentir el golpe en los primeros minutos, pero después arrancaron de nuevo como si estuvieran 0-0 o más, porque hilvanaron algunas jugadas de ataque interesantes sobre el arco de Alisson Becker.
Pero se trataba de un partido entre Brasil y Haití. Por tanto, las diferencias técnicas y de concepción de juego eran grandes. Así que el mejor partido de los haitianos se podía ir al humo en cualquier momento. Entonces el menor error de los isleños se pagaría carísimo ante un rival que no perdona. Un error sería el mayor de sus infiernos, porque a los 35 minutos perdieron la pelota en el círculo central cuando intentaban una transición; la globa le llegó a Cunha, que hizo la antepenúltima, la penúltima y la última para armarse él mismo el segundo gol de Brasil, definiendo a la entrada del área con un zurdazo arriba que venció por completo la resistencia del arquero.
Brasil ganaría, sin embargo, un golpe que nada tuvo que ver con los haitianos: en uno de los ataques del equipo de Ancelotti, Raphinha sintió un pinchazo y ahí nomás quedó pidiendo el cambio de inmediato, dejándonos con la incógnita de lo que sucederá en el futuro inmediato con el crack brasileño.
El partido, aunque quedaba muchísimo, tuvo casi su cierre en cuanto a cualquier inquietud de lo que pudiese pasar con el resultado cuando, a los 47 minutos, con la defensa haitiana muy en línea, lo pusieron a correr a Vinícius Júnior, que con la pelota absolutamente dominada llegó al área y definió como los que saben ante Placide para poner el 3-0.
La segunda parte no fue que haya sobrado, porque Haití jugó el partido como si estuvieran 0-0, como si no hubiesen existido esos minutos en los que Brasil hizo los tres goles. Llamativamente el equipo de Ancelotti no salió a aplastar y golear, lo que podría ser determinante en caso de igualdad al cierre de la tercera fecha para definir el primer puesto con Marruecos, para el caso de que ambos consiguieran el mismo resultado. En los 45 minutos complementarios, quien tuvo jugadas de gol fue Haití, que promovió un par de atajadones de Alisson Becker.
Entonces, como cada partido es una historia que se va acomodando con su vida propia, no podemos saber si fue que Brasil aflojó —como casi siempre dicen los especialistas que muchas veces no jugaron ni con tierra— o si fue que el partido llevó a eso, como lo había hecho en algunas partes del primer tiempo, porque Haití estuvo mucho más atento e infalible donde no debía fallar. Se terminó 3-0 con los haitianos haciendo un segundo tiempo de colección, para su colección, mientras Brasil asumió que su primer triunfo sería así, y deberá resolver en la última fecha con Escocia, que no es que esté mano a mano pero casi, porque si le ganara, Brasil quedará por debajo de ellos.
Ahora hay que esperar. Bien Brasil, pero bien Haití que le dio partido y le empató la segunda parte, aunque más no sea para su ronda de buenos consuelos.
