El Sindicato Único de Policías del Uruguay (SUPU) emitió un comunicado en el que plantea las múltiples desigualdades a las que se ven expuestas las mujeres policías. “Las funcionarias policiales enfrentamos continuas vulneraciones de nuestros derechos”, aseguran. “Las denuncias por acoso sexual, laboral y discriminación de género se multiplican, evidenciando la impunidad generada por las cúpulas mayoritariamente ocupadas por hombres”, dicen. “Nos encontramos cada vez más expuestas a arbitrariedades y falta de empatía por parte de nuestros superiores, cuyo poder y discrecionalidad se han intensificado en los últimos años”, acotan.

Por otra parte, señalan que “los cambios legislativos, en su mayoría negativos, como los introducidos por la ley número 20.130 en nuestro régimen de retiro y subsidio por incapacidad parcial, nos dejan en riesgo de quedar desempleadas y desamparadas, especialmente ante enfermedades como el cáncer de mama, depresión u otros problemas de salud mental”. “Si enfrentamos una enfermedad que nos inhabilite para la función policial, las tareas compatibles con nuestro estado de salud están siempre sujetas a la voluntad de los jefes, en su mayoría hombres, sin importar las decisiones de la junta médica de aptitud”, enfatizan desde el SUPU.

Para las policías, “la impunidad y el autoritarismo se reflejan en sanciones con descuentos salariales injustificados, desarmes y sumarios, incluso, en ocasiones, siendo víctimas de violencia doméstica”.

“La separación de hijos pequeños con sus madres que deben volver a trabajar a la capital es una constante en nuestra Policía, ya que enfrentamos repetidas negativas a los traslados o pases en comisión solicitados, incluso con informes médicos que avalan los daños generados por esta situación a los menores”, reclaman, y mencionan como ejemplo: “Un hijo que se queda al cuidado de sus abuelos en Rivera y la madre se reintegra a cumplir funciones en Montevideo, sin posibilidad de traerlo ya que no puede cubrir sus cuidados aquí mientras trabaja”.

Con relación a la carrera funcional y profesional, “se vuelve extremadamente difícil; las mujeres que alcanzan altos grados suelen ser discriminadas y acosadas, sin recibir cargos relevantes”, indicaron. En resumen, “el camino como policía femenina se torna cada día más desafiante y lleno de obstáculos”, sentencian.