Bélgica superó 4-1 a Estados Unidos, clasificó a cuartos de final y eliminó al equipo norteamericano, que tuvo una muy pobre labor. Bélgica fue superior de punta a punta y ahora deberá jugar ante España buscando un lugar en semifinales.
El partido comenzó con un claro predominio belga que, seguramente, estaba asentado en cosas que no tenían que ver con el juego en sí, sino que venían de antes, con la increíble limpieza de la sanción de Folarin Balogun a pedido de Trump y con la anuencia de Infantino. Realmente increíble e inconcebible. Así no hay forma de ser justos y ecuánimes en una competencia de tan alta importancia y nivel.
El gol tempranero de Charles De Ketelaere a los ocho minutos cayó como si el fútbol, en su pureza más elemental, les hubiera cobrado la avivada a los dueños del circo antes de que la gente se terminara de acomodar en los asientos del estadio.
La maniobra política para habilitar a Balogun en la previa de estos octavos de final rompió cualquier marco de equidad deportiva. De Ketelaere, que viene de ser figura en el Calcio, terminó transformándose en el brazo ejecutor de una justicia poética y futbolera que se hamaca sobre el césped de Seattle.
La fanfarronada abusiva de Trump, haciéndose el comisario del mundo y liberando a su estrella, la terminó pagando el propio colectivo estadounidense, que nunca pudo acomodarse como en otros partidos y, además, generó el rechazo de más de medio mundo.
Balogun lucía aislado, como si el peso de la trampa política le asfixiara los desmarques sobre el césped.
Hasta la pausa de hidratación comercial hubo un solo equipo en la cancha. Fue Bélgica, acompasado por más de medio mundo que quería ir contra la injusticia cometida a favor de sus rivales. El elenco belga no solo terminó ganando 1-0 ese primer cuarto de partido, sino que pudo haber hecho otro gol sin ninguna duda. Además, el elenco europeo perdió a Onana antes de los 20 minutos, por lo que debió hacer una variante impensada. Amadou Onana venía siendo el eje del equilibrio belga en el mediocampo y su salida prematura obligó a Rudi García a quemar los papeles temprano.
En el inicio del segundo cuarto, cuando Estados Unidos había repechado un poquito, llegó el empate norteamericano gracias a un gol de tiro libre de Malik Tillman, que fue desviado por la barrera belga y dejó totalmente fuera de lugar a su golero, Thibaut Courtois. Sin embargo, apenas un minuto después, con la misma receta de desborde por la izquierda y definición en el área chica, llegó el segundo gol de Bélgica. Otra vez anotado por el autor del primer gol, De Ketelaere, y siendo nuevamente Leandro Trossard su asistidor.
Estados Unidos salió para el segundo tiempo con el ímpetu de quien quiere empatar el juego, pero, como sabemos, muchísimas veces con eso no da ni para empezar. De todas maneras, el elenco de Pochettino se posicionó mejor en el campo de juego, cargando sobre la parte de la defensa belga que se paró bien y rechazó todo cuanto era necesario.
Y a los ocho minutos llegó el tercero de Bélgica en una gran burrada de la defensa estadounidense, que dejó que De Ketelaere corriera una pelota larga sin referencia. El arquero Matt Freese salió, la paró con el pecho —estuvo bien—, pero después se enredó con la pelota y la perdió con el belga, que la jugó para Hans Vanaken, quien ingresó en la primera parte, y con un remate recto al arco marcó el tercero sin que la defensa lo pudiera evitar.
Para el final todavía quedaba el gol de Romelu Lukaku, que giró con toda su humanidad sobre sí mismo en el área y la cruzó anotando el cuarto gol de Bélgica ya en los descuentos.
Aplastante derrota de Estados Unidos, que ya no podrá desde la Casa Blanca pedir que ignoren la derrota y la congelen por cuatro años para seguir jugando en el Mundial.
