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Futuro Conocimiento
Foto principal del artículo 'Álvaro Brunini: la ciencia e innovación no deben ser vistas como un “reclamo aislado”, sino como una política de desarrollo' · Foto: Gianni Schiaffarino

Foto: Gianni Schiaffarino

Álvaro Brunini: la ciencia e innovación no deben ser vistas como un “reclamo aislado”, sino como una política de desarrollo

Para el presidente de la ANII, uno de los principales desafíos es evitar que la incorporación de inteligencia artificial profundice las brechas entre grandes y pequeñas empresas; “el futuro no se espera, se construye”, sostuvo.

La sociedad uruguaya debe asumir “colectivamente” que la ciencia y la innovación son la “política central del desarrollo económico y social del país”, afirmó, en diálogo con la diaria, el presidente del directorio de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), Álvaro Brunini. Con motivo del Cuestionario Futuria, dijo que el país viene aumentando en la inversión en investigación, aunque la “cifra aún es baja y el sector privado explica menos de la mitad de dicha inversión”. Mientras tanto, la “tecnología dejó de ser una oportunidad para convertirse en una condición de supervivencia para las empresas”, afirmó. En ese contexto, alertó que la “desigualdad más crítica y silenciosa” es la brecha de adopción de herramientas tecnológicas entre las grandes y pequeñas empresas.

Brunini tiene una maestría en economía y otra en dirección de empresas. Antes de ingresar a la ANII, trabajó en Uruguay XXI, donde fue gerente de proyectos de inversión y gerente de promoción de inversiones. También se desempeñó como asesor económico en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, técnico de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y consultor de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial para el Ministerio de Industria, Energía y Minería.

Si hoy tuviera que explicarle al mundo en qué punto está Uruguay en materia de agregación de valor mediante conocimiento e innovación, ¿cómo lo definiría? ¿Qué indicadores describen la situación?

Uruguay es un país que tiene ventajas competitivas en recursos naturales y, al mismo tiempo, presenta el desafío, por el tamaño de la población, de no competir por escala sino por calidad, valor y diversificación de su estructura productiva, considerando tanto bienes como servicios. Por tanto, la capacidad de generar conocimiento y transformarlo en desarrollo económico y social es fundamental. Hemos avanzado y la inversión en investigación y desarrollo viene creciendo, alcanzando en 2023 los 548 millones de dólares, equivalentes al 0,71% del PIB [producto interno bruto], pero la cifra aún es baja y el sector privado explica menos de la mitad de dicha inversión.

El desafío ya no es solo generar conocimiento, sino lograr que el sector privado asuma mayores riesgos para innovar. La innovación es una política estratégica y los datos de ANII respaldan este camino: las empresas que apoyamos logran aumentar su inversión privada en innovación un 195% respecto de las no beneficiarias, y estos impactos positivos se extienden hasta nueve años después de recibir el apoyo. El desafío actual es lograr que esta capacidad instalada se traduzca en un desarrollo económico y social tangible que mejore la calidad de vida y genere oportunidades reales para todo el país.

¿Qué debería modificarse en el sistema innovador para cambiar la matriz productiva?

La innovación, definida como la introducción por parte de las empresas de nuevos productos o procesos, es el motor fundamental del crecimiento y el desarrollo económico de los países. Por eso, es clave tanto aumentar la innovación que realizan las empresas como el número de empresas que la realizan, existiendo un desafío mayor en las pymes. Lograr esto no solo impacta en la competitividad de la economía en su conjunto, sino que genera derrames tecnológicos hacia los restantes agentes económicos.

Necesitamos no solo financiamiento, sino también una mayor articulación entre la academia, el Estado y el sector privado. Para esto también hay que aprovechar los avances en la descentralización universitaria de los últimos 20 años que abren la oportunidad a consolidar ecosistemas descentralizados de investigación e innovación.

Por otro lado, tenemos desafíos concretos como masificar la adopción de IA entre las empresas uruguayas. La tecnología dejó de ser una oportunidad para convertirse en una condición de supervivencia para las empresas. Para lograrlo, en 2025 creamos el Fondo de Investigación Ida Holz, diseñado para financiar proyectos de excelencia a mediano plazo, con el fin de consolidar agendas de investigación sostenidas y fomentar la proyección internacional. También impulsamos junto con ANDE [Agencia Nacional de Desarrollo] el programa Catalizadores para financiar a instituciones que trabajan con emprendimiento de base científico-tecnológica, y en los próximos meses lanzaremos el llamado de financiamiento directo a dichos emprendimientos.

¿Qué sectores poco conocidos presentan mejor potencial?

Solemos pensar automáticamente en el software, pero el potencial de Uruguay es mucho más transversal. Por un lado, hay oportunidades y desafíos en la reconversión del sector tecnológico entre servicios y productos de software. Hoy existe un conjunto muy importante de emprendimientos biotecnológicos que van creciendo, así como hay oportunidades y desafíos en la reconversión y agregado de valor de sectores productivos tradicionales mediante la incorporación de tecnología, y por otro, en la consolidación de modelos de negocio que integran rentabilidad con impacto socioambiental. Nuestra última evaluación a los emprendimientos que hemos apoyado revela una tasa de supervivencia del 48% a los cinco años, un estándar muy competitivo a nivel global.

¿Cómo ve la relación entre la academia y el sistema innovador?

La relación entre la academia y el sistema innovador es, para Uruguay, una condición de desarrollo. Un país que investiga genera las bases de conocimiento necesarias para transformar su matriz productiva y responder a los problemas de su sociedad. Su valor se transforma cuando se conecta con las necesidades productivas y sociales del país. Esa conexión ya está ocurriendo; la ANII apoya distintas investigaciones en coordinación con varias instituciones.

El desafío no es la falta de capacidades científicas, sino asegurar que ese conocimiento circule de manera eficiente entre la investigación, el sector productivo y la sociedad. En ese sentido, el rol de la ANII no es solo financiador, sino también un actor clave en la articulación del sistema: financiando investigación de excelencia, promoviendo la transferencia de conocimiento y fortaleciendo los vínculos entre universidades, empresas y organismos públicos. Este trabajo se profundiza hoy en coordinación con la Secretaría Nacional de Ciencia e Innovación [Senci] y en el marco de la estrategia Uruguay Innova, con el objetivo de avanzar hacia una gobernanza más integrada del sistema científico-tecnológico. Solo con una arquitectura institucional sólida y objetivos compartidos a largo plazo lograremos que la investigación se traduzca en mayor competitividad para las empresas uruguayas y en mejores condiciones de vida para la población.

¿Qué rol juega el interior del país en el cambio de la matriz productiva?

El interior tiene un papel estratégico determinante: una política de desarrollo basada en el conocimiento es inviable si se concibe únicamente desde la capital. Si bien en 2025 61% de los proyectos firmados se concentró en Montevideo, logramos que los instrumentos de innovación e investigación registraran una presencia efectiva en los 19 departamentos del país. En este período de gobierno hemos puesto énfasis en actividades en el interior así como en pensar los instrumentos de la agencia con lógica territorial, partiendo de la base de que asistimos a una creciente presencia universitaria en el interior.

Descentralizar la innovación no consiste en distribuir recursos de forma asistencial, sino en descubrir, conectar y potenciar las capacidades donde se genera la riqueza productiva del país. Para ello, la articulación con socios territoriales estratégicos como ANDE, el LATU, la UTEC [Universidad Tecnológica], el INIA [Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria], la UTU y las sedes regionales universitarias resulta fundamental para radicar conocimiento y capacidades técnicas en el territorio. Para que el interior lidere este cambio de la matriz productiva, desde la ANII abordamos un doble desafío: el primero es lograr que las pequeñas y medianas empresas e industrias consolidadas en los territorios -asociadas al agro, la agroindustria, la madera, la energía o la logística- incorporen de forma masiva biotecnología, sensores, ciencia de datos e inteligencia artificial para agregar valor en origen, optimizar procesos y responder a las exigencias ambientales internacionales.

El segundo es el impulso a las startups de base científico-tecnológica: garantizar que el conocimiento generado en los laboratorios y centros regionales no quede archivado, sino que se traduzca en nuevas empresas deep-tech y de alto impacto. Buscamos que los científicos y tecnólogos del interior encuentren en la ANII el financiamiento inicial, la validación comercial y las herramientas de coinversión necesarias para crear y escalar sus emprendimientos hacia mercados internacionales sin necesidad de migrar.

El objetivo final es democratizar las oportunidades: que un emprendedor o un grupo de investigación en Rivera, Salto o Rocha acceda exactamente a la misma infraestructura, financiamiento y redes de apoyo que si estuviera en Montevideo.

¿Qué trabajos corren riesgo de desaparecer en Uruguay antes de que estemos listos para reestructurar la cadena de valor?

Las tareas más rutinarias, repetitivas y automatizables están expuestas a nivel global, y Uruguay no es la excepción. Sin embargo, más allá de mirar únicamente los puestos en riesgo, debemos asumir un cambio de época estructural: la innovación en las empresas dejó de ser un diferencial o una ventaja competitiva para convertirse en una condición necesaria. Hay que destacar que dada la escala de nuestro país también pueden existir ventajas para atraer inversiones que requieran un menor número de empleados.

La inteligencia artificial y la automatización están transformando los procesos productivos, los modelos de negocio y el mercado de trabajo a una velocidad que no nos permite ser espectadores. Las organizaciones que no incorporen tecnología y conocimiento para reestructurar su aporte de valor no van a poder competir. Por eso, la IA no es una amenaza que debemos sentarnos a esperar, sino una herramienta transversal que tenemos que aprender a aprovechar activamente.

Esta transformación impacta en el empleo, pero también en la forma en que hacemos ciencia e innovación empresarial. Para garantizar que ni nuestros investigadores ni nuestro tejido productivo queden rezagados, desde la ANII fortalecemos las capacidades de acceso al conocimiento y la infraestructura tecnológica. Un ejemplo claro es el desempeño del Portal Timbó: en 2025 alcanzamos un incremento del 18,7% en la descarga de artículos científicos (más de 340.000 descargas adicionales respecto de 2024), impulsado por la incorporación de colecciones internacionales clave en áreas como inteligencia artificial, medicina y ciencias sociales.

El trabajo del futuro y la sostenibilidad de nuestras empresas dependerán de la capacidad de transformar esa información en innovación real. Recientemente se lanzó el Instituto Vidart, un centro de inteligencia artificial que viene a dar un nuevo impulso y complementar las capacidades existentes a nivel país desarrolladas por la Agesic [Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento], universidades y empresas.

¿Qué desigualdades estamos subestimando hoy que podrían convertirse en la principal fuente de conflicto o atraso en el futuro?

La desigualdad más crítica y silenciosa es la brecha de la adopción tecnológica. Si dejamos la incorporación de la IA y las tecnologías avanzadas exclusivamente librada a las reglas del mercado, solo las grandes empresas tendrán los recursos para transformarse. El riesgo es que las pequeñas y medianas empresas, o los grupos de investigación emergentes, queden estructuralmente rezagados. Por eso concebimos a la política pública y a la ANII como grandes democratizadores y niveladores de la cancha. Al financiar infraestructura, proveer acceso a datos y apoyar económicamente a emprendedores de distintos tamaños, evitamos que la innovación se convierta en un privilegio de pocos y garantizamos que sea una oportunidad para todo el tejido productivo.

¿Qué políticas públicas vinculadas con la tecnología deberíamos promover en forma urgente?

Se resumen en cuatro prioridades. Primero, aumentar de manera sostenida la inversión en I+D+i [investigación, desarrollo e innovación], apalancando el financiamiento privado. Segundo, fortalecer el vínculo entre la academia, el sector privado y el Estado en materia de ciencia, tecnología e innovación. Tercero, acelerar la adopción tecnológica democratizando el acceso a las pequeñas y medianas empresas fundamentalmente en materia de IA. Cuarto, fortalecer la gobernanza del sistema. Como venimos trabajando junto con Uruguay Innova y Senci, el desafío no es crear nuevas instituciones, sino lograr que las capacidades que ya existen en la ANII, ANDE, el INIA, el LATU, Uruguay XXI, entre otras agencias, se coordinen y complementen para llegar de forma articulada a las empresas e investigadores beneficiarios.

¿Qué relatos sobre el futuro dominan hoy en Uruguay?

Conviven dos miradas: una de gran preocupación frente a la velocidad de la automatización, y otra que reconoce que tenemos las capacidades para posicionarnos con éxito en la economía del conocimiento. Debemos apostar por una visión que combine ambición y realismo. El futuro no se espera, se construye. Y la principal lección es que la ciencia y la innovación ya no pueden ser entendidas como un nicho sectorial o un reclamo académico aislado, sino que deben asumirse colectivamente como la política central de desarrollo económico y social del país.

¿Cuál es la imagen que Uruguay debe proyectar hacia afuera?

Uruguay no debe aspirar a ser solamente un buen laboratorio, sino una plataforma para desarrollar y escalar innovaciones hacia otros países. En definitiva, tenemos que proyectar una imagen de calidad, sofisticación para la que Uruguay tiene las bases de estabilidad necesaria, pero debemos desafiarnos a arriesgarnos más e innovar.

Para pensar el futuro: las recomendaciones de Álvaro Brunini

El presidente de la ANII propuso dos libros de registros y públicos muy diferentes: una mirada histórica sobre el siglo XX y una lectura infantil como invitaciones a pensar el presente y el futuro desde distintas perspectivas.

  • Historia del siglo XX, de Eric Hobsbawm, una obra que recorre los principales procesos políticos, económicos y sociales que marcaron el siglo pasado.
  • Vamos, de Susana Olaondo, un libro infantil que forma parte de la literatura recomendada por Brunini para los más chicos.