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Feminismos Derechos sexuales y reproductivos
Archivo, noviembre de 2019. · Foto: Mariana Greif

Archivo, noviembre de 2019.

Foto: Mariana Greif

Derechos sexuales y reproductivos: el “principal objetivo” de los grupos antigénero

Expertas consultadas por la diaria analizan el escenario actual en la materia y explican por qué el control de los cuerpos es clave para los grupos antigénero y los gobiernos autoritarios.

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“Esencial, no opcional: fortalecer los sistemas de salud para garantizar el derecho a la salud y la justicia sexual y reproductiva en tiempos de policrisis” es la consigna que eligió la Red Mundial de Mujeres por los Derechos Reproductivos (WGNRR, por sus siglas en inglés) para este 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres. La definición surgió de varios meses de diálogos e intercambios entre más de 100 organizaciones, colectivos y activistas de distintos países que trabajan por los derechos sexuales y reproductivos. El proceso derivó, además, en un informe que reúne preocupaciones y demandas colectivas, donde advierten que el contexto de “múltiples crisis superpuestas” compromete el acceso y el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, particularmente de niñas y mujeres.

En esa línea, la red llamó a permanecer “unidas en resistencia” frente al avance de coaliciones de extrema derecha, gobiernos autoritarios y grupos antiderechos que “siguen socavando la autonomía corporal, restringiendo el acceso a servicios de salud esenciales –anticoncepción, aborto y atención materna– y a la información, interrumpiendo cadenas de suministro y desmantelando décadas de derechos conquistados con tanto esfuerzo”.

Para profundizar en el escenario actual de los derechos sexuales y reproductivos, la diaria conversó con Macarena Sáez, directora ejecutiva de la División de Derechos de las Mujeres de Human Rights Watch (HRW); Susana Rostagnol, antropóloga feminista e investigadora, y Lilián Abracinskas, activista feminista y directora de la organización Mujer y Salud en Uruguay. Las especialistas comparten la preocupación por el avance de los autoritarismos y los movimientos antigénero en el mundo, y coinciden en que “contra lo primero que van [estos grupos] son los derechos sexuales y reproductivos y contra la ciudadanía sexual”.

Entre avances y retrocesos

Sáez y Abracinskas sostuvieron que en el terreno de los derechos sexuales y reproductivos se avanza “muy de a poquito” y apuntaron que para analizar la situación es necesario mirar, al menos, dos dimensiones: por un lado, las leyes y políticas de un país, y, por otro, el acceso real a esos derechos, en particular al aborto y a métodos anticonceptivos, aspectos que “no siempre van de la mano”.

En ese sentido, ambas reconocieron que el escenario nunca es homogéneo y que los avances en derechos sexuales y reproductivos conviven, constantemente, con retrocesos y disputas. Sáez planteó que “lo importante no es si se progresa de a poquito o si se progresa mucho, sino dónde hay regresiones y son pocas”. Desde su perspectiva, hoy “no se ve tanta regresión, sino la fragilidad” del “marco institucional que hemos logrado en defensa de los derechos de las mujeres”.

De todas formas, manifestó su preocupación por el escenario actual. “Es un momento de mucho riesgo, con muchas posibilidades de que esta ola regresiva, que es muy excepcional, se amplíe”, afirmó. Y destacó a Estados Unidos como el caso “más dramático”, por la “regresión abrupta” que significó la derogación de Roe vs. Wade y por su influencia económica en otros países. También llamó la atención sobre el aumento de restricciones al aborto en Rusia y China, las prohibiciones extremas en Nicaragua y El Salvador, y la articulación transnacional de líderes políticos aliados a grupos antigénero y antiderechos, como en los casos del presidente chileno, José Antonio Kast, y del ex primer ministro húngaro Viktor Orbán.

Para Abracinskas, más allá de los avances puntuales, el contexto general actual es de retroceso por los numerosos y recientes ataques contra los derechos sexuales y reproductivos. “En Argentina, el presidente Javier Milei está intentando revisar la ley de aborto y ya ha contaminado los servcios; en Chile se mantuvo el aborto bajo tres causales, peligro para la vida de la mujer, embarazo por violación y malformaciones fetales letales, y no prosperó el proyecto de avanzar hasta las 14 semanas; en Ecuador las iniciativas han retrocedido porque han avanzado los sectores más católicos y ultraconservadores en el gobierno, y América Central está absolutamente retardada”, expresó.

Rostagnol también expresó preocupación por los retrocesos a nivel global y sostuvo que esta contraofensiva forma parte de un “proceso de desdemocratización” que, más que una regresión, constituye una “retropía”. “No hay ninguna regresión porque se intenta instaurar algo que no había antes”, explicó. “No debemos pensar que se quiere volver a algo que hubo antes, sino que se trata de un proceso que avanza hacia esa ilusión que nunca existió”, agregó.

A la situación de países y acontecimientos mencionados por las entrevistadas se suman otros hechos relevantes en los últimos cinco años: en 2020, el Tribunal Constitucional de Polonia declaró inconstitucional la interrupción del embarazo por malformación fetal grave e irreversible; en 2022, Hungría aprobó un decreto que obliga a las mujeres a escuchar el latido del corazón del feto antes de abortar, y en Afganistán, desde el regreso del régimen talibán al poder, en 2021, los derechos de las mujeres son sistemáticamente vulnerados. Ese mismo año, Irán aprobó la Ley de Juventud de la Población y Protección de la Familia, que restringe aún más el acceso a métodos anticonceptivos, esterilización, diagnóstico prenatal y aborto.

Pero, como señalaron las entrevistadas, no todo son pasos hacia atrás. Las expertas destacaron la despenalización del aborto en México y los avances sostenidos estado por estado en los últimos años en ese país, la despenalización del aborto hasta las 24 semanas de gestación en Colombia, el reconocimiento por parte de la [Organización Mundial de la Salud del aborto autogestionado con medicamentos durante las primeras 12 semanas como una práctica segura], y la decisión de la Corte Suprema de India que habilitó a las mujeres no casadas a acceder al aborto en las mismas condiciones que las casadas entre las 20 y las 24 semanas de gestación.

¿Por qué el cuerpo?

Las expertas vinculan el “recrudecimiento” de la ofensiva contra los derechos sexuales y reproductivos con una respuesta organizada de grupos de extrema derecha y los movimientos antigénero frente a los avances del movimiento feminista y con la pérdida de democracia a nivel global. Según el Informe sobre la democracia 2026 del instituto V-Dem, 74% de la población mundial vive en autocracias y, a fines de 2025, había más autocracias que democracias: 92 frente a 87. “Cada vez que la ultraderecha o las expresiones más ultraconservadoras del espectro político asumen gobiernos, tiende a haber un retroceso en todo lo que tiene que ver con la autonomía reproductiva y con la libertad de expresión en términos de sexualidad, formas de familia, expresiones e identidades de género. Es su principal objetivo en términos sociales”, señaló Abracinskas.

Rostagnol agregó que los feminismos, al cuestionar los pilares de la familia heterosexual, patriarcal y monogámica, así como la figura del padre de familia, movieron los cimientos de la dominación masculina que se sostiene “en el control de los cuerpos”. “El control de los cuerpos se da de múltiples maneras. Controlar la reproducción es una. Pero también implica regular las actividades físicas que pueden hacer los individuos, decidir quiénes tienen más derecho a vivir, cómo se distribuyen los recursos, etcétera”, señaló. En ese sentido, planteó que la disputa sobre la soberanía de los cuerpos de las mujeres tiene un objetivo político de fondo: desplazar a las mujeres como sujetos políticos.

Abracinskas señaló que los grupos antiderechos y antigénero buscan ubicar a las mujeres como “sujetos tutelables”. “Tiene que haber un poder fuera tuyo que garantice que tu decisión es una decisión ética”, dijo, y mencionó el aborto como el caso más evidente. “Se sienten con la absoluta libertad –y nunca se sienten interpelados– de legislar sobre algo que jamás van a transitar, y además hacerlo de forma restrictiva y con muchas condiciones”, agregó.

Ese control sobre la autonomía reproductiva termina limitando las trayectorias de vida de las mujeres y reduciéndolas a su dimensión reproductiva. Sáez identificó el embarazo infantil y la maternidad forzada en Nicaragua como una de las manifestaciones más crueles de esa violencia. La directora de la División de Derechos de las Mujeres de HRW señaló que prohibir el acceso de niñas y adolescentes al aborto las obliga a continuar con embarazos forzados y a la maternidad infantil, que tiene fuertes impactos en sus trayectorias educativas, el acceso al mercado laboral y la participación en espacios públicos, entre otras cosas.

Asimismo, las entrevistadas sostuvieron que los ataques a estos derechos no solo afectan la vida de las mujeres, sino que tienen consecuencias para todo el tejido social. “Cuando una habla sobre aborto, hay un momento de abstracción sobre que todo hijo sería deseado. Pero después no conectamos la cantidad de bebés, niñas y niños institucionalizados, abandonados por sus entornos y que no hay con qué socializarlos”, puntualizó Abracinskas. “No podemos desvincular esa condición de maltrato, abuso y abandono infantil del hecho de que muchas de las decisiones de paternidades y maternidades son impuestas, no planificadas, no conscientes y no responsables”, agregó.

Abracinskas también apuntó que la dominación sobre el cuerpo de las mujeres “tiene razones económicas, no es solo cultural”; “somos rentables, el trabajo no remunerado sostiene la mitad del trabajo que existe en sociedad”. En esa dimensión económica, también aparece la preocupación por el descenso de las tasas de fecundidad: “Baja la fecundidad y aumenta la desproporción entre población pasiva y población activa, y se te desregulan los sistemas de seguridad. Llegamos a la macropolítica a través de las decisiones personales”, apuntó. En los últimos años, varios países aprobaron políticas pronatalistas coercitivas para aumentar la natalidad, muchas veces asociadas a restricciones al aborto.

Es posible cambiar el rumbo y obstaculizar el avance democrático, aseguraron las expertas, y destacaron el rol de los movimientos feministas en ese proceso. Como dijo Sáez: “Hemos demostrado que la movilización y la articulación de las mujeres, que hacemos política de una manera mucho más pragmática, es lo que nos puede salvar”.