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Harry Kane y Jude Bellingham, de Inglaterra, festejan el primer gol contra México, el 5 de julio, en el estadio Azteca. · Foto: Carl de Souza, AFP

Harry Kane y Jude Bellingham, de Inglaterra, festejan el primer gol contra México, el 5 de julio, en el estadio Azteca.

Foto: Carl de Souza, AFP

No se pudo: México cayó con Inglaterra 3-2 en atrapante partido

Para los mexicanos doblemente se terminó el Mundial, los ingleses avanzaron a cuartos de final.

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Inglaterra derrotó 3-2 a México ante un estadio Azteca rebosante de público y de esta manera dio el paso para quedar entre los ocho mejores y jugará los cuartos de final.

Fue un partido maravilloso, donde los locales fueron todo el tiempo por la gloria, pero un par de errores y un sólido rival les impidió llegar al sexto juego.

Inglaterra fue dominado en todo el primer tiempo pero increíblemente en un minuto consiguió dos goles de Jude Bellinghan y tomó una distancia inesperada que después le permitió tener el crédito durante el resto del partido. Casi de inmediato descontó Julián Quiñones para los mexicanos que en ese mismo primer tiempo debieron haber empatado, pero se fueron en desventaja. El segundo tiempo fue una maravilla con una catarata de emociones, goles y sensaciones. Harry Kane puso el 3-1 de penal y Raúl Jiménez el 2-3 también desde los 12 pasos.

Una final del mundo

Esta sensación de final del mundo ya se estableció desde el mismo día. La inmensidad de cemento y luz se te viene encima, pero abajo, donde la pelota pica y los hombres corren, el drama sigue siendo el mismo de siempre. Desde lo alto de la tribuna, el fútbol se despoja de los rostros y se convierte en una coreografía de camisetas que buscan un destino común, rodeadas por una marea verde que late y sufre en cada avance. El grito baja desde las bandejas superiores como un trueno sordo, un eco que envuelve el verde césped y que transforma el juego en una cuestión puramente colectiva, casi una asamblea popular donde se debate la suerte de la tarde.

El hincha, de espaldas a la lente y de cara al destino, contempla el tablero verde como quien mira el patio del liceo o la esquina del barrio donde se jugaba la vida en cada picado. No importan los kilómetros de distancia ni el gigantismo del escenario; al final del día, el fútbol se reduce a esa tensión dramática, a ese instante suspendido donde un pase entre líneas puede quebrar la resistencia del antagonista o transformarse en un mazazo directo al corazón de la tribuna.

México arrancó con todo, de manera de hacerle sentir a los ingleses el presunto déficit que podrían tener por la altura. Jugando la pelota en corto, intentando encontrar el pase justo ante cualquier hueco que dejaran los ingleses, generando faltas de amarilla como la del inicio mismo del partido y llevando desubicados oles propios de la tribuna, cuando el partido está sin goles y no han corrido más que ocho o diez minutos de juego.

Pisando fuerte

México fue el dominador del primer cuarto de hora. A Inglaterra le costó muchísimo encontrarse con el partido y el elenco azteca desgastó a su rival, que intentaba presionar sin éxito.

A los 15, un centro desde la derecha encontró una palomita de Jiménez maravillosa, que iba al gol de no ser por la volada de Jordan Pickford, que la sacó al córner. El primer gran aviso.

El corte de hidratación comercial sirvió para confirmar que México avanzaba, estaba en buen camino, y una demostración de que podía aunque el rival fuera de tantos quilates como Inglaterra. El Tri volvió después de tomar agua con la misma receta, haciendo circular la pelota, buscando que lo presionaran y allí sí ya dio clara sensación de que Inglaterra, desacomodada y llegando a destiempo, podía estar sintiendo la altura.

Montaña rusa

Pero después vino la montaña rusa. A veces la desgracia puede estar ahí, a la vuelta de la esquina, e increíblemente, en un minuto cuando Inglaterra no había atacado, te hizo dos goles. Una jugada mal defendida de atrás, centro, cabeza y gol de Bellingham a los 37 minutos. Sacó México, otro error defensivo a los 38 y otra vez gol de Bellingham. El partido se ponía 2-0 y quedaba la duda de si México había quedado tambaleando con ese minuto. Pero para nada; el estadio rugió como un volcán, el equipo local llevó el partido al 2-1 con el descuento de Quiñones a los 42, y México no lo empató solo por las grandes atajadas de Pickford antes de llegar al entretiempo.

México salió con todo pero dejó muchos espacios, y eso hizo que, por ejemplo, Inglaterra haya estado a nada del tercer gol, cuando un remate de Bellingham fue contenido por el arquero mexicano y después dio en el palo.

A los ocho del complemento, a instancias del VAR, fue expulsado Jarell Quansah por una falta temeraria. Pero solo un par de minutos después, otra enorme falla defensiva terminó en penal que Kane cambió por gol. Y después del 3-1, otra vez la locura mexicana yendo con todo, buscando todo, hasta que otra vez a través del VAR fue señalado el penal con el que Jiménez puso el 2-3 y dejó todo vivo. De ahí a la pausa en un santiamén, para abrirnos el último cuarto del partido con el estadio encendido y rugiendo que se podía. Una locura como México puso a Inglaterra literalmente contra su arco. Un córner atrás de otro. El equipo de Javier Aguirre hizo valer su hombre de más y llevó el juego de banda a banda hasta encontrar el lugar vacío.

Buscó, buscó y no encontró. Pudo y debió, pero no. Que lástima.