“La propuesta curricular que se dio a conocer estos días nos plantea varias interrogantes y zonas de preocupación por las decisiones adoptadas sobre los contenidos históricos”, aseguró a través de un comunicado la Comisión Directiva de la Asociación Uruguaya de Historiadores (Audhi). La afirmación remite a los cambios introducidos por el Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) en las versiones preliminares de los programas de Historia, que se implementarán en 2023 en la instalación de la reforma educativa.

Dentro de los aspectos generadores de “interrogantes” y “preocupación”, en primera instancia está “el recorte de aspectos teórico-metodológicos que, aunque son enunciados, no parecen incorporarse en el desarrollo de los contenidos ni en las orientaciones bibliográficas de los programas”. 

Asimismo, remarcaron la preocupación de “ausencia de contenidos”, así como “la invisibilización de sujetos históricos o el recorte de elementos clave de los contextos históricos”. Tal es el ejemplo de “la omisión de referencias a la trata de personas esclavizadas o la participación de la población afrodescendiente en la historia política, económica, social y cultural del país”. 

En un segundo lugar, denunciaron una “falta de actualización de la bibliografía sugerida en los distintos programas, tanto por la ausencia de historiadores ampliamente reconocidos a nivel mundial, como de la historiografía regional o uruguaya”. Según la asociación, “no aparecen las contribuciones fundamentales o los trabajos más recientes en los campos históricos investigados”. 

Por otro lado, subrayaron “muy especialmente” que en los programas preliminares existe una “confusión entre historia, memoria y testimonio”: “Existen variadas formas de conocimiento del pasado en circulación, el estudiante debería contar con las herramientas para reconocerlas y diferenciar aquel saber construido de acuerdo con las reglas de la disciplina académica”, argumentaron. 

Otro de los puntos esgrimidos por Audhi es la afirmación de que “el desarrollo de la historia académica se construye a partir de estándares de la más alta rigurosidad, respetando todos los puntos de vista y buscando la confrontación de argumentos” y, por tanto, “pensar un programa implica una actualización bibliográfica y conceptual permanente”.

En ese marco, resaltaron que presentar los acontecimientos como una “‘verdad histórica’ parte de un desconocimiento total de las bases de la disciplina, que busca comprender y no juzgar”. En relación, recordaron que conjuntamente historiadores y docentes de educación terciaria, media y primaria trabajan desde hace tiempo “para integrar la enseñanza de la historia con la producción historiográfica local, regional y global. Más que cortar de raíz un proceso colectivo de diálogo entre historiadores y docentes, es necesario profundizarlo”. 

“Los cambios en los modos de hacer historia, los nuevos objetos de estudio y el uso de nuevas fuentes para el conocimiento se han ampliado considerablemente y todo ello tiene una derivación en el trabajo del aula en todos los niveles. Por eso, la didáctica de la historia se renueva constantemente”, sentenciaron. 

En última instancia, la asociación respaldó a sus asociados, en el entendido de que “con metodologías de abordaje distintas, enfoques variados y áreas de estudio muy amplias defienden el oficio, cultivan el campo, trabajan colectivamente y muestran preocupación por construir conocimiento de calidad, base de cualquier transformación educativa”.