La Universidad Tecnológica del Uruguay (UTEC) impulsa un banco de semillas orientado a combatir la pérdida de biodiversidad y a fortalecer la soberanía alimentaria del país. La iniciativa busca preservar variedades criollas que no circulan en el mercado comercial y sostener las redes de intercambio entre productores familiares.

“Buscamos defender la soberanía alimentaria de Uruguay. Muchas de estas semillas no están en el mercado; son variedades familiares con décadas de historia. El banco permite preservarlas y fortalecer las redes de intercambio entre productores”, explicó a la diaria la directora de Investigación y Desarrollo de UTEC, Mariana Boiani.

El banco de germoplasma funciona en Durazno desde 2022 y permite resguardar variedades criollas ante eventuales pérdidas, además de facilitar el intercambio entre familias productoras. El proyecto está a cargo de las investigadoras Natalia de Almeida y Sofía Cortizas, quienes desde hace años trabajan con redes de productores agroecológicos del centro y norte del país que conservan sus propias semillas fuera del circuito comercial.

“La idea del banco no es guardar semillas como si fuera un museo, sino generar conocimiento y compartirlo con la sociedad”, sostuvo De Almeida en diálogo con la diaria.

La docente asociada de la UTEC, ingeniera agrónoma, magíster en agroecología y doctora en recursos genéticos vegetales explicó que el banco ya pudo restituir semillas a productores que las habían perdido tras las sequías de los últimos años.

“Un banco de semillas es fundamental para la soberanía y la seguridad alimentaria. Todo empieza en la semilla: desde ahí se construye la producción y se asegura la alimentación”, añadió.

Actualmente, el banco cuenta con un acervo de 684 accesiones de unas 50 especies, principalmente hortícolas y arbóreas nativas. Tiene, además, una colección significativa de porotos, que fue el proyecto que dio origen a la iniciativa, así como variedades de maíz, rúcula, zanahoria, acelga y especies de la flora nativa.

El banco integra además el Comité Nacional de Recursos Genéticos, presidido por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, y forma parte de la comunidad de práctica de bancos de germoplasma de América Latina y el Caribe, en la que se intercambian proyectos, metodologías y herramientas de evaluación.

Cómo surge la iniciativa

El banco de germoplasma de UTEC surgió en 2022 a partir de un proyecto financiado por el Ministerio de Educación, cuyo objetivo era estudiar la diversidad genética de los porotos en Uruguay.

“En ese marco realizamos colectas en campos de productores familiares y consolidamos una colección de variedades criollas de porotos. A partir de ahí empezamos a construir una infraestructura mínima para conservar este material genético-cultural”, relató a la diaria Cortizas, docente encargada en la UTEC, licenciada en ciencias biológicas y magíster en conservación de biodiversidad.

Posteriormente, las investigadoras fueron enriqueciendo el acervo del banco con el objetivo de conservar variedades criollas relacionadas a la producción familiar de Uruguay y también especies arbóreas de la flora nativa del país y atender iniciativas de restauración ecológica.

La importancia de la conservación

De Almeida explicó que, frente a los eventos climáticos extremos, la pérdida de biodiversidad asociada al uso del suelo y el retroceso de la producción familiar, el banco busca preservar variedades estrechamente ligadas a los sistemas productivos locales.

“El banco tiene la impronta de apoyar estos sistemas locales de conservación y ofrecer un respaldo para mitigar o minimizar pérdidas que ya han ocurrido en Uruguay”, afirmó.

Al no estar en los circuitos comerciales, las semillas conservadas representan una oportunidad para los productores, que pueden acceder a ellas de forma gratuita. “La finalidad es mitigar la pérdida de diversidad y garantizar que las personas puedan acceder a semillas propias de Uruguay”, explicó.

Tecnologías

Por su parte, Cortizas señaló que el proyecto se encuentra en una fase inicial de implementación y que los equipamientos actuales permiten una conservación a corto y mediano plazo, mediante cámaras y heladeras a cuatro grados.

“Esta conservación está pensada tanto para la distribución como para la investigación. Tenemos, además, una colección base que funciona como respaldo”, indicó.

El banco está concebido para abarcar las tres funciones de la universidad pública: investigación, educación y extensión. En ese marco, recientemente se aprobó un fondo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación que incorpora tecnologías multiespectrales para el fortalecimiento de la conservación y caracterización de recursos genéticos de Uruguay. Dicha iniciativa es impulsada de forma conjunta por la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República y la Universidad de San Pablo.

El proyecto permitió adquirir el equipo VideometerLab, que obtiene imágenes multiespectrales de semillas. “Es una tecnología novedosa en Uruguay. Nos va a permitir correlacionar imágenes con datos de germinación, vigor y, en algunos casos, análisis nutricionales de forma no destructiva”, explicó Cortizas. La herramienta también facilitará caracterizaciones morfológicas precisas, como tamaño, color, textura, mediante procesos automatizados.

De Almeida agregó que el banco cuenta con cámaras de crecimiento y germinación, fundamentales para monitorear la calidad de las semillas. “Conservar no es sólo guardar: tenemos que evaluar constantemente la germinación y el estado del material”, subrayó.

A futuro

A mediano y largo plazo, De Almeida consideró que el proyecto tendrá un “gran impacto en la producción”.

“Uruguay tiene un Plan Nacional de Agroecología en el que contempla la conservación, acceso, distribución de variedades nativas y criollas para apoyar los sistemas agroecológicos y su transición. Me parece que el banco va a tener un rol importantísimo porque, además, si estamos hablando de producción agroecológica, también tenemos que pensar cuáles semillas vamos a fortalecer y a fomentar en este tipo de sistema de producción”, indicó.

Uruguay también impulsa un Plan Nacional de Agricultura Familiar, en el que estas variedades siguen siendo mantenidas por productores. “Como instituciones, lo que hacemos es respaldar ese trabajo. Este patrimonio genético-cultural existe porque hay agricultores que siguen conservando, produciendo e intercambiando sus semillas”, sostuvo.

En los próximos años, el objetivo es consolidar al banco como un espacio de referencia y confianza para los productores, en el que puedan depositar semillas y recuperarlas cuando las necesiten. En paralelo, la UTEC trabaja junto con la Facultad de Agronomía en la creación de “copias de seguridad” que respalden las colecciones.

Las investigadoras, radicadas en Durazno, integran el Grupo de Agroecología, Sustentabilidad y Medio Ambiente, que aborda temas como conservación de biodiversidad, productos bioactivos, salud de los ecosistemas, agroecología y manejo de semillas nativas y criollas.

“El banco de germoplasma es un gran apoyo para estas líneas de trabajo y también para la formación: cursos de huerta comunitaria, manejo de biodiversidad, aprendizaje basado en proyectos, tesis estudiantiles. Mucho gira en torno al banco, y a la vez el banco potencia todo lo demás”, resumió Cortizas.