La idea de homenajear a los constituyentes con nombres de calles surgió a principios del siglo XX y en casi todos los casos se eligió el coqueto balneario de Pocitos. Pero algunos integrantes de la Asamblea Constituyente que con sus actos infames deshonraron al cuerpo fueron condenados al ostracismo en algunos de los rincones menos agraciados de la capital.
Atanasio Rambla Portuaria
El librecambismo era la corriente económica dominante en la Asamblea Constituyente, pero Rambla Portuaria proponía un libertariancambismo radical. Se negaba a aceptar el establecimiento de un nuevo Estado, quería prohibir los impuestos y proponía establecer las criptomonedas como divisa oficial. Como todos los adelantados a su tiempo, no fue comprendido. Le pusieron su nombre a la costanera más fea de Montevideo.
Pedro Cubo del Norte
Nacido en Galicia, recibió el apodo de Cubo por el tronco de su cuerpo, que tenía no solo la forma de un tronco, sino también su dureza. Cursó primaria en el Colegio de los Padres Franciscanos, que por esa época utilizaban la fama ganada por haber tenido al prócer entre sus educandos para atraer a nuevos estudiantes. Cubo del Norte no prosperó por burro, y por eso se dedicó a la política. No entendía mucho de los debates por no estar mínimamente cerca de las ideas de la Ilustración ni de la ilustración en general. Cuando se quedaba sin argumentos, invitaba a los otros constituyentes a pelear en el puerto. Por esa razón, se decidió poner su nombre a una calle que, como los españoles de un famoso poema de Miguel Hernández, “va de la nada a la nada”.
Manuel Nuevocentro
A diferencia del resto de los constituyentes, que generalmente eran estancieros, Nuevocentro se dedicaba a conducir carretas con frutas y verduras para los mercados. Entró en la Asamblea Constituyente como testaferro de su cuñado, que sí tenía estancias pero siempre hinchó por Portugal y Brasil. Hombre de poco carácter, Nuevocentro transmitió al pie de la letra las propuestas de su cuñado para la nueva constitución. Una de ellas consistió en establecer como fruto nacional al ananá, que además pasaría a llamarse oficialmente abacaxi. Fue tan indigna su actuación que quedó fuera del nomenclátor, pero casi dos siglos más tarde Edgardo Novick decidió homenajear a este constituyente que, como él, había empezado cargando cajones de verduras.
Giacoma Avenida
Si bien no fue una constituyente, ya que en aquella época las políticas de género no eran muy populares, esta mujer originaria de Milán cumplió una labor muy importante alimentando a los integrantes de la asamblea. Su especialidad era un bife de carne empanado y frito, que, en honor al origen de esta inmigrante italiana, fue bautizado “milanesa”. Pero un día la cocinera cometió un error imperdonable: se olvidó de poner pan rallado en el rebozado. Los constituyentes, indignados por aquellos infames trozos de carne enchumbados en huevo y aceite, la desterraron y terminó sus días en Paraguay, preparándole milanesas a José Gervasio Artigas. Su falta imperdonable hizo que le pusieran su apellido a Avenida Italia, una arteria que homenajea a todos los italianos, incluyendo napolitanos y sicilianos, a quienes ella siempre despreció.
