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Mikel Merino en el Dallas Stadium, el 6 de julio. · Foto: Thomas Coex, AFP

Mikel Merino en el Dallas Stadium, el 6 de julio.

Foto: Thomas Coex, AFP

España ganó en la hora y se metió en cuartos de final del Mundial

Cuando el partido se iba, un cambio que hizo el entrenador les dio la llave del gol a los españoles.

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España avanzó a los cuartos de final del Mundial con un gol cuando empezaba a aparecer el alargue. La roja venció 1-0 a Portugal gracias a Mikel Merino, que apareció en la hora para resolver un partido tan parejo como anunciado. Fue un golazo, una maravilla de la técnica, con pases finísimos y una pelota filtrada donde todos dormían, menos Merino. El vasco quedó de macho contra el arquero, abrió el pie zurdo y la clavó abajo al primer palo –gesto de gran rapidez mental, porque la jugada parecía pedir tiro cruzado y a eso se había jugado el arquero–.

Durante buena parte del juego el guion respondió a lo que se esperaba de ambas selecciones. España buscó adueñarse de la pelota, amasar posesiones largas y generar superioridades desde el mediocampo, mientras Portugal alternó momentos de presión alta con fases de bloque medio, esperando el error para salir rápido. Los primeros minutos fueron, incluso, más lusos que españoles, porque el equipo de Roberto Martínez ensanchó el campo con sus extremos y obligó a la defensa española.

Con el paso de los minutos España fue encontrando el punto. La línea de volantes ajustó, el equipo empezó a recuperar más arriba y los laterales Marc Cucurella y Pedro Porro se animaron a proyectarse con continuidad. No fue una avalancha de ocasiones, pero sí una sensación de que el equipo de Luis de la Fuente estaba más cerca del gol que su rival.

La tensión creció con el paso del segundo tiempo, pero el marcador se negaba a cambiar. Ahí, en ese terreno de máxima igualdad, apareció Merino. El mediocampista, que sabe de hacer goles decisivos con la selección, volvió a ocupar el área como un falso 9, atacando el espacio que dejaba una defensa portuguesa más preocupada por el primer palo que por el tiempo que empezaba a acabarse. Lo dejaron solo y Merino facturó con sabiduría.

Iban 91 minutos, quedaban cinco o seis de los que había añadido el juez. El cierre se jugó entre la desesperación de Portugal y el intento de España por administrar la ventaja sin retroceder demasiado. Portugal, obligado, sacó el orgullo, tiró pelotas al área y apuró cada balón parado, pero no encontró el tiro que necesitaba para igualar.