Un equipo de investigadores se adentra en el fondo del mar uruguayo para observar, registrar y producir conocimiento científico. La expedición –que marcó un antes y un después– a bordo de un buque científico, Falkor (Too), reunió a 36 investigadores nacionales e internacionales que durante casi un mes partieron a descubrir qué hay más allá de la superficie de nuestro mar.

La experiencia, con la particularidad de haber sido compartida con el mundo a través de streaming por Youtube, sorprendió día a día a quienes la siguieron desde sus hogares o desde cualquier lugar. Pero, después de la travesía, ¿cómo se transforma una experiencia científica en un material pensado para acompañar el proceso educativo?

Alejandro Sequeira y Cecilia Ratti se dedican, entre otras actividades, a crear libros que, desde una mirada pedagógica, buscan acercar distintas temáticas a las infancias y adolescencias. En este caso, fueron los creadores de Viaje al fondo del mar, un “libro de acción” –como ellos lo llaman– que en formato digital permite conocer la experiencia científica del viaje realizado en el Falkor (Too) y conectar con los descubrimientos que tuvo el grupo de investigación uruguayo desde agosto a setiembre de 2025, en el que la profundidad de nuestro mar fue vista bien de cerca.

Antes de la creación de este libro, ya existía la idea de dejar plasmado, de alguna forma, todo lo que ocurriría durante la expedición a bordo. Así es que, con el apoyo del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), y más tarde con el acompañamiento de otras instituciones como la Universidad de la República (Udelar), el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) y Ceibal, el material quedó disponible en la plataforma Biblioteca País a partir de este mes para su descarga. De esta manera, escuelas, docentes y cualquier persona interesada puede trabajar con las actividades que propone el librillo, según explicaron Sequeira y Ratti a la diaria.

Viaje al fondo del mar: un libro para contar “a través del juego”

El material se estructura en distintas partes que combinan información científica, narración e ilustraciones. Para eso, fue necesario que el grupo de investigación que formó parte de la expedición Uruguay Sub200 también participara de la creación, aportando la exactitud de la información recogida durante ese período, validando contenidos y acompañando la construcción del relato a partir de los datos y registros obtenidos durante la travesía. Además, el material incluye un glosario final como apoyo para la comprensión de siglas y términos específicos.

“Me instalé dos días seguidos en el MNHN, especialmente con Fabrizio Scarabino –parte de la expedición Sub200– y con Wilson Sebastián –parte del MNHN–, y leímos juntos y revisamos todos los materiales para que los términos fueran correctos”, contó Sequeira, y agregó que además “nos dimos cuenta de que había mucho material publicado que no era exactamente correcto en las redes. Entonces, lo que a nosotros nos da mucha satisfacción es saber que este material está chequeado por todo el equipo”, sostuvo.

Con una breve introducción que sitúa al lector en la información base con respecto a la expedición, la propuesta se extiende a lo largo de 34 páginas que continúan reforzando y construyendo conocimientos a través de consignas y actividades que rememoran algunos momentos vividos mientras “un vehículo submarino remoto (ROV) llamado SuBastian” recorría el fondo del mar.

Estos contenidos que trae el libro, a los que Sequeira y Ratti denominan “provocaciones”, permiten que el material sea de “divulgación general”. “Lo pensamos inicialmente más como para escolares, escolares grandes y liceales”, cuenta Ratti, “pero en realidad fue una temática que nos atravesó tanto como sociedad y que nos involucró, no sólo a los científicos, sino a nosotros como público, que en realidad me parece que son actividades con las que pueden interactuar las familias”, agrega al referirse al público objetivo del librillo.

Imagen cedida por los autores.

Imagen cedida por los autores.

Aunque la idea inicial fue lanzarlo para generar instancias que permitieran a niños y niñas realizar las actividades propuestas durante el verano, se trata de un material de descarga libre que puede utilizarse en distintos ámbitos y está abierto a cualquier persona que quiera acercarse a la propuesta.

El contar “a través del juego” es la estrategia que propone el libro para acercar al público a un viaje por el fondo del mar y al proceso científico que lo hizo posible. “Creo que estas actividades juegan con el poder generar una dinámica que provoque hacer algo y en ese hacer vas descubriendo que las escamas del pez tienen una función. Yo las voy creando lúdicamente, pero voy también procesando cognitivamente para qué sirve eso en el pez, qué función cumple”, explica Ratti refiriéndose a una de las actividades del libro, en la que mediante un crucigrama la idea es descubrir cómo se llaman las distintas aletas de un pez.

“Uno espera que facilite el trabajo del docente, es decir, que sea un resorte creativo para que ellos sigan creando ideas con las que uno puede nutrirse para seguir”, comparte Sequeira al referirse a lo que esperan que el libro represente en el proceso educativo. En esa línea, agrega: “Me parece que es una linda excusa para volver a traer el tema porque hay muchas cosas interesantes para trabajar y que podés enlazar con otros contenidos programáticos”.

Una historia basada en hechos reales

El viaje que el librillo invita a recorrer tuvo protagonistas reales. Entre quienes participaron de la expedición científica se encuentra Gabriela Vélez-Rubio, parte del equipo que trabajó a bordo del Falkor (Too) durante las inmersiones subacuáticas. Vélez-Rubio es bióloga y docente asistente de la sección de Oceanografía y Ecología Marina en la Facultad de Ciencias de la Udelar, y docente en el Centro Universitario Regional del Este (CURE).

Vélez-Rubio contó en diálogo con la diaria que, a partir de la expedición, en muchos niños y niñas se despertó el interés por conocer más sobre el mar y por saber cómo fue su propio recorrido hasta formar parte de esa experiencia. “¿Qué estudiaste? ¿Por qué llegaste ahí? ¿Cómo llegaste? ¿Qué hiciste?”, relató que suelen preguntarle cuando participan de instancias de comunicación con escuelas para compartir lo vivido durante la expedición Sub200.

En relación con los procesos educativos que se desprenden de esta experiencia, la cual, según el librillo, indica que se exploró en “profundidades que variaron desde unos 200 m hasta 4.200” y que se mapeó un recorrido de más de 1.900 millas marinas, la investigadora, por su parte, destaca la importancia de la visibilización y divulgación para acercar a nuevas generaciones al estudio del mar y mostrar que la posibilidad de una trayectoria vinculada a la ciencia es posible de concretar. “Estamos en todo este contexto de poner más foco en el mar y el Falkor puso focos y cámaras ahí”.

En esa misma línea, la bióloga reflexiona sobre la relevancia del trabajo realizado a partir del libro y destaca su valor como herramienta de divulgación: “Me parece que lo potente y lo fuerte que tiene esto es lo visual”, afirma, y agrega que “este librillo va a reforzar las cosas que se vieron en ese momento”. A su vez, considera que el material contribuirá a que ese conocimiento “se vaya incorporando a la cultura popular”, ya que uno de los aspectos centrales de la experiencia fue acercar al público algo que nunca antes se había visto ni explorado para integrarlo al imaginario social. “Es difícil que la gente se apropie de cosas que no ve y no conoce”.

Vélez-Rubio contó además que el trabajo en colaboración con Sequeira y Ratti para la elaboración del librillo existió desde un inicio, y que la idea siempre fue que quienes estaban a bordo del barco también participaran de los contenidos y pudieran opinar sobre la realización. Además, señala que uno de los beneficios de la propuesta fue que quienes siguieron las transmisiones de las inmersiones pudieron ver y acompañar en tiempo real los momentos más destacados de la expedición y ese seguimiento previo facilitó luego el trabajo de creación, ya que permitió identificar de antemano los hitos más relevantes tanto de la investigación como del viaje, los que se ven plasmados en el libro mediante las actividades.

Asimismo, Vélez-Rubio destaca el proceso de apropiación de un lenguaje asociado al mar que antes circulaba casi exclusivamente en ámbitos científicos y que, a través del libro –como también señalaron Sequeira y Ratti–, se vuelve más accesible para todo público, ya que los espacios de explicación permiten comprender mejor el vocabulario propio de la expedición.

Imagen cedida por los autores.

Imagen cedida por los autores.

Por otro lado, dice que, “además de la cantidad de información generada, va a haber generaciones que puedan trabajar con lo que se generó”. Para la bióloga, compartir estos procesos es también una forma de abrir caminos, especialmente entre quienes hoy se acercan por primera vez a la ciencia a través de materiales como el librillo.

En ese sentido, la investigadora destaca la importancia del acceso al conocimiento como primer paso para construir una relación de cuidado con el mar. Para Vélez-Rubio, poder ver, conocer y acercarse a estas experiencias resulta fundamental, especialmente para las infancias, ya que “si no lo ves, no lo vas a querer cuidar”, y agrega que “no se puede conservar o proteger lo que no se conoce”.

En esa línea, subraya el valor de que los materiales como Viaje al fondo del mar estén disponibles de forma pública y gratuita: “Los chiquilines de la escuela van a poder verlo todo el tiempo”, dijo.

La bióloga señaló además que una de las confusiones más frecuentes en torno a la expedición fue la idea de que el equipo se encontraba sumergido bajo el mar. En ese sentido, explicó que el librillo ayuda a comprender cómo se desarrolló la experiencia, ya que quienes participaron del viaje permanecieron siempre a bordo del barco, Falkor (Too), mientras que las inmersiones fueron realizadas por el robot SuBastian.

“Ahora sigue un reto aún mayor”: el futuro de la investigación

Vélez-Rubio señala que aún le sorprende la cantidad de personas que siguieron la experiencia. “Me sorprendió mucho la cantidad de gente que lo seguía, y gente que no tenía nada que ver con el tema. Eso también fue superpositivo”, ya que, según señala, vivir ese acompañamiento desde afuera del barco reforzó la idea de que compartir los procesos científicos es tan importante como los resultados que se obtienen.

“Ahora sigue un reto aún mayor”, afirmó la investigadora, al explicar que durante la expedición su tiempo estuvo completamente dedicado al trabajo científico, pero finalizada esa etapa, el desafío pasa por continuar procesando y analizando todo el material extraído y los hallazgos obtenidos.

En ese sentido, la investigadora advierte que el principal desafío es contar con los recursos necesarios para continuar el trabajo iniciado. “Lo que se precisa ahora son fondos, por ejemplo, fondos sectoriales que ayuden a que todo lo que se trajo y todo lo que ya había vinculado a esa zona se pueda analizar”, señaló, y agregó que “hay muchísima información, hay especies nuevas en frascos que todavía no se pudieron analizar, hay un montón de datos para trabajar”. Por ese lado, plantea que sería valioso contar con becas que permitan la participación de estudiantes en la investigación, como una forma de dar continuidad al proceso y de fortalecer la formación académica.

En esa línea, la investigadora señaló que la expedición abrió múltiples líneas de trabajo e investigación, con distintos ritmos de desarrollo. Algunas podrán avanzar con mayor rapidez, mientras que otras requerirán más tiempo, pero todas forman parte de un proceso que se proyecta a mediano plazo y que permitirá profundizar el conocimiento sobre el área.

Vélez-Rubio destacó que la experiencia generó interés y abrió nuevas preguntas, especialmente entre jóvenes que comenzaron a cuestionar y a pensar en posibles trayectorias vinculadas al estudio del mar. Según contó, la circulación de la experiencia permitió que más personas conozcan este campo y se pregunten cómo formarse y vincularse a esta área científica, lo que refuerza la importancia de generar caminos y herramientas que acompañen ese interés.