“Tenés 15 minutos”, le dijo la secretaria del entonces presidente de la República, Tabaré Vázquez, a Miguel Brechner un día de noviembre de 2006. El motivo de la reunión era una idea que desde hacía meses rondaba la cabeza del presidente del LATU, que a fines de 2005 había leído al también ingeniero Nicholas Negroponte, quien lejos de estas latitudes estaba diseñando una computadora para niños a un costo de 100 dólares, muy bajo para la época. En 14 minutos y medio, Vázquez quedó convencido: “Lo hacemos”, le dijo, y a partir de ahí empezaron las reuniones en el gobierno uruguayo para implementar una idea que era muy ambiciosa, en una época en la que redes sociales como Facebook o Youtube tenían unos pocos millones de usuarios.

Cuando a principios de 2006 Brechner se convenció de que en Uruguay podía entregarse una computadora a cada niño de la educación pública, el primer integrante del gobierno en conocer la idea fue el ministro de Industria, Energía y Minería, Jorge Lepra. “Estudialo”, le indicó. Así lo hizo, y después de insistir durante meses logró que el Instituto Tecnológico de Massachusetts ‒más conocido como MIT‒ donde trabajaba Negroponte, enviara a David Cavallo para evaluar si Uruguay tenía condiciones para un plan de esas características. Al principio no estaban convencidos ya que entendían que debía aplicarse en países donde al menos se pudieran entregar un millón de computadoras. Cavallo y Brechner coincidían en su gusto por la tecnología, pero esa no fue la única coincidencia que lo hizo posible. Al igual que Brechner, a Cavallo también le gustaba salir a correr. “Salí dos o tres días a correr largo con él, hasta que lo convencí de hacer una prueba en Uruguay”, recuerda el entonces presidente del LATU, pese a que todavía no tenía autorización de ningún superior. Semanas después, Negroponte estuvo en Uruguay y se avanzó en la idea hasta que quedó pronta para ser presentada ante el presidente de la República

El 10 de mayo, el Plan Ceibal cumple 15 años, ya que ese mismo día pero de 2007 comenzó un piloto de 200 máquinas en Villa Cardal, departamento de Florida. la diaria habló con Brechner, quien fue presidente de Plan Ceibal desde su creación hasta que el Frente Amplio (FA) dejó el gobierno, en 2020. “Al principio, todo el mundo pensaba que era humo”, recuerda, pero finalmente se convirtió en un programa de referencia en el mundo, por el que ha intercambiado con autoridades y especialistas de diversos países del mundo. Para ello, entiende que fue clave la implementación de la idea y la convicción de Vázquez, quien consideraba que el anuncio de su aplicación fue el más importante de su mandato.

A veces ocurre que las grandes ideas quedan descartadas por errores de la implementación, ¿cuáles fueron las claves del éxito en los inicios?

Cuando tuve el OK del presidente busqué gente para trabajar en eso. Ahí traje a Miguel Mariatti, que fue clave en el proyecto, y en el LATU estaba trabajando Fiorella Haim, y ahí la arrimamos. Era una patriada desde el punto de vista tecnológico y de la época.

En Uruguay sobran las buenas ideas, faltan las implementaciones. La gente valora más las ideas que la implementación. Al venir del mundo de la ingeniería, a esa altura de mi vida ya había hecho proyectos muy importantes, con fecha límite. Uruguay tiene un problema de implementación gigante. Cuando ponés gente que nunca implementó a dirigir a una organización que tiene que implementar, se te complica. Las implementaciones fracasan porque no se analiza bien el problema. En el primer gobierno de Tabaré había mucha gente que venía de implementar cosas, por eso se hizo tanto.

¿Por qué se implementó a través de una agencia independiente del sistema educativo?

Todo el mundo me dice que nos “bypasseamos” al sistema, que lo hicimos por el costado, pero si querés entregar una computadora a cada niño, que fue por lo que empezó el plan ‒había que entregar 300.000 computadoras entre diciembre de 2007 y diciembre de 2009‒, ¿por qué lo tiene que hacer la educación? ¿Por qué le vamos a poner ese estrés a una organización para algo que no es su cometido? Un error que tiene Uruguay es que cada organización tiene todo adentro, la educación tiene un departamento de arquitectura, de esto, de lo otro. Vinieron el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial a ofrecernos consultores. ¿Consultores en qué? ¿Alguien lo había hecho? “Vamos a equivocarnos nosotros”, dijimos. Era lógico que había que hacerlo en una organización que tuviera agilidad y para eso el LATU era espectacular, pero sin duda tenía que estar involucrado el sistema educativo. Teníamos una mesa en la que había representantes de Primaria, de Secundaria, de la ANEP [Administración Nacional de Educación Pública], estaba el director de Educación del MEC [Ministerio de Educación y Cultura], Ida Holz y José Clastornik de la Agesic [Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento], había gente de Antel.

Hoy en día está cantado que una organización innovadora tiene que estar por fuera, en las organizaciones grandes es muy difícil generar innovación. Para eso tenés que tener agilidad, no tener miedo al fracaso. Vos hacés cosas, te equivocás y las corregís, y así nos pasó a nosotros.

Una vez aprobada la idea, ¿siempre tuvieron recursos suficientes para desarrollarla?

Primero conseguimos 200 máquinas para hacer el piloto en Villa Cardal. Se hizo un decreto por el que se fijaba el Plan Ceibal y obviamente iba a haber un presupuesto, pero estaba claro que para el presidente era un proyecto fundamental. El presupuesto de Ceibal siempre ha sido importante, pero si lo dividís entre la cantidad de beneficiarios, hasta que yo me fui, el presupuesto era del entorno de 100 dólares por niño por año, lo que incluía la computadora, internet, las plataformas, los libros, el inglés. Estás hablando de 300 pesos por mes. En el mundo se han sorprendido de que lo logramos hacer por ese monto.

Has señalado que a través de esta política se pudo acortar la brecha en conectividad, ¿fue el mayor logro de este programa?

Conectividad y dispositivos, las dos cosas. En 2006 la brecha [de acceso a una computadora] era de 9 a 1 entre el quintil más rico y el más pobre. Después de 2009 o 2010, en las edades de primaria y enseñanza media no había brecha. El Plan Ceibal evolucionó, pero una de las virtudes más grandes es que resolvió problemas. Quizás por la mentalidad que uno tiene; en vez de discutir todo, vamos a resolver. El primer problema que se resolvió fue el del acceso y la equidad, y no lo puede discutir nadie. Tener un celular no es lo mismo que tener un computador o una tablet, son cosas distintas. El mejor dispositivo es la computadora, pero a veces por razones presupuestales tenés que adaptarte y entran las tablets. Ceibal resolvió el tema de los libros. En la escuela pública no te daban los libros, tenías que comprarlos. Hoy todos los chiquilines de la educación pública tienen sus libros y sus textos. Ahora, se necesitan abuelos y padres que les lean a los niños, pero eso es parte de la sociedad, no podemos pedir que todo lo hagan los maestros.

También resolvió el tema del inglés: en la escuela pública uruguaya sólo 30% de los niños tenía maestro de inglés, más o menos. Con un método sumamente innovador, tener en videoconferencia a un docente [de apoyo], se logró que todos los niños en Uruguay puedan aprender inglés. O el 97%, para que nadie diga que hay [escuelas] rurales [donde no está ese mecanismo]. Ceibal en inglés fue una revolución. Y así puedo seguir. Había que hacer robótica, se enganchó pila de gente con eso. Hoy estás haciendo pensamiento computacional, creo que hay 35.000 o 40.000 chiquilines haciéndolo. Es muy importante tener a alguien que empuja, coordinado con ANEP, con Primaria, y si algo funciona se generaliza para todo el mundo.

En una segunda etapa se empezaron a gestar actividades educativas, además de la entrega de equipos, ¿cómo se fue gestando?

La primera etapa fue puramente tecnológica, más allá de que decidimos que íbamos a tener un repositorio de contenidos que se iban a subir. En 2011 invitamos a Michael Fullan, que es un referente mundial de educación, a que viniera a hacernos una crítica. Nos hizo un informe muy bueno, con puntos que tomamos. Ahí empezamos con las plataformas: la de matemática, robótica y otra serie de cosas. Después de 2014, cuando se armó la Red Global de Aprendizajes, ya era mucho más profundo. La tecnología nos ayuda a acelerar pedagogías, en la enseñanza de competencias, nos planteamos cómo hacer que la tecnología sea transparente y una herramienta fundamental para hacer proyectos. Ceibal fue integrándose más con la ANEP y los subsistemas.

Durante los tres gobiernos del FA hubo dos presidentes, pero siempre seguiste al frente de Plan Ceibal, ¿el proyecto bajó el ritmo en algún momento?

En los tres períodos tuve todo el apoyo. Sé que alguna gente estaba atrás de hacer algo con Ceibal, pero Tabaré y Pepe [Mujica] decidieron mantenerlo como estaba. Ceibal nunca tuvo que ir a pedirle al presidente que destrabara algo; no lo hice nunca en los 13 años. Obviamente, Ceibal era el hijo de Tabaré. Tiene dos papás [se ríe]. Pero Pepe sentía una gran admiración por lo que estábamos haciendo. Si querés, tuvimos más diferencias dependiendo de quién estaba en Secundaria o en UTU o en la ANEP, hubo momentos mejores y peores en estos 15 años, porque ahí sí cambiaron tres o cuatro veces los directores. En 2010 se aprobó una ley de creación de Ceibal, con un directorio con alguien de la ANEP, del MEC, del Poder Ejecutivo y del Ministerio de Economía y Finanzas, eso se cambió en la ley de urgente consideración [LUC]. En el directorio nunca votamos dividido y teníamos un órgano asesor con el que nos reuníamos una vez cada 20 días, que era el director de Primaria, el de Secundaria, el de UTU, el de formación docente y el presidente de la ANEP. Discutíamos las cosas grandes, porque necesitás el OK de los actores para que se implementen, y nunca votamos dividido.

A diferencia de otras políticas, en las que Uruguay mira qué hacen otros países, con Ceibal ocurrió al revés. ¿A cuántos países recibiste en esos 13 años?

Todos los que quieras. De América Latina vinieron de Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Venezuela, Colombia, de todos lados. A Ceibal lo invitaron a donde te imagines para que les explicáramos. Cuando le decías a la gente que tenemos fibra óptica en todas las escuelas, te miraban sorprendidos. Que Antel fuera una compañía pública también ayudó mucho, porque el plan de fibra óptica por suerte se hizo. Tuvimos una negociación larga con Antel hasta que acordamos precios que eran razonables para ambos y desplegamos fibra óptica en todo el país para Ceibal.

¿Cómo fue la inserción de Uruguay en la Red Global de Aprendizajes, que implicó el relacionamiento de muchos centros educativos con otros países?

Fue increíble. Los países que arrancaron la red eran todos mucho más avanzados que nosotros, pero no hubo drama. Los chiquilines de Tacuarembó se juntaban con los de Canadá, y en el fondo la red es uno de los caminos de transformación, porque trabaja y piensa de una manera distinta, está validado por los directores y docentes; es una metodología nueva. La red es una buena manera de implementar cambios en el sistema educativo. El hecho de que haya países tan diferentes también fortalece a los docentes, ver que lo están haciendo de forma similar a lo que se hace en Finlandia, Australia o Nueva Zelanda. En un evento estaba Pasi Sahlberg [especialista de Finlandia], un tipo de primera línea, y en un momento se juntaban distintos países y tenían que hacerse preguntas. Les preguntamos a ellos cómo hacían para que no hubiera tanta repetición y que todos terminaran el ciclo escolar. Ellos nos preguntaron cómo hicimos para entregarles dispositivos a todos los estudiantes. Ceibal nos permitió conocer gente y que gente nos conociera.

Miguel Brechner.

Miguel Brechner.

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En los últimos años han egresado estudiantes de la educación obligatoria que hicieron todo su trayecto con Plan Ceibal, ¿qué impacto tiene eso?

Este año las facultades de ingeniería tuvieron récord de inscriptos [según informó El Observador]. No fue por Ceibal, pero seguramente tuvo algo que ver. Ceibal democratizó el acceso a la tecnología y que a la gente le guste. Cada año, durante varios años, había uno, dos o tres chiquilines uruguayos que eran los mejores programadores de Google. No me cabe la menor duda de que a mucha gente le movió y le abrió la cabeza. Tenés 550.000 usuarios que hacen cosas, en un mundo en el que cada vez más la computación es el eje central del mañana. El futuro de Uruguay es un país tecnológico, donde más gente haga tecnología y que tenga mejores laburos. Un amigo me dijo que en este momento la única herramienta de movilidad social en Uruguay es trabajar en tecnología. Lamentablemente, creo que la educación hoy no es una herramienta de movilidad social. En el mundo tampoco lo es, la tecnología sí. Eso lo ven los pibes.

Quizás la llegada de los dispositivos de Plan Ceibal tuvo una importante repercusión en zonas alejadas de grandes ciudades, principalmente en el interior.

Un día un chiquilín de un pueblo remoto del interior nos mandó una carta diciendo que a ese pueblo no llegaba nada y que no podía creer que algún día iba a llegar una computadora para él. Y le llegó, obviamente. Siempre miramos a los de arriba, el pedacito de la élite, pero es brutal. Al plantearnos llegar a todos, tuvimos que resolver el problema de los niños sordos, ciegos y con discapacidad motriz. Hicimos trabajos con la fundación Teletón, con la Facultad de Ingeniería para resolverlo. Después lo damos todo por hecho, Uruguay es así. Así como todo el mundo cree que salir campeón mundial es posible cada cuatro años.

¿Qué hubiera sido de Uruguay en la pandemia sin un programa tan desarrollado como Ceibal?

Yo sé lo que fue la pandemia en los países en los que no había Ceibal, porque trabajé en varios lados, asesoré y hablé con gente. Las personas no tenían cómo comunicarse, hay lugares donde hacían las clases por televisión. No tenían ni siquiera SMS para retorno. ¿Cómo hacés el seguimiento? Acá Ceibal permitió usar las plataformas, se multiplicó por tres o cuatro veces su uso, Ceibal permitió hacer Zoom y también que la plataforma Crea fuera muy usada. Obviamente, se tuvo que aumentar una cantidad de infraestructura porque no estaba diseñada para que hubiera una pandemia y todo el mundo se conectara. Pero el músculo de Ceibal fue suficientemente bueno como para responder muy bien.

El actual gobierno ha criticado el uso que se hacía de los dispositivos de Plan Ceibal. En efecto, el ministro Pablo da Silveira dijo que era una Ferrari guardada a la que se sacaba a dar una vuelta manzana. ¿Qué opinión te merece?

El comentario del ministro me pareció muy desafortunado. Entiendo que la mala calidad de la política uruguaya hace decir cosas a gente que en el ámbit privado no diría. No lo digo sólo por ese comentario. ¿Qué es mucho o poco uso? ¿Ahora pospandemia se usa igual que en la pandemia? La educación es algo integral, hay que hacer parte remoto, parte presencial, parte con computadoras, con cartón, con lapicera. ¿Dos horas por día es mucho? ¿Dos horas por semana? La tecnología tiene que estar disponible, esto no es una unidad de productividad que tiene que sacar cinco chorizos cada hora. ¿Por qué tenemos que saber cuánta gente usó qué cosa? Ojalá la usen lo más posible, pero la tecnología tiene que estar disponible y facilitar los aprendizajes. Hubo muchas críticas que son parte de una forma de hacer política en Uruguay, que nunca voy a entender. No entiendo por qué cada uno que viene tiene que decir que él hace todo bien y que los de atrás hicieron todo mal. 

A nivel político, en cada elección, todos decían que iban a mejorar Ceibal, no que lo iban a cerrar, y bienvenido sea. Este gobierno sacó en la Rendición de Cuentas un artículo que dice que Ceibal es la agencia de innovación en tecnología, me parece bárbaro, ojalá se profundice y se siga innovando. 

El presidente de Plan Ceibal dijo en una entrevista en Desayunos informales que ahora las plataformas se están usando cuatro veces más que antes de la pandemia.

Depende de qué es uso. A mí me encanta que esté todo mejor, no voy a entrar en esa discusión. Lo que tenemos que ver es en qué se avanzó. ¿Se avanzó en mejor uso y en mejores plataformas? Bárbaro. El mundo es así, cuando me fui de Ceibal dije que los legados se miden cuando uno se va, no cuando uno está. Habiendo sido fundador y alma máter, estoy feliz de ver que las cosas se siguen haciendo. Como país no veo la necesidad de estar todo el día compitiendo para ver qué estoy haciendo mejor que el anterior para justificarme. Las instituciones tienen que crecer y consolidarse. La democracia es así, pero Uruguay tiene una necesidad refundacional y de no reconocer. Me impresiona que nadie reconozca. El que está antes tiene que haber hecho cosas bien, Uruguay se construyó por blancos, colorados y frenteamplistas que hicieron cosas, algunos mejores que otros, algunos la macanearon, pero en todos lados hay que rescatar. 

¿Cuándo en Uruguay alguien va a reconocer el sistema de salud que se dejó armado o la infraestructura tecnológica? Porque trabajar remoto sin infraestructura tecnológica no se puede. A este gobierno, en particular, le cuesta más que a otros, pero antes también. Antel es lo que es porque hubo 15 años de este Antel y hubo otros 15 años de otros Antel, que fueron creciendo. ¿Qué se pierde reconociendo? Donde sí hacemos la política correcta es en el exterior, ahí presentamos a Uruguay con cosas del pasado, pero acá tenemos que estar peleando. Es política menor y hay demasiado de ella en Uruguay.

¿Cómo valorás la institucionalidad educativa en Uruguay y la facilidad para impulsar cambios en ese marco?

Este diseño institucional tiene demasiados años. La ley de educación de 2008 le hizo algunas variantes, pero tiene demasiados años. No creo que nadie lo pueda resolver fácilmente. Alguien ya definió que este es el sistema, algunos defectos pueden estar en la definición institucional, pero otros tienen que ver con cómo está organizado adentro. A mí no me convence el diseño institucional actual, tampoco el anterior, pero, por favor, no nos pongamos a discutirlo, discutamos cómo implementamos las reformas en Uruguay, cómo participa la gente en ellas. Uruguay es un país que tiene a la mayoría de la gente pensando parecido en cómo hay que reformar las cosas, pero no logra implementarlas. Me impresiona eso, y no creo que la implementación sea lo que se definió en la LUC, pasa por otro lado, que tiene que ver con la gestión. Un día vi la cantidad de expedientes que tenía para firmar una autoridad y dije que con esa cantidad de expedientes no puede trabajar. Hay cosas que cambiaron, pero en una época había que cambiar algo en una escuela del interior y la autorización tenía que venir a Montevideo, ¿para qué? Esa centralización no la entiendo, 90% de las cosas que pasan en la escuela la tienen que resolver en la escuela: presupuestariamente, administrativamente, técnicamente, llamado de cargos. Mucho tiene que ver con una mochila que mantenemos de formas de hacer las cosas, que ojalá venga alguien que las quiera cambiar y tenga liderazgo para hacerlo.

Hoy se discute sobre formación enfocada en competencias y contenidos, ¿qué pensás al respecto?

Ceibal trabaja con las competencias desde 2014, están integradas con el currículo, no existen competencias por un lado y currículo por el otro. Hay que discutir cómo llevamos a cabo esto. A mí el documento de Marco Curricular Nacional [de ANEP] me parece bien. Acá ya hubo marco curricular de referencia, hay gente que estuvo trabajando en competencias durante años, tanto en UTU como en primaria, en media, en Ceibal, no es que estamos inventando las competencias. Me parece bárbaro que haya otro documento que profundice, debería hacer un poco más de referencia a lo que sí se está haciendo. Ahora la clave es discutir el documento con los actores sobre cómo lo vamos a implementar, poner la plata para hacerlo. Que es bueno hacer el tema de las competencias no me cabe la menor duda, pero no es competencias sí, currículum no o viceversa. Además, tenemos que trabajar las rúbricas: ¿cómo vamos a medir la creatividad? ¿Cómo vamos a hacer el test de creatividad preguntándole a alguien cuál es la capital de Albania? Claro que hay que trabajar en competencias, pero también hay que trabajar en física, biología, y de repente hay que hacer un proyecto que tiene física, matemática y biología, y salvás el curso cuando terminás el proyecto. 

En pospandemia hay una oportunidad única de que, visto que aprendimos lo que pasó en la pandemia, tenemos que cambiar cosas. El error más grande que podríamos cometer es volver a tener la mentalidad prepandemia para todo. Claro, una cosa de este estilo hay que llevarla a cabo con plata y con la gente, no hay nada de esto que se pueda hacer contra la gente. Fullan siempre dice que hay un grupo de gente que cree que las reformas se hacen de arriba para abajo y otro grupo de gente que cree que las reformas se hacen de abajo para arriba; ninguna de las dos funciona. La única que funciona es la del medio, la del director, la de los docentes y la del centro educativo.

¿Estas dos formas de concebir cómo cambiar también es una tensión dentro del FA?

El FA tiene muchas tensiones y muchas visiones en educación. Va a tener que resolverlo y dedicarle tiempo a profundizar y “desesloganizar”. Hay mucha gente que cree que de arriba para abajo nada y que es todo de abajo para arriba, y no es real. Hay mucho miedo, algunos de esos miedos son fundados. Por supuesto que puede haber arbitrariedades, hay que evitarlo, pero tampoco podemos hacer un sistema en el que no mejore la calidad. En el FA es un tema complicado porque hay pulseadas y visiones muy diferentes.

Más allá de Plan Ceibal, ¿qué balance te queda en materia educativa de los 15 años de gobierno del FA?

Creo que se hicieron muchas cosas, a nivel edilicio y de inclusión fue impresionante. La gente se queja de los resultados y tiene razón, pero en 2005 terminaba secundaria 30%, [ahora lo hace] 40% y poco, y es muy poco. Pero si vos no hubieras incluido a tanta gente en el sistema, PISA te daba mucho mejor, los resultados se te caen por la inclusión. Creo que algunas cosas se podrían haber hecho mejor en cuanto a resultados de egreso, en cuanto a permanencia. De todas maneras, es un proceso lento, a veces nos comparamos con países cuyos requisitos para terminar son más bajos. Nos tenemos que comparar con nosotros mismos y tenemos que mejorar, pero no hay que transformarlo en una herramienta política. La educación depende de los docentes, cuando no elogiás a los docentes, no los tenés ahí arriba y les pagás lo que les pagabas en 2005, es una afirmación muy jodida. No podés tener una profesión que necesitás y estar todo el tiempo pegándoles. Fue impresionante lo que hicieron los docentes en la pandemia para estar conectados, y si mirás el ranking de profesiones la sociedad no los ve bien.

El otro problema grande que tiene Uruguay es que todo el mundo declara que la educación es importante, pero la sociedad no fomenta que la termines. Vos podés jugar en la selección uruguaya, en Peñarol, Nacional, Wanderers o Defensor sin terminar [enseñanza] media, podés trabajar en la construcción. ¿Quién incentiva a que termines para poder entrar? Todo el mundo se queja del aumento del presupuesto de los últimos 15 años, pero una maestra el 1° de marzo de 2005 ganaba 5.000 pesos. Hoy gana un poco más; sin duda que hay que mejorar, puedo hablar horas de todos los problemas que hay. ¿Qué sentido tiene que un niño de 14 años esté en primero de liceo? ¿Por qué no les damos una educación para esos chiquilines que vienen de determinadas circunstancias? Hay que terminar de entender que un único talle no sirve para todos. Acá se trató de hacer cosas, hay que mejorarlas. La FPB [Formación Profesional Básica, de UTU] fue una idea genial, pero hay que hacerlo desde el primer nivel. 

Mi crítica más grande de los 15 años de gobierno del FA es que habría que haber hecho mucho más y mejor para que no abandonaran.