Los resultados de 2025

Según los datos del Banco Central del Uruguay (BCU), la economía creció 1,8% durante el año pasado, moderando así el ritmo de expansión con respecto a 2024 (3,3%), acercándose a niveles cercanos a su crecimiento potencial (2,1%) y situándose por debajo de lo previsto en el presupuesto (2,6%).

Sin embargo, detrás de ese promedio coexisten múltiples realidades. En ese sentido, desde una mirada sectorial, la actividad se caracterizó por una amplia heterogeneidad, con el agro (2,3%), la industria manufacturera (6,2%) y los servicios financieros (4,2%) expandiéndose por encima de ese guarismo. En contraposición, el sector de energía eléctrica, gas y agua (EGA) y la construcción cayeron 3,1% y 2,5%, respectivamente. Otros sectores de actividad, como transporte, almacenamiento, información y comunicaciones, además de la administración pública, se estancaron (0,3% y -0,1%, respectivamente), mientras que los restantes exhibieron tasas de expansión que oscilan entre 1,9% (comercio y alojamiento) y 0,7% (salud, educación y otros servicios).

Desde la óptica de la demanda, el crecimiento estuvo impulsado por el mayor consumo de los hogares (2%), del gobierno (1,8%) y por las exportaciones de bienes y servicios (1,9%), que alcanzaron un máximo histórico este año. En contra jugaron las importaciones, que crecieron 4,1% y dejaron un saldo externo neto negativo. La inversión, por su parte, se expandió moderadamente (0,3%).

La desaceleración durante el segundo semestre

Durante el segundo semestre, la economía absorbió tres shocks de oferta: la sequía, la rotura de la boya petrolera y las paradas técnicas de las plantas de celulosa. En ese marco, el indicador mensual de actividad económica (IMAE) había adelantado que la economía no había crecido –en términos desestacionalizados– durante el segundo semestre y, de hecho, anticipaba una “recesión técnica” (dado que la variación trimestral fue negativa durante el tercer y cuarto trimestre).

Sin embargo, las cifras del PIB marcaron que, tras la caída del tercer trimestre, la actividad creció 0,1% durante los últimos tres meses del año. No obstante, en términos interanuales, la economía pasó de crecer a tasas del 4% durante el primer trimestre a ubicarse apenas 0,1% por encima del nivel observado en el cuarto trimestre de 2024. Esto confirma un escenario de desaceleración, en línea con lo observado a nivel regional entre los países del Cono Sur.

Foto del artículo 'Gráfico de la semana | La economía uruguaya: balance y perspectivas'

Del análisis de los diferentes sectores de actividad surge que el enfriamiento registrado durante la segunda mitad del año pasado estuvo concentrado en el sector agropecuario, la construcción, la energía, el transporte, las actividades profesionales y la administración pública, que se ubicaron por debajo de los umbrales correspondientes a 2024.

Indicadores complementarios

Extendiendo el abordaje más allá de las Cuentas Nacionales, son varios los indicadores que refuerzan este diagnóstico de estancamiento, destacándose las exportaciones de bienes, la recaudación del IVA, la menor generación de energía eléctrica, la baja de la faena de vacunos y la moderación de la tasa de empleo. Sin embargo, hay otro conjunto de indicadores que apuntan en sentido contrario, como las importaciones de maquinaría, el crecimiento del crédito bancario, la mejora sostenida del salario real, el aumento de los puestos cotizantes en el BPS, las mayores ventas de autos 0 km y de combustibles (nafta y gasoil). En definitiva, este recorrido confirma la realidad dispar que atraviesan los distintos sectores de actividad.

Por otra parte, si bien las noticias destacaron el cierre de empresas y/o la reducción del número de empleados, los datos del INE indican que durante el segundo semestre del año nacieron más nuevas empresas de las que cerraron su operativa. En efecto, y complementando con los datos del BPS, durante 2025 creció el número de empresas de todos los tamaños, salvo las empresas que tienen entre uno y cuatro dependientes, las que decrecieron levemente (0,6%).

De esta forma, si bien la actividad se estancó durante la segunda mitad del año, no se trató de una caída generalizada. Por el contrario, la batería de datos analizados pone de relieve el carácter heterogéneo de la dinámica económica reciente, más allá de que, en el promedio, la inercia que viene desde 2025 hacia este año es negativa.

El panorama para este año

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De cara a este año, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) había proyectado en el presupuesto un crecimiento de 2,2%. Sin embargo, a la luz de los recientes acontecimientos en medio oriente, y del menor dinamismo observado durante el año pasado, el titular de la cartera, Gabriel Oddone, anunció que están evaluando revisar a la baja esa estimación.

Al respecto, el Comité de Expertos y los analistas privados consultados por el BCU ya anticipan niveles de crecimiento por debajo de la proyección oficial vigente (1,8% y 1,6%, respectivamente). Según el Comité que asesora al MEF, la economía irá “de menos a más” durante este año, pasando de un ritmo del 1,5% interanual durante la primera mitad a una velocidad del 2% durante la segunda. No obstante, esas estimaciones seguramente continúen ajustándose a la baja, producto de los cambios en el escenario mundial (que no parece mejorar en el corto plazo) y de algunos factores locales que se podrían agravar, como por ejemplo el déficit hídrico.

Sin embargo, también existen factores que podrían operar en el sentido opuesto, favoreciendo el nivel de actividad hacia adelante. Entre otros, este sería el caso de la entrada en vigor del acuerdo comercial provisorio con la Unión Europea, que reduciría los costos para el sector exportador y mejoraría las condiciones de entrada a ese mercado. En la misma dirección operaría la puesta en marcha de la nueva zona franca en Maldonado, a lo que se sumaría el anuncio de la instalación del Parque Tecnológico Regional Norte en Rivera como polo binacional de innovación en inteligencia artificial.

A su vez, la instancia expansiva de la política monetaria también favorecería el dinamismo de la actividad, operando sobre el consumo, la inversión y, en menor medida, sobre las exportaciones (dado que genera condiciones más favorables a una eventual depreciación de la moneda, que podría reforzar el proceso de fortalecimiento global que está experimentando el dólar producto del conflicto bélico).

Finalmente, el ministro de Economía anunció que se seguirán desplegando medidas para aumentar la competitividad de la economía, como las que ya fueron anunciadas durante la semana pasada. En ese sentido, indicó que el 31 de mayo está prevista la presentación de la Ley de Competencia e Innovación, una herramienta diseñada para afrontar esta problemática e impulsar al sector exportador –reduciendo tiempos, costos financieros y trabas operativas asociados al comercio exterior–.

En síntesis, si bien la economía se desaceleró y las proyecciones para este año se deterioran (lo que profundizaría el desvío observado durante el año pasado), el resultado final dependerá de cómo evolucionen estos factores, en un contexto donde la incertidumbre externa seguirá siendo inusitadamente alta. De esto dependen las innovaciones fiscales que puedan ser introducidas en el marco de la próxima Rendición de Cuentas, principalmente por el lado del gasto (como ya anticipó Oddone en entrevista con este medio).

Joaquín Pascal, Centro de Estudios Etcétera.