Incendios en estadios
Se sabe que Donald Trump sigue los manuales de los autócratas contemporáneos, pero hasta ahora no había demostrado particular interés en los emperadores de la Antigüedad. La situación cambió cuando leyó en el Reader’s Digest que Nerón incendió Roma y se dedicó a tocar el arpa mientras la ciudad ardía. Un estadio repleto de extranjeros en las tribunas y en las canchas es el escenario ideal para que el policromático mandatario dé rienda suelta a sus impulsos megalómanos y pirómanos.
Periodistas deportivos uruguayos
Estos profesionales de la prensa semiamateur probaron ser completamente inmunes al contacto con periodistas extranjeros durante los mundiales. Vuelven a Uruguay igual que como salieron: falta de rigor, dificultades para comunicar ideas con claridad e imposibilidad de separar el trabajo del placer. Pero ¿qué pasa si los periodistas extranjeros no tienen esta misma inmunidad respecto de los uruguayos? La uruguayización de la prensa deportiva mundial podría tener efectos catastróficos para el fútbol, el periodismo y la civilización humana en general.
Popularización del fútbol en Estados Unidos
A pesar del Cosmos de Pelé, el Seattle de Nicolás Lodeiro y los pitufos rosados de Lionel Messi, el fútbol no logra conmover a los estadounidenses, más afectos al fútbol americano, el béisbol, la portación de armas y la humillación de sus empleados en portaaviones. Por ahora. Este mundial puede cambiar la historia, lo que constituye un gran riesgo para el fútbol. Si a Estados Unidos le empieza a importar el resultado de los partidos y quiere influir en los árbitros, las tropelías de Leodán González, Andrés Matonte y Esteban Ostojich en favor de Peñarol y Nacional parecerán decisiones de Nelson Mandela y Adolfo Pérez Esquivel en comparación.
Argentina bicampeón mundial
El futbolero uruguayo, actualmente en extinción, sabe que la probabilidad de ocurrencia del peor de los escenarios imaginables (que Argentina gane dos mundiales consecutivos) no es cero. De concretarse esta posibilidad, esta tribu sabe que deberá olvidarse del más popular de los deportes y dedicarse a la NBA, el Nascaar o el boxeo en el que vale pegar patadas. Incluso más: sabe que las plazas se llenarán de uruguayitos y uruguayitas con camisetas de Messi, Dibu o Lautaro compradas por sus padres millennials. Un infierno que no tendrá nada de encantador, como decía el Indio.
