Hace algunos meses se publicaron dos interesantes notas en esta sección, “Vivir en la incertidumbre” y “Progresividad fiscal y desigualdad”. Mientras las leía no percibí que estaban vinculadas, pero luego encontré que sí. Esta nota aborda ese vínculo a través de un diálogo. Tomás cree en las certezas, en los 180 grados de un triángulo y en la respuesta lineal de los mercados. Sofía, en cambio, cree que en todo análisis pueden existir dimensiones ocultas; que en la economía existe un equivalente al principio de incertidumbre de Heisenberg. Este diálogo es una invitación a revisar las certezas que le dan forma al lente con el que vemos la realidad.
Sofía (S): ¿Qué tienen en común estas dos afirmaciones? Los ángulos interiores de un triángulo suman 180 grados, por un lado, y a mayor presión tributaria (o anuncios de), menor la inversión, por el otro.
Tomás (T): Que las dos son ciertas.
S: No. Lo que tienen en común es que ninguna de las dos es necesariamente cierta. Todo depende del mapa que uses para mirar el territorio.
T: Discrepo. Desde Euclides sabemos que la suma de los ángulos de un triángulo es siempre 180 grados. Es una verdad absoluta.
S: No necesariamente; depende del contexto, del mapa. En Planilandia –ese mundo de dos dimensiones de la novela de Abbott–1 la afirmación es correcta. Pero basta añadir una tercera dimensión para que deje de serlo. En la novela, cuando un ser superior, lord Esfera, se muestra ante los habitantes del plano, ellos son incapaces de percibirlo. Solo ven círculos que se ensanchan y se encogen, secciones de la esfera atravesando su realidad.
T: No termino de entender a dónde vas.
S: A que una cosa es la geometría plana euclidiana, que reinó solitaria durante 2.500 años, y otra son las geometrías no euclidianas del siglo XX, entre las que se encuentra la esférica. De esta surge que la suma de los ángulos de un triángulo sobre la superficie de una esfera es siempre mayor a 180 grados.
T: ¿Decís que existe un efecto mariposa al incorporar una dimensión en el análisis?
S: Exacto. Agregar una dimensión al análisis –darle volumen– puede cambiar las conclusiones. La física cambió radicalmente cuando incorporó al espacio la dimensión tiempo. Borges lo resumió mejor que nadie: “Rehusar la cuarta dimensión es limitar el mundo; afirmarla es enriquecerlo. Mediante la tercera dimensión, un punto encarcelado en un círculo puede huir sin tocar la circunferencia. Mediante la cuarta dimensión, la no imaginable, un hombre encarcelado podría salir sin atravesar el techo, el piso o los muros”.2
T: ¿Se puede demostrar que la suma de los ángulos de un triángulo sobre una esfera es mayor a 180 grados?
S: Sí, puede demostrarse, pero podría también esgrimirse en defensa de su validez que estamos frente a un ejemplo de un enunciado indecidible del que nos habla el principio de incompletitud de Godel. Como sucede con la conjetura de Collatz, podría decirte que no tengo pruebas, pero tampoco dudas.
T: ¿Cómo?
S: Imaginemos a un juez ante dos sospechosos. Sabe que uno es culpable; existe una verdad, pero no tiene pruebas suficientes para conocerla. El juez puede optar entonces por condenar al sospechoso con mayor probabilidad de ser el culpable.
T: Pero la ciencia no se basa en probabilidades, sino en la presencia de causalidad determinista del tipo: si sucede A, entonces pasará B. Si caliento agua a 100 grados, hierve. Si suelto un objeto, cae con una aceleración de 9,8 m/s². Estos son ejemplos de verdades científicas.
S: Esas verdades son parciales. Solo son estrictamente ciertas en condiciones ideales de laboratorio. El agua salada hierve a más de 100 grados. Si sueltas una pluma, la resistencia del aire hará que no acelere a 9,8 m/s². Esos son los valores que a falta de otras variables explicativas (calor y gravedad) tienen la mayor probabilidad de ocurrencia.
T: Yo creo que el azar, la falta de certeza, es solo el nombre que le damos a nuestra ignorancia. Como decía Albert Einstein, “Dios no juega a los dados”.
S: En cambio, Henri Poincaré distingue una perspectiva ingenua y una perspectiva madura de la ciencia. En la perspectiva ingenua, dice, existe una firme creencia en la certeza y la perfección de las deducciones para descubrir la verdadera naturaleza de las cosas. Por el contrario, la concepción madura de la ciencia es una postura menos entusiasta que reconoce el importante papel que tienen las hipótesis en la ciencia. “Para un observador superficial, la verdad científica está fuera del alcance de la duda; la lógica de la ciencia es infalible y, si los científicos se equivocan a veces, es por haber ignorado sus reglas”.3
T: En suma, me estás diciendo dudo luego existo.
S: No exactamente. En el mundo de las partículas, sabemos a partir del principio de incertidumbre de Heisenberg, que no es posible conocer con la precisión deseada tanto su posición como su velocidad. Cuanta más precisión se pretende acerca de la posición, menor precisión se alcanza en la velocidad (y viceversa). La posición y velocidad de las partículas solamente se puede conocer en términos de probabilidades.
T: Muy interesante, pero no has dicho nada de la segunda afirmación, la que relacionaba impuestos e inversión. Una cosa es la geometría y la física y otra la economía.
S: Coincido. Sin embargo, la economía lleva décadas intentando imitar los pasos de la física.
T: ¿Y ha tenido éxito?
S: Como advirtió Richard Feynman, premio nobel de física, “las ciencias sociales son un ejemplo de una ciencia que no es ciencia. Ellos no lo hacen científicamente. Siguen las formas, reúnen datos, pero no han encontrado ninguna ley aún, tal vez algún día lo hagan. Yo veo cómo recogen su información, y no puedo creer que ellos no saben que no han hecho el trabajo necesario, con el cuidado necesario”.4
T: No des más vueltas que no sos trompo. Si bien me convenciste de que la suma de los ángulos de un triángulo puede no ser 180 grados, sigo pensando que es correcto afirmar que, a mayor presión tributaria, o ante anuncios de su aumento, la inversión será menor. Me parece que deberíamos explicitar el modelo económico en el que estamos pensando para explicar la inversión, dado que existen diferentes enfoques. Algunos son de inspiración macroeconómica, como la teoría del acelerador, el de la demanda efectiva o el de la “Q” de Tobin, y otros de carácter microeconómico, basados en que las decisiones de inversión en el sistema capitalista se definen por la búsqueda de rentabilidad; a mayor rentabilidad, mayor será la inversión de los capitalistas. Si aumenta la presión tributaria que recae sobre las empresas, su rentabilidad disminuirá; si existen anuncios de aumentos impositivos, la rentabilidad esperada será la que caerá. En uno y otro caso las inversiones disminuirán.
S: Cuidado, no vayas tan rápido con el razonamiento. Para un capitalista, una inversión es conveniente si su rentabilidad es mayor que la que obtendría invirtiendo en la mejor de las alternativas que tiene a su alcance; no es el valor absoluto de la rentabilidad el determinante de la decisión de inversión, sino el valor relativo resultante de comparar este con el de la mejor alternativa. Por ejemplo, si un proyecto de inversión tiene una rentabilidad de 6%, y la mejor alternativa es 4%, es económicamente rentable. Si por la razón que sea, la rentabilidad del proyecto se reduce a 5%, mientras que la de la mejor alternativa se mantiene en 4%, el proyecto seguirá siendo rentable. Además, hay que tener en cuenta que cuando se analiza el impacto de un impuesto se suele cometer el error de centrar la discusión exclusivamente en el valor nominal de su tasa.
T: ¿Por qué decís que eso es un error?
S: Considerar solo la tasa del impuesto implica ignorar la posible existencia de tratamientos tributarios favorables. En el caso de Uruguay, la rentabilidad de las empresas se ve favorecida, digamos subsidiada, por más de 2.000 millones de dólares al año, producto de renuncias fiscales asociadas al impuesto a la renta de la actividad económica y al impuesto al patrimonio.
T: ¿A qué te referís?
S: A que del informe sobre gasto tributario del Ministerio de Economía surge que el valor total de las renuncias fiscales representaba el 6,6% del PIB, y de este monto el 51,5% beneficia a las empresas (3,4% del PIB). Cabe agregar que el monto total de fondos públicos que favorece la rentabilidad de las empresas podría ser aún mayor, ya que el informe mencionado solo considera impuestos, quedando fuera de su alcance las renuncias fiscales vinculadas a los aportes a la seguridad social.
T: No te olvides del papel que Keynes asignaba a los animals spirits. Deberías tener en cuenta que tan solo poner en el debate la posibilidad de cambios tributarios puede generar incertidumbre, lo que afectaría negativamente las inversiones y las decisiones de consumo, particularmente la de bienes duraderos. En momentos en los que crecer es la prioridad de la política económica, lo que se requiere es generar la mayor certidumbre posible.
S: No te equivoques. Yo valoro la certidumbre y comparto que, en la búsqueda de maximizar la rentabilidad esperada que caracteriza a la empresa capitalista, existe un compromiso de objetivos entre incertidumbre y rentabilidad. Dicho de otra forma: al reducir la incertidumbre, se reduce también la rentabilidad exigida por el inversor, lo que genera mejores condiciones para que exista inversión privada.
T: ¿Entonces?
S: Te recuerdo que, si bien en el vacío una pluma cae con una aceleración de 9,8 m/s², en la realidad no sucede eso. No alcanza con considerar solamente la gravedad para explicar su caída. De igual manera, no basta con considerar solamente la incertidumbre para explicar la inversión. Por otra parte, hay que tener en cuenta que existen dos tipos de incertidumbre, la que puede generar la política económica y la institucional, y solo la primera estaría siendo afectada por los anuncios. Por otro lado, la evidencia muestra que existen diferencias importantes entre países en lo referente al impacto negativo que puede tener la incertidumbre en la inversión, dependiendo, entre otras cosas, de la calidad institucional del país.
T: Insisto, me parece que estás cometiendo un error al minimizar la incidencia negativa que tiene la incertidumbre que se genera cada vez que se discuten cambios tributarios. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
S: Veamos entonces la realidad. Analicemos qué sucedió con la reforma tributaria de 2007, que no fue un cambio tributario menor.
T: Te escucho con atención, aunque la historia no tiene por qué repetirse. No voy a aceptar sin más extrapolar al presente lo sucedido en el pasado.
S: Comparto, hay que tener cuidado con el pensamiento inductivo para sacar conclusiones de teoría económica. Pero, no obstante, también hay que tenerlo con el razonamiento deductivo; los modelos basados en la praxeología no están exentos de cuestionamientos.5 Las construcciones teóricas resultantes de modelos económicos teóricos que ponen en el centro al Homo economicus también deben ser tomadas con suma precaución. Las premisas que se desprenden, tanto de la inducción como de la deducción, sirven para no caminar a ciegas, pero hay que estar atentos para no cometer el error de confundir el mapa con el territorio.
T: Bueno, pero ¿qué tenías para decirme acerca de la reforma tributaria de 2007?
S: Que en los años previos se pronosticaba que, como consecuencia de la reforma, en particular de la implementación del impuesto a la renta de las personas físicas, disminuirían las inversiones privadas, los depósitos bancarios, el consumo privado y la oferta de trabajo. Basta revisar la prensa de aquellos años para encontrar estos pronósticos, aunque con el diario del lunes podemos afirmar que eso no ocurrió. De hecho, aumentaron. Según dicen que escribió Descartes, “mi vida estuvo llena de desgracias, muchas de las cuales jamás sucedieron”.
T: ¿Y qué impacto tuvo el anuncio de la reforma en la incertidumbre?
S: Dada la importancia que se le asigna al impacto negativo de la incertidumbre sobre los animal spirits, te traje este gráfico para que mires. En breve, utilizando dos fuentes de información diferentes, muestra que la incertidumbre en los años previos a la reforma no sufrió casi modificaciones.6 El incremento se da cuando comienza la crisis financiera de 2008, con la caída de Lehman Brothers. En 2009, el PIB cayó 2,6% en Estados Unidos, 3,4% en la OCDE y 2,3% en América Latina. En cambio, a pesar del crecimiento significativo del índice de incertidumbre en Uruguay, el PIB creció 4,2%. Los cambios de la reforma parece que se comportaron como el vuelo de un búho, que tiene la particularidad de no generar ruido.7
T: Debo admitir que los datos de la reforma de 2007 y la estabilidad del índice de incertidumbre desafían la linealidad de mi razonamiento inicial.
S: Puedo incorporar, como elemento adicional, lo que está sucediendo actualmente. Por un lado, tenemos la propuesta del 1%, consistente en gravar los patrimonios mayores al millón de dólares. Como principal argumento en su contra, se sostiene que genera incertidumbre en momentos en que la política económica apuesta a la captación de inversiones. Por otro lado, en la ley de presupuesto se aprobaron cambios tributarios, considerados por algunos como equivalentes a la suma de tres 1%. Ante semejante cambio tributario, ¿no debería haber ardido Troya?
T: Me parece que te estás negando a ver la importancia que tiene mantener un buen clima de negocios. De tu análisis no se desprende algo tan simple como que a mayor presión tributaria, menor será la rentabilidad de las empresas. Empiezo a darme cuenta de que estamos repitiendo los argumentos.
S: Dejame plantearte un argumento diferente. Podría estar de acuerdo en que un anuncio de mayor presión tributaria genere incertidumbre y, como consecuencia, si todo lo demás se mantiene incambiado (ceteris paribus), una reducción del valor del equivalente cierto de las inversiones. Y, en consecuencia, también una reducción de estas. No obstante, la validez de la afirmación reposa en ignorar los efectos positivos derivados de aumentar la presión tributaria; depende del ceteris paribus. Por eso, una adecuada evaluación debería tener en cuenta tanto los costos como los beneficios. De no ser así, toda decisión que involucre algún costo sería considerada negativa.
T: ¿En qué beneficios estás pensando?
S: En varios. En un contexto de fuerte restricción fiscal y serias vulnerabilidades socioeconómicas, el valor social de cada peso recaudado es particularmente elevado. Si bien la existencia de una brecha entre la necesidad de fondos públicos y su disponibilidad es habitual, en la actualidad se presenta con particular severidad. Por ejemplo, destinar 30 millones de dólares a hogares pobres con al menos un menor de 0 a 3 años abatiría la tasa de pobreza en esa franja etaria en 2,4 puntos, pasando del 30% al 27,6%.
Además, la existencia de fondos públicos adicionales permitiría financiar inversiones públicas complementarias de la inversión privada. Otro posible beneficio sería destinarlos a reducir la desigualdad. Esto implicaría, si las preferencias sociales muestran aversión a esta, un aumento en el bienestar social.
A su vez, disminuir la desigualdad podría impactar positivamente en el crecimiento económico. Un estudio del FMI establece que “la desigualdad del ingreso es perjudicial para el crecimiento (...); si en un país los ricos se enriquecen un punto porcentual, eso reduce el crecimiento del PIB del país a lo largo de los cinco años siguientes 0,08 puntos porcentuales, mientras que si los pobres y la clase media se enriquecen un punto porcentual, eso puede elevar crecimiento del PIB hasta 0,38 puntos porcentuales. Dicho de forma sencilla, al elevar los ingresos de los pobres y la clase media puede ayudar a mejorar las perspectivas de crecimiento para todos”.8
No obstante, debo reconocerte que la existencia de un desfasaje temporal entre el momento en que se generan los costos y los beneficios puede hacer que estos últimos sean subestimados, particularmente si existe una preferencia temporal fuerte por el presente, o si la materialización de los beneficios traspasa el período del ciclo electoral.
T: Te estoy señalando la luna y mirás el dedo.
S: Lo miro para asegurarme de que no existe un sesgo en el razonamiento. Si tu dedo está desviado, nunca podré ver la luna.
T: Puede ser que tengas razón. Quizás estaba intentando analizar un fenómeno de múltiples dimensiones con la mentalidad de un habitante de Planilandia. El volumen de la realidad puede terminar curvando las certezas.
S: Quizás la pregunta que no nos hicimos y que nos deberíamos hacer es quién gana y quién pierde por la acción u omisión de la política tributaria.
T: No dudo de la pertinencia de la pregunta, pero sí de la validez de la posible respuesta. Sabemos que la teoría económica asume que se valoran más las pérdidas que las ganancias, que en el reino de los Homo economicus la aversión al riesgo es rey. Pero no conocemos cuánto más es que son valoradas las pérdidas. En el límite, con ese marco de referencia, no es inverosímil que solo estas sean valoradas.
S: Exacto. Al final del día, la parte más segura de nuestro conocimiento presente es saber qué es lo que no podemos saber. Quien fuera economista jefe del Banco Mundial dijo una vez que “los expertos saben que la gente no sabe que lo que ellos saben es menos de lo que se piensa que saben”.
Este diálogo se está haciendo muy largo y quedaron temas pendientes. Quizás en otro momento podamos seguir. Solo me queda realizar la invitación a enriquecer nuestro mapa para no quedar encarcelados en un círculo de tiza, para poder descubrir que lord Esfera tiene volumen y para considerar que el único límite para nuestra comprensión del mañana serán nuestras dudas del presente. Espero que sean muchos los dispuestos a revisar sus certezas, sabiendo que no será en vano, porque, como dice el dicho popular, lo que no mata fortalece.
Carlos Grau Pérez, economista, investigador del Cinve, docente universitario, máster en Economía por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.
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Planilandia: una novela de muchas dimensiones, Abbott Edwin. ↩
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Borges y la matemática, Guillermo Martínez, Seix Barral. ↩
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La Science et l´Hypothese, Henri Poincaré, Bibliotheque de Philosophie Scientifique. ↩
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Pérez Oviedo, W (2023): De Newton a Nash: la influencia de la física y la matemática en la economía. SciELO Books. Flacso Ecuador. ↩
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Caldwell, B (1984): Praxeology and its critics: an appraisal. History of Political Economy: 16:3. Duke University Press. ↩
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Lanzilotta, B, Merlo, G, Mordecki, G y Umpierrez, V (2023): Undestanding Uncertainty Shocks in Uruguay Trough VAR Modeling. Journal of Business Cycle Research. Ahir, H, Bloom, N y Furceri, D (2022): The World Uncertainty Index, NBER. ↩
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Las plumas de los búhos están adaptadas evolutivamente para romper el aire y absorber el sonido, lo que les permite cazar por sorpresa y escuchar a sus presas mientras vuelan. Se atribuye a Jean-Baptiste Colbert, ministro de Finanzas del rey Luis XIV de Francia, la siguiente frase: “El arte de la recaudación de impuestos consiste en desplumar al ganso de forma que se obtenga la mayor cantidad de plumas con el menor ruido posible”. ↩
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Dabla-Norris, E, Kochhar K y Tsounta, E (2015): El arma secreta del crecimiento: los pobres y la clase media. FMI blog. Ideas y análisis sobre economía y finanzas. ↩
