No cabía un alfiler aquella noche en el salón del tercer piso de la Facultad de Ingeniería. 50 años atrás, el rector Oscar Maggiolo presentaba en público el Plan que llevaría su nombre, por invitación de la Agrupación Reforma Universitaria, mi hogar durante la militancia estudiantil. Cuando se supo que el Plan existía, Rafael Guarga propuso esa invitación en el seno de la Agrupación que semana a semana discutía los más variados asuntos de la universidad, el país y más allá. Esa noche la región se hizo presente por medio de grandes exiliados acogidos en la Universidad de la República. Uno era Manuel Sadosky, vicedecano de la Facultad de Ciencias de Buenos Aires asaltada por la dictadura de Juan Carlos Onganía y futuro secretario de Ciencia y Técnica cuando la democracia volvió para quedarse en Argentina. Otro era Darcy Ribeiro, expulsado por la dictadura brasileña de la Universidad de Brasilia que él fundara.

En Uruguay Ribeiro escribió La universidad latinoamericana, que puede verse como la fundamentación histórica y teórica de proyectos concretos de cambio, como el Plan Maggiolo. Su prefacio, redactado por el propio Maggiolo, empieza diciendo: “En el otoño de 1967 inauguramos, en nombre de la Universidad de la República, el Seminario sobre Estructura Universitaria.” Esta era una de sus preocupaciones centrales. “Nuestra Universidad se encuentra en este sentido en una situación crítica. Es, posiblemente, una de las universidades que conserva una estructura más arcaica”, diagnosticaba en el mismo texto, y sostenía: “Esencialmente es ella con conglomerado de facultades”. Así, como “Documento base para discutir una política para el quinquenio 1968-1972”, presentó en julio de 1967 el Plan de Reestructura de la Universidad.

Las conmemoraciones deberían combinar ante todo rendiciones de cuentas y miradas al futuro. Las personas y las propuestas son hijas de su tiempo. Importa, por supuesto, analizarlas, con debida atención a su contexto. No menos importante es analizar la evolución de los problemas a los que intentaron dar respuesta y, sobre todo, lo que para afrontarlos se ha hecho desde entonces. Probablemente, más relevante aun es orientar el intercambio de ideas hacia el futuro, en lo cual Sadosky, Ribeiro y Maggiolo fueron maestros, en sus países y en los caminos del exilio, que en buena medida recorrieron juntos. En ese entendido, aprecio poder contribuir a la serie dedicada al Plan Maggiolo por la diaria, que es garantía tanto de pluralismo como de vocación por el porvenir.

En la primavera de la vida, hablan las intenciones. En el otoño, corresponde ceder la palabra a los hechos y a los combates librados, perdidos o ganados. Afrontar la problemática planteada por Maggiolo, aprendiendo de lo intentado desde entonces y aprovechando lo efectivamente logrado, fue uno de los varios propósitos de la Reforma Universitaria impulsada en la Universidad de la República entre 2006 y 2014. Para avanzar en esa dirección se presentó a la Asamblea General del Claustro, al cumplirse en octubre de 2008 50 años de la aprobación de la Ley Orgánica, un documento de trabajo para su actualización.

Entre las nueve líneas de trabajo a largo plazo para la Reforma Universitaria definidas por el Consejo Directivo Central en noviembre de 2007, la cuarta se denominaba “transformación de la estructura académica”. Tras años de esfuerzos, en junio de 2013 el mismo Consejo aprobó un documento general de balance y perspectivas que, en relación a esa cuestión, afirma que la Universidad “ha puesto en marcha un proceso de transformación de su estructura académica, particularmente a través de la creación de Servicios de nuevo tipo como los Centros Universitarios Regionales y la expansión del papel de las Áreas, que actualmente son tres: 1) Salud, 2) Social y Artística, 3) Tecnologías y Ciencias de la Naturaleza y del Hábitat. En ese marco ha robustecido actividades interdisciplinarias preexistentes y puesto en marcha otras que incluyen innovaciones institucionales, una de las cuales es la creación del Espacio Interdisciplinario de la Universidad de la República.”

Esos cambios, si valen, se defenderán por sí mismos. Confiemos en que sus méritos y deméritos sean discutidos con altura de miras y atención a todos los enfoques relevantes. Ello es imprescindible para reverdecer la vocación transformadora que Maggiolo encarnó. Sus preocupaciones apuntaban a grandes problemas nacionales que, en su mayor parte, siguen pendientes. En especial, su Plan afirmaba: “La formación de profesores normalistas y de enseñanza media debe realizarse al nivel superior, de modo que los alumnos estudien en los propios centros y con las mismas personas que realizan la tarea de investigación”. Esa tarea puede realizarse bajo diferentes formatos institucionales. Requiere de la colaboración de Administración Nacional de Educación Pública y la Universidad de la República (Udelar) desde el mutuo respeto. A fines de 2008, cuando se discutía la Ley de Educación, la Udelar le propuso al Parlamento un proyecto, jurídicamente factible, de creación de un Programa de Formación en Educación. Apuntaba a la construcción paso a paso, académica e institucional, de una institución universitaria con autonomía, cogobierno y adecuado nivel. Seguramente puede haber soluciones mejores, pero si este proyecto hubiera sido adoptado, además de la Universidad Tecnológica ya tendríamos otra nueva institución de enseñanza terciaria pública. La necesidad de crearlas –modificando una posición tradicional– constituyó uno de los consensos que sustentaron en marzo de 2007 el inicio de un intento reformador en la Udelar.

Sea como sea, hay que arriesgar y acelerar. De lo contrario, se nos escapará la ocasión de avanzar hacia el desarrollo integral basado en la educación y el conocimiento, que esa persona realista que fue Maggiolo consideraba viable. Aquella noche de hace 50 años, desde su Universidad, el país rodeado de dictaduras miraba al futuro. Hoy, en esa tarea otra vez urge redoblar.