Con un gol de penal de Kylian Mbappé, a partir de un penal cobrado por el llamado del VAR, Francia venció este sábado de forma ajustada a Paraguay 1-0 y se metió entre los ocho mejores del campeonato. El equipo europeo fue superior durante todo el partido, pero me quedan dudas si lo hubiese ganado sin ese penal.
Paraguay aguantó todo lo que pudo con una estrategia de contener a su rival con todos sus hombres cerca del área, y eso le salió hasta que cobraron el penal. Lo otro, lo que casi no pudo intentar cuando defendía y lo que debió intentar cuando estaba perdiendo, el ataque, no le salió, porque además, con el 0-1, ya no tuvo en la cancha a Julio César Enciso ni a Miguel Almirón.
El triunfo coloca a Francia en la próxima fase, en los cuartos de final, y ahora deberá enfrentar a Marruecos. Paraguay, por su parte, se vuelve a casa con la frente en alto.
Terminal de colectivos
Tanto en Paraguay como en Argentina a los ómnibus se les llama colectivo. Así, con el colectivo de unas cuantas líneas delante del arquero Orlando Gill, jugó el elenco guaraní el partido. La vieja, válida y conocida propuesta de aguantar el partido cuanto se pudiera y estirarlo sin diferencia –o con mínima– hasta el final, para buscarle la vuelta de alguna manera.
Seguramente en los mundiales del siglo XXI pocas veces se ha visto lo que sucedió en este partido entre Paraguay y Francia. La disposición estratégica de los paraguayos, que consistió en agrupar a todos sus futbolistas contra su propia área, hizo que los albirrojos recién lograran pasar de campo con la pelota dominada, a través de una pelota quieta desde el círculo central, cuando iban 12 minutos de juego. Todo el tiempo transcurrido antes de eso se jugó en campo albirrojo, con los franceses intentando infructuosamente encontrar algún espacio por donde pasar la pelota.
El 5-4-1 con que Gustavo Alfaro paró a su equipo no dejaba resquicios para trazos largos de los franceses, que, tocando en corto, apenas si podían encontrar algún huequito para poner a prueba al joven y ahora cotizado golero Gill.
La cuestión es que hasta la pausa de hidratación comercial los paraguayos pudieron llegar 0-0 y con el partido sin complicaciones. El tema era seguir adelante y ver qué era lo que podía pasar. Si Francia cejaba en su esfuerzo y quedaba atrapada en la maraña de piernas guaraníes, o si los franceses conseguían meter alguna bocha muy fina que traspasara todas esas barreras y pudiera poner en peligro el arco de Gill.
Volviendo de ese corte en el que las televisoras venden publicidad, se sustanció el real primer ataque paraguayo, que si bien terminó en un remate desviado, mostró que la albirroja también podía llegar a atacar. Como contra Alemania, hubo otro enorme partido de Enciso, solo frente a toda la zaga francesa, desgastándose en el cuerpo a cuerpo y yendo a todas.
Gustavo Caballero, de Francia y Manu Kone, de Paraguay, el 4 de julio en Filadelfia.
Foto: Charly Triballeau, AFP
Así también se juega
Vecinos de la visualización del partido, con otra forma de ver las cosas, se sorprendían y no creían posible que hubiera una propuesta así. Los sudamericanos –en particular nosotros, los uruguayos– tenemos los ojos entrenados para este tipo de propuestas y sabemos cuán complejo es poder terminar el trabajo tal como estaba planeado.
Todo se saldó con el pitazo del juez mandando a los equipos al descanso. Francia se fue masticando bronca con un 74% de posesión estéril, chocando contra el frontón de Alfaro. Paraguay, fiel a su historia, se fue al vestuario con el overol puesto, sabiendo que la mitad del milagro ya estaba edificada sobre el barro de Filadelfia.
El segundo tiempo empezó igual que el primero, aunque con la variable de que la gran presión sobre el arco de Paraguay tuvo esta vez una válvula de liberación: un córner que consiguió Almirón a los 4 minutos. Y ya sabemos que un córner para los paraguayos es casi un penal. Con el libreto de Alfaro, la pelota quieta no es un recurso secundario: era la única hendidura por donde este equipo pretendía herir al gigante europeo.
La jugada tuvo un desenlace de segunda pelota para el elenco guaraní, pero después llegó a manos del arquero francés, que puso un pase larguísimo para Mbappé, que se metió al área y, de no ser por un corte de Cáceres, hubiera llegado el primero.
Otra vez en tiro de esquina volvió a garronear Francia. Ousmane Dembélé se fue paralelo a la línea final sacando un remate, pero también chocó contra Gill y un par de zagueros paraguayos. Francia empezó a utilizar otros recursos, como el remate de larga distancia, que en el primer tiempo solo había utilizado Adrien Rabiot, y, Gill sacó al córner, de manera excepcional, un gran tiro de Manu Koné.
Fue nuevamente intensa la presencia francesa sobre el arco paraguayo en los diez minutos iniciales del complemento. Otra vez le sucedió al elenco guaraní, que a los 15 minutos del segundo tiempo perdió a su crack: Enciso no daba más.
En su lugar entró Gustavo Caballero. Apenas un par de minutos antes había ingresado José María Canale, el futbolista de Lanús, por Omar Alderete, quien salió lesionado. Estuviera quien estuviera en la cancha, los paraguayos se seguían fajando, barriéndose en la defensa, generando cierres y pegando dedazos cuando había que pegarlos. Pero el riesgo de la presencia permanente de casi toda Francia cerca de su área seguía repitiéndose.
A los 20 minutos, un penalito que no había sido cobrado en el momento del juego terminó siendo validado en la revisión del VAR. Justo cuando Paraguay había tenido un contraataque de Almirón, quien después de que los franceses perdieron la pelota en el área paraguaya había arrancado de punta a punta. El penal lo pateó muy bien Mbappé, que abrió el marcador, pero también abrió el partido.
De inmediato, el director técnico de Paraguay hizo dos variantes ofensivas: hizo entrar al brasileño paraguayo Maurício y al grandote Gabriel Ávalos. Desde ese momento no se jugó más que un par de minutos hasta la pausa de hidratación; luego se armó un entrevero, seguramente porque Mbappé y algún otro compañero habían hecho algunas señas tras el gol.
A la vuelta de la pausa siguió fuerte el partido, y las intentonas paraguayas no pasaron de llevar la pelota más allá del círculo central y tratar de generar alguna pelota aérea para buscar la heroica.
Paraguay lo intentó y lo hizo bien. Bien para lo que podía. Cuando Francia recuperaba la pelota, le arrimaba la ropa al cuerpo. Lo intentó y lo siguió intentando Paraguay, pero sin éxito, con algunos ollazos que no resultaron.
Francia ganó con lo justo, a pesar de que jugó mucho más que el rival, y aún no sé qué hubiera pasado si el VAR no intervenía para cobrar el penal que fue la llave del partido. Ahora deberá cruzarse con Marruecos para ver cuál de los dos es semifinalista. En el Mundial de Qatar 2022 también se cruzaron, pero en aquel caso fue en semifinales.
