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Transmisión del partido inaugural entre México y Sudáfrica en un bar de Shanghái, el 11 de junio. · Foto: Héctor Retamal / AFP

Transmisión del partido inaugural entre México y Sudáfrica en un bar de Shanghái, el 11 de junio.

Foto: Héctor Retamal / AFP

De la radio al 8K: el poder y el negocio de las pantallas en el Mundial

La televisación como herramienta que trasciende las tribunas.

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La evolución de la transmisión de la Copa Mundial de la FIFA es, en esencia, la historia de cómo la tecnología transformó un torneo deportivo en el evento mediático más grande del planeta y, por ende, en uno de los negocios más comercializables y valiosos por su enorme poder de reventa.

Lo que hoy damos por sentado —ver un partido en un teléfono en medio de la calle— es el resultado de siete décadas de innovaciones audaces que han convertido al espectador en un cliente global interconectado. En Uruguay se verán decenas de partidos y alguien podrá mirar en directo hasta 92 encuentros en 38 días (no podrá ver los 104 dado que las 12 jornadas finales de los grupos se jugarán en simultáneo) en todo tipo de pantallas.

Pero la primera vez que se pudo ver un partido mundialista sin estar allí fue en 1970, cuando Uruguay, en el debut de su grupo, le ganó 2-0 a Israel. Aquel año los canales de aire privados pasaron en blanco y negro cinco de los seis partidos, porque en uno de ellos no teníamos hora en el satélite. La primera vez que desde el Cerro a Bella Unión los uruguayos pudieron ver a la celeste en colores fue en el Mundial del 86, y todavía era mucha radio y cuanto partido se pudiera cazar.

La era de los 104 “Super Bowls”

En el Mundial de 2026 en Norteamérica (Estados Unidos, México y Canadá), las cifras son abrumadoras. Se proyecta que el torneo alcanzará una audiencia récord de 5.000 millones de personas, convirtiéndose en la transmisión más vista en la historia de la humanidad.

Con la expansión a 48 selecciones, la FIFA produce un total de 104 partidos, 104 unidades de negocio, una escala que su presidente ha comparado con organizar 104 Super Bowls en un mes.

Desde el punto de vista financiero, los derechos de televisación siguen siendo el motor económico de la FIFA. Para el ciclo 2023-2026 —el del Mundial desde el comienzo de las clasificatorias hasta la final— se ha presupuestado un ingreso de 4.264 millones de dólares solo por este concepto, un salto significativo respecto de los 3.426 millones generados en el ciclo de Qatar 2022. El remate de la faena está en estos 38 días en el Centro Internacional de Transmisión (IBC) en Dallas, con 45.000 metros cuadrados y más de 2.000 profesionales de medios para llevar la señal a cada rincón del mundo.

Pantallas, negocio y poder

México 70 fue, en definitiva, el laboratorio donde la televisión y la FIFA ensayaron el modelo de espectáculo total, pensado para ser vendido y consumido simultáneamente en todo el mundo, un formato que rige al fútbol hasta el día de hoy.

El Mundial de México 70 no fue solo un evento deportivo, sino el nacimiento del negocio del fútbol moderno, orquestado por el talento visionario de Emilio Azcárraga Milmo y su mano derecha, Guillermo Cañedo. Azcárraga entendió que el estadio Azteca no era solo una estructura de cemento, sino una “antena gigante” diseñada para hablarle al país y al mundo. Bajo su liderazgo, se utilizó una fórmula financiera audaz: la preventa de palcos por 90 años para costear la obra cuando el estadio era solo un dibujo. Además, Cañedo fue la pieza clave en la FIFA para que Telesistema Mexicano (hoy Televisa) adquiriera los derechos de transmisión, convirtiéndose en la primera empresa privada en la historia en lucrar y revender esos derechos a cadenas internacionales.

En el aspecto tecnológico, ese torneo representó un salto sin precedentes gracias al uso de satélites geoestacionarios, que al girar a la misma velocidad que la Tierra permitieron una señal continua y estable. Mientras que en mundiales anteriores como Chile 62 las grabaciones llegaban por avión con días de retraso, México 70 fue el primer Mundial que el planeta pudo ver en vivo y al mismo tiempo. Esta hazaña tecnológica fue posible porque el gobierno mexicano invirtió en la infraestructura necesaria, construyendo una estación terrestre de comunicación espacial que sirvió de respaldo fundamental para el éxito mediático del evento.

Desde el punto de vista político, el Mundial funcionó como un circo inmejorable para el régimen del PRI de Gustavo Díaz Ordaz, que buscaba proyectar una imagen positiva de estabilidad hacia el exterior tras la matanza de Tlatelolco en 1968. Los medios de comunicación jugaron un papel central al promover una unidad nacional acrítica, utilizando el fútbol para adormecer el descontento social y evitar que los movimientos estudiantiles resurgieran durante la Copa. Incluso existe la leyenda de que el partido contra Italia se movió de la capital a Toluca para evitar que las multitudes celebrando en el Ángel de la Independencia se convirtieran en una amenaza política.

Finalmente, el torneo consolidó el fútbol como un espectáculo de consumo global masivo. El fervor de la afición mexicana ayudó a crear una atmósfera inolvidable que la televisión exportó a cada rincón del planeta.

Hoy, esa dependencia de un solo satélite ha sido reemplazada por una red masiva de fibra óptica e internet de alta velocidad que permite que el Mundial se viva también en redes sociales como TikTok y YouTube, donde incluso se están transmitiendo los primeros minutos de los partidos para captar a las nuevas generaciones de aficionados.

Los inicios y el experimento europeo (1954)

El viaje comenzó en Suiza 1954. Fue el primer Mundial transmitido por televisión gracias a la recién creada red Eurovision. Aunque la tecnología era rudimentaria —imágenes en blanco y negro, muy baja resolución y cámaras fijas sin repeticiones—, el impacto fue inmediato: unos 500.000 europeos vieron la inolvidable final entre Alemania y Hungría, la mayoría en plazas públicas, ya que el televisor era un lujo.

La revolución del satélite y la llegada a América del Sur (1966-1970)

Durante años, el resto del mundo dependió de la radio o de los noticieros cinematográficos que llegaban a los cines semanas después. En el Mundial de Chile 1962, por ejemplo, las cintas de película todavía debían transportarse en avión para verse en Europa con días de retraso.

El gran cambio ocurrió con el lanzamiento del satélite Telstar 1, que permitió las primeras señales en tiempo real. Si bien en 1966 el fútbol se volvió global con transmisiones en vivo para muchos países y la introducción de la cámara lenta para algunas acciones, en América del Sur el acceso al vivo debió esperar un Mundial más. Recién en México 1970, y a través de un único satélite disponible para la región, los aficionados sudamericanos pudieron experimentar por primera vez la emoción del directo, y no todos.

Como dijimos, había un único satélite y entonces los tres países de la Confederación Sudamericana de Fútbol participantes en aquel torneo de 16 selecciones pudieron ver en directo sus encuentros cuando jugaban en horarios distintos, pero cuando jugaron en el mismo horario los tres —en cuartos de final, Uruguay–URSS y Brasil–Perú— no hubo ni sorteo ni valoración deportiva: directamente se privilegió el negocio y el poder y aquel domingo se vio en Brasil el triunfo sobre los peruanos, mientras los uruguayos debimos esperar para ver el cabezazo de Víctor Esparrago que nos puso en semifinales.

Aquel torneo también fue el primero transmitido íntegramente en color, lo que transformó la estética del deporte gracias al amarillo vibrante de Brasil y el verde de los campos mexicanos.

Antes de 1970, los primeros satélites como el Telstar 1, lanzado en 1962, no giraban al mismo ritmo que la Tierra. Esto provocaba que la señal solo funcionara por momentos intermitentes, cuando el satélite pasaba por la zona de cobertura necesaria. En 1970, la tecnología cambió con la órbita sincronizada: los satélites geoestacionarios se ubicaban en una órbita más lejana, pero giraban exactamente a la misma velocidad que la Tierra y generaban una señal continua y una transmisión en vivo ininterrumpida.

La transición digital y el dominio del streaming

La historia reciente está marcada por la digitalización:

  • 1998 (Francia): debut de internet como fuente de información y del formato panorámico 16:9.

  • 2002 (Corea/Japón): primera producción totalmente digital en la historia del torneo.

  • 2018 (Rusia): producción masiva en 4K UHD con HDR(Alto Rango Dinámico), utilizando 37 cámaras por partido.

  • 2022 (Qatar): el punto de quiebre donde el streaming rivalizó con la televisión tradicional. En mercados como China, el consumo digital representó casi el 50% de las horas de visualización globales.

En este momento, la Copa Mundial 2026 se está disputando como el evento mediático más grande de la historia de la humanidad, alcanzando a una audiencia global récord de cinco mil millones de personas.

Estamos presenciando la transmisión de 104 partidos producidos con una calidad inmersiva sin precedentes en resolución 4K y, en mercados seleccionados, hasta 8K. Cada estadio cuenta con un despliegue de unas 45 cámaras, incluyendo sistemas de 360°, drones de alta velocidad, cablecams y cámaras de ultra cámara lenta.

La inteligencia artificial es hoy una pieza central de la transmisión: mientras vemos los encuentros, la IA procesa automáticamente los momentos destacados y genera avatares 3D de los jugadores para que el VAR y los espectadores analicen los fueras de juego con una precisión visual total.

La experiencia actual permite una inmersión que antes era impensable, integrando tecnologías como la “vista del árbitro”, que permite ver imágenes estabilizadas por IA directamente desde cámaras montadas en el pecho de los jueces, lo que nos da una perspectiva de primera persona de la jugada.

El uso de Dolby Atmos y Dolby Vision está replicando en los hogares la sensación sonora y visual de estar físicamente dentro del estadio. También, a través de algunas plataformas digitales, hay usuarios que utilizan funciones de multiview para ver hasta cuatro partidos o ángulos de cámara de manera simultánea, personalizando su propia dirección del juego.