Thomas Silva lo hizo de nuevo. Tras haber ganado dos carreras seguidas en dos días a fines de julio, el fernandino apareció con una nueva victoria.
El del Astana llegó a la Arctic Race de Noruega como uno de los nombres a seguir y, luego de tres etapas, demuestra que está para ganar. En la etapa reina, la tercera, con final en el ascenso al Storheia —una subida bautizada como el “Mont Ventoux noruego” con sus últimos 3,4 kilómetros al 10,8% de pendiente—, Silva atacó a todos sus rivales directos y terminó vistiéndose de líder.
La clasificación general quedó muestra que el uruguayo marcha primero con un tiempo de 11 horas 31 minutos 7 segundos, escoltado por el belga Lennert Van Eetvelt (Lotto, su rival directo) a 10 segundos y el italiano Alessandro Pinarello (NSN) a 21. Detrás, un pelotón de aspirantes —Dhondt, Engelhardt, Berwick, Bonnet, Poels, Delbove y Christen— completa un top diez que no supera el minuto de diferencia con el líder.
La definición llegará este domingo, en la cuarta y última etapa, que se correrá entre Sortland y Narvik; será la etapa más larga y con mayor desnivel acumulado de las cuatro. El trazado tendrá sus buenos repechos, Kåringen (2,9 km al 4,5%), Balteskaret (2,1 km al 7,3%) y Skoddebergvatnet (1 km al 8,1%), para luego entrar en Narvik por un circuito urbano sinuoso antes de la subida decisiva al Narvikfjellet, la estación de esquí de las afueras de la ciudad (2,3 a 2,8 kilómetros a un promedio de entre 8% y 8,6%), una trepada corta y explosiva, aunque más cercano al perfil de un clasicómano que al de un escalador puro.
Ahí Silva se juega todo. El fernandino tiene buena diferencia de tiempo a favor, pero también hay que tener en cuenta el desgaste acumulado de cuatro días de carrera. Será clave resistir el ataque de Van Eetvelt o de Pinarello, que son los dos que llegaron a Noruega para ganar la competencia. Si Silva gana, le dará a Uruguay una victoria histórica en una carrera europea. Una más.
