Arabia Saudita. Lunes 15 de junio, Hard Rock de Miami, 19.00. Hace tiempo la hoja de ruta de Uruguay lo tiene marcado con flúor en el calendario. Será el segundo partido por el grupo H, porque un rato antes se enfrentarán España y Cabo Verde. Puntos claves, como en todo debut mundialista. Pero antes, en la planificación, lo lógico: la radiografía de la selección saudí para saber cómo juega, dónde están sus puntos altos y los más flojos, qué jugadores hay que tener medidos por sus cualidades individuales; en suma, estudiar al rival para buscar la forma de ganarle.
Los halcones verdes llegan a su séptima copa del mundo. Antes estuvieron en Estados Unidos 1994, Francia 1998, Japón y Corea del Sur 2002, Alemania 2006, Rusia 2018 y Catar 2022. Si se piensa rápido, el último buen antecedente que tiene Arabia Saudita es la victoria 2-1 contra Argentina en el último mundial, justamente el que terminó ganando la albiceleste. Pero no es lo único: los árabes tuvieron cambio de entrenador -con todo lo que ello incluye, pero sobre todo con un cambio de táctica de juego- y llegan con varios amistosos, aunque con resultados dispares: una derrota, una victoria, un empate.
Los tres partidos fueron jugados en suelo norteamericano, por lo que se puede pensar que Arabia llega aclimatada en tiempo y circunstancia. Se trata de una selección con jugadores técnicamente buenos, pero no es un equipo pensado para ganar con pinceladas individuales o tener especialistas del uno contra uno. Todo lo contrario: orden táctico, mucho circuito colectivo con apoyos cercanos, ataques más bien pensados, estructurados.
El recuerdo de Qatar 2022 sigue funcionando como referencia, sobre todo por aquel triunfo contra Argentina en el arranque. Esperemos que la historia no se repita contra nosotros. Si vamos a lo empírico, el presente es distinto de plano, porque aquel equipo era comandado por el francés Hervé Renard, técnico con impronta de presión alta, tomar riesgos en ataque y una actitud más agresiva para jugar lejos de su arco. Pero esto ya fue, porque en la previa del Mundial el equipo cambió de entrenador y, tras la salida de Renard, llegó el griego Georgios Donis, un DT con un perfil más estructurado, táctico y, si se quiere, conservador.
Y esto no es menor para poder entender a la selección saudí que tenemos en el grupo. La apuesta de Donis es un 4-4-2 que en muchos momentos pasa a ser un 4-5-1 porque busca cerrarse, no dejar espacios, tener las líneas de defensas y volantes casi pegadas, donde los interiores basculan rápido hacia el lado de la pelota para cerrar líneas de pase; por delante queda una referencia fija y, a veces, un segundo punta que ayuda a tapar la primera salida rival.
Eso sí, como buen entrenador apegado al orden táctico defensivo, tiene como arma importante el contragolpe. Y ahí Uruguay debe tomar recaudos para los retrocesos luego de perder la pelota, sobre todo cuando los laterales queden arriba y el equipo no tenga cobertura por dentro.
La base del equipo está en la liga local. Rica, millonaria, y por eso con fuerte presencia de extranjeros en los clubes; extranjeros desde alta gama hasta calidad media, que si bien han hecho que la liga crezca -Al Hilal eliminó al Mancheter City y llegó a cuartos de final en el pasado Mundial de clubes-, el contrapeso es que le ha quitado espacio y competencia a los futbolistas saudíes. Más sencillo: el campeonato crece, los clubes se fortalecen, pero la selección no capitaliza ese desarrollo.
Entre los nombres más destacados aparece el de Salem Al-Dawsari, capitán, referente; el que le dio vuelta el partido a Argentina en Qatar 2022. El del Al-Hilal llega al Mundial con 34 años y juega como extremo por la izquierda o mediapunta, pero tiene libertad para cerrarse hacia dentro. Y atenti: si tiene espacio, le prende cartucho desde donde sea -y con buena puntería-.
También son buenos elementos Firas Al-Buraikan, la referencia ofensiva, un 9 que le gusta moverse -e ir al choque- entre los centrales, se ofrece para descargar y ataca los centros desde los costados; y el volante o carrilero por derecha, Saud Abdulhamid, uno de los pocos que juegan en el extranjero. A propósito, Abdulhamid fue buen elemento en el Lens francés, con quien salió campeón de la Copa de Francia y fue segundo de la Ligue 1 tras el PSG.
En los partidos de preparación previo al Mundial, Arabia Saudita alternó altos y bajos y dejó una imagen irregular. Perdió con Ecuador 2-1, goleó a Puerto Rico 3-0 y empató 0-0 con Senegal, secuencia de partidos que jugó en una semana y media. Antes, en la Fecha FIFA de marzo, perdió con Egipto (0-4) y Serbia (1-2). Lo que mostró fue un equipo parado en bloque bajo, con salida corta sólo si el rival no aprieta y, en general, predispuesto a saltar líneas con balones medios hacia los costados. La circulación fue medianamente prolija, pero de a ratos conservadora, donde prefieren asegurar el pase hacia los costados que ser verticales o filtrar entre líneas. Cuando pueden progresar, lo hacen casi siempre por las bandas. En contrapartida, se le vio cierta fragilidad cuando el rival acelera el ritmo y cambia el juego de un lado al otro; sobre todo, mostró dificultades para defender el juego aéreo.
Se viene el debut. Para Uruguay, la clave será que el partido se juegue a su ritmo, no al de Arabia. Si la celeste presiona alto, juega con buena circulación, cambia de frente con frecuencia y, sobre todo, obliga a los saudíes a correr hacia su propio arco, puede romper la estructura defensiva de los árabes para que aparezcan las ventajas. También deberá aprovechar el juego aéreo. La Arabia de Donis resistirá y esperará el error ajeno para salir disparado a buscar el gol. El riesgo para Uruguay puede estar en que, si abusa de atacar con demasiada gente por delante de la línea de la pelota y la pierde quedando mal parado, se expone a un rival que tiene la estructura ideal para castigar de contra a un equipo partido en dos.
Lo demás, como siempre, será ver quién se anima a romper el guion.
