La biotecnología está detrás de muchos productos y procesos que forman parte de la vida cotidiana, desde medicamentos y alimentos hasta mejoras en la producción agropecuaria y soluciones para el cuidado ambiental. Aunque suele asociarse a laboratorios y desarrollos científicos complejos, especialistas y emprendedores del sector sostuvieron que también puede convertirse en una de las principales oportunidades para impulsar el desarrollo económico de Uruguay.
En el marco del Día Internacional de la Biotecnología, referentes de empresas uruguayas destacaron, en diálogo con la diaria, el potencial del país para posicionarse como un polo regional de innovación y desarrollar emprendimientos de base científica con proyección internacional. No obstante, señalaron que todavía existen desafíos vinculados a infraestructura, financiamiento, atracción de talento e inversión.
La fecha se conmemora cada 16 de junio en recuerdo de cuando en 1980 la Corte Suprema de Estados Unidos aprobó la primera patente de un microorganismo genéticamente modificado. Desde entonces, la disciplina se ha convertido en una de las áreas con mayor potencial de crecimiento a nivel global.
“Creo que es una las mejores oportunidades para Uruguay como país para desarrollarse. [...] Requiere un gran componente de generación de conocimiento y de valor, por lo que considero que es una de las principales verticales a las que Uruguay tiene que apostar”, destacó Gregorio Iraola, CEO de la empresa Kinzbio (integrante de Cubo Itaú), que impulsa terapias con bacteriófagos en los casos que existe resistencia antibiótica.
En la misma línea, Laura Macció, cofundadora y CEO de MetaBIX Biotech –empresa integrante de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información (CUTI) que desarrolló una plataforma de biovigilancia para la producción animal basada en inteligencia artificial (IA)–, propuso avanzar hacia iniciativas que permitan atraer emprendedores y científicos del exterior.
“Uruguay tiene una gran oportunidad para atraer talento que se instale en el país y desarrolle empresas biotecnológicas con alcance regional y global”, afirmó.
En América Latina, la bioeconomía representa en promedio el 17,5% de la producción y cerca del 28% de las exportaciones, mientras que las proyecciones indican que el mercado biotecnológico regional continuará creciendo de forma acelerada durante los próximos años, de acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe difundidas en febrero de este año.
Según el informe Empresas de biotecnología en el Uruguay: características productivas, tecnológicas y económicas de una actividad en crecimiento, elaborado por Uruguay XXI, la Agencia Nacional de Investigación e Innovación y el Banco Interamericano de Desarrollo y publicado en enero de este año, las 62 empresas biotecnológicas relevadas en el país registraron ventas por 34,9 millones de dólares y exportaciones por 28,7 millones de dólares. Además, el 34% reportó innovaciones con grado de novedad mundial.
La visión de los emprendedores coincide con la de otros actores del ecosistema. Carlos Acle, integrante de la CUTI, señaló meses atrás, en diálogo con la diaria, que Uruguay se está consolidando como un “polo emergente” en biociencias gracias a la combinación de capacidades científicas, talento especializado y una creciente articulación entre investigación y empresas.
La apuesta por la biotecnología no se limita al sector privado. El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) definió recientemente la biotecnología y la IA como dos de las “palancas clave” de su estrategia para el período 2026-2030, con el objetivo de desarrollar nuevas soluciones para el agro, agregar valor a los recursos naturales y fortalecer la posición de Uruguay como productor de alimentos y tecnologías de alto valor agregado.
“La biotecnología y la IA van a ser centrales. Son dos palancas clave, junto con el riego, la gestión sostenible del agua y la reducción del uso de agroquímicos por medio de bioinsumos”, dijo el 17 de diciembre a la diaria el presidente del INIA, Miguel Sierra.
Qué es la biotecnología
“La biotecnología consiste en utilizar un microorganismo o un ser vivo para llevar a cabo un proceso”, explicó Macció. Sin embargo, señaló que en los últimos años el concepto se amplió y comenzó a integrarse con otras disciplinas emergentes, como la bioinformática, para abordar desafíos complejos en áreas como la salud, la producción y los procesos industriales.
“Sin ir más lejos, hay ejemplos en Uruguay, donde se están produciendo, por ejemplo, moléculas que pueden ayudar al proceso de menopausia de las mujeres a través de procesos de biotecnología, modificando bacterias”, afirmó.
Para Iraola, la clave está en aprovechar mecanismos que la propia naturaleza desarrolló durante millones de años de evolución. “Son tecnologías que se valen de principios biológicos o que utilizan mecanismos que la biología ha creado a partir de la evolución de los organismos vivos durante millones de años”, señaló.
Una tecnología más presente de lo que parece
Aunque muchas personas asocian la biotecnología únicamente con laboratorios o desarrollos científicos de alta complejidad, ambos directivos coinciden en que forma parte de la vida cotidiana desde hace siglos.
“La producción de vino o de fermentados es un proceso biotecnológico. Se utilizan determinadas levaduras para producir alcohol a partir de las uvas”, explicó Macció. Según detalló, el uso controlado de levaduras para transformar materias primas en alimentos o bebidas es uno de los ejemplos más antiguos de la disciplina.
“La biotecnología está inserta en muchos productos de nuestra vida cotidiana, que quizás no sabemos que fueron obtenidos de esa forma”, agregó.
Asimismo, Iraola agregó que la biotecnología también está detrás de numerosos medicamentos, procesos productivos y mejoras en la agricultura. “La comida que comemos tiene biotecnología por detrás en el mejoramiento de los cultivos y en la prevención de enfermedades de esos cultivos”, afirmó.
La oportunidad uruguaya
Macció, que emprendió en biotecnología hace más de una década, aseguró que el ecosistema actual es muy diferente del que existía cuando comenzó. “Hoy en día estamos teniendo emprendimientos con propuestas que son de primer mundo”, sostuvo.
Según explicó, una de las principales fortalezas del país es la calidad de su formación científica y académica. “Los emprendimientos que están saliendo de Uruguay están ganando reconocimiento internacional porque tienen propuestas sólidas y de excelente posicionamiento”, afirmó.
La empresaria señaló que el país ha avanzado en programas de financiación para emprendimientos y grupos de investigación. Además, destacó que Uruguay posee una ventaja frente a otros países de la región: “El propio país puede funcionar como un laboratorio, una plataforma para validar o desarrollar localmente, pero pensando siempre en internacionalizar o globalizar”, señaló.
Iraola coincidió en que el capital humano constituye uno de los principales activos nacionales. “Hay recursos humanos calificados y también hay muchos uruguayos en el exterior que ocupan posiciones de mucha importancia en empresas, fondos de inversión y organismos de financiamiento vinculados a la biotecnología”, indicó.
A su juicio, el desafío consiste en articular ese conocimiento y transformarlo en una estrategia de desarrollo. “Creo que es un deber poder catalizar todo ese capital humano que tenemos, tanto interno como externo, para que Uruguay pueda dar ese salto y convertirse en un hub”, sostuvo.
Los desafíos pendientes
A pesar de las oportunidades, ambos especialistas señalaron que todavía existen obstáculos que limitan el crecimiento del sector en el país.
Para Macció, uno de los principales desafíos es la velocidad con la que avanzan las tecnologías y la capacidad de los países para aprovechar esas oportunidades. “Que las oportunidades están allí es diferente a poder apropiarse de ellas”, afirmó.
La empresaria también señaló la existencia de barreras culturales vinculadas a la creación de empresas basadas en el conocimiento. “Todavía persisten desafíos culturales relacionados con pensar que hacer industria o crear empresas no está bien visto. Crear valor tiene que ser algo importante y relevante en el país”, sostuvo.
Iraola, en tanto, identificó dos problemas centrales. El primero es la infraestructura disponible para el desarrollo de proyectos biotecnológicos.
“Uruguay al día de hoy carece de determinadas infraestructuras y tecnologías que sería deseables tener para potenciar un ecosistema biotecnológico mucho más fuerte y escalable”, afirmó.
El segundo desafío, agregó, es atraer inversores especializados capaces de acompañar procesos que suelen requerir plazos más largos que otras industrias tecnológicas.
“Hay que seguir mejorando las condiciones para que inversores internacionales especializados en biotecnología vean las oportunidades que Uruguay ofrece”, concluyó.
