El viernes 3 de agosto de 1996 se cumplieron 100 años de la fundación de la localidad canaria de Los Cerrillos. El pueblo, que no llegaba a los 2.000 habitantes, estaba enfocado en la organización de los festejos del centenario, que se extenderían todo el fin de semana. Además de los actos protocolares, desfiles militares y la visita del presidente Julio María Sanguinetti, los festejos contaron con fuegos artificiales y el servicio de un móvil con altoparlantes que distribuía la música alrededor de la plaza, frente al banco.

Fabián Sánchez Silva, ahora conocido como “el tunelero”, era el portero del banco. También hacía tareas de mantenimiento y todas las mañanas izaba la bandera nacional en la fachada. Vivía con su esposa y sus tres hijos en una casa lindera que le había prestado el banco. Se estima que el trabajo le llevó meses, lo hizo de madrugada, solo, descartando de a poco la tierra que iba sacando para acercarse a la bóveda.

“Yo sufría los problemas de mis vecinos. Me fui cansando, sabía que precisaba una revolución personal, pero debía buscar que fuera sin sangre ni violencia”, expresó Sánchez durante una salida transitoria en una entrevista publicada por el diario La República, el 14 de mayo de 2000.

En la mañana del lunes 5 de agosto, poco antes de que abriera el banco, cargó unos bultos en un taxi y partió hacia Progreso, donde vivía su madre. Pocas horas después, se entregó a la Justicia en la ciudad de Las Piedras y dijo que no sabía dónde estaba la plata. “Es un tema muy íntimo”, respondió en la entrevista.

La versión oficial dice que se llevó 460.000 dólares, pero otras versiones, incluyendo la de él, dicen que fue más. Las aseguradoras de los bancos fijan un tope de dinero, según la estructura de la bóveda y las condiciones de seguridad del local, por lo que los bancos, si quieren cobrar, no pueden excederse de ese límite. Sánchez salió del Comcar en 2001 y nunca más se supo de él. La casa en la que vivía fue demolida en busca del dinero, pero la policía nunca pudo encontrarlo.

“Fue un caso que obligó a revisar los estándares de seguridad bancaria en Uruguay”, dijo a la diaria el experto en seguridad Edward Holfman, quien fue consultado sobre cómo evolucionaron los sistemas de seguridad bancarios en los últimos 30 años y cuáles eran las chances que podían tener los imputados por realizar un túnel en Ciudad Vieja, que fue descubierto a principios de febrero. Si bien en un comienzo la investigación apuntó que el objetivo era asaltar el banco Itaú, luego la policía planteó que hay elementos que apuntan al BBVA, que queda enfrente, aunque el caso aún no está resuelto.

Holfman, que a mediados de la década del 80 era inspector del departamento de seguridad civil del Ministerio del Interior, encargado de habilitar los sistemas de seguridad de los bancos, señaló que cuando ocurrió el robo en Los Cerrillos se estaba transitando hacia un cambio de paradigma, pasando de una seguridad bancaria más estructural a una tecnológica. Entre varios puntos mencionó que en 1996 había un predominio de la seguridad física sobre la electrónica, alarmas menos integradas, circuitos cerrados de televisión analógicos, menor monitoreo remoto en tiempo real y protocolos que eran muy dependientes del factor humano.

El experto explicó que hay seis niveles de seguridad según las diferentes exigencias que se plantean para su habilitación, y que una sucursal bancaria como la de Los Cerrillos estaba casi en el último nivel de seguridad, apenas por debajo de las casas cambiarias, siendo el mayor nivel las casas centrales de los bancos por el monto de dinero que manejan y los valores en los cofres.

En las sucursales más importantes del interior hay una bóveda, una habitación de hormigón donde se guarda el dinero, pero en las pequeñas localidades había solo cajas fuertes, que -a diferencia de las nuevas cajas de seguridad que están diseñadas para resistir discos de corte, sopletes, lanza térmica, un sistema que produce temperaturas extremadamente altas, utilizado en la demolición industrial pesada- solo estaban hechas para resistir golpes.

Ahora se avanzó en el rediseño de bóvedas y accesos, en la integración de los sistemas, con sensores perimetrales y estructurales, monitoreo centralizado, sistemas biométricos y auditorías periódicas y más exigentes. “Hoy en día robar el tesoro de un banco no es imposible, pero es difícil”.

Holfman dijo que todas las casas centrales de los bancos de Ciudad Vieja tienen la misma estructura y reforzaron el subsuelo con piedras que fueron sacadas del Puerto de Montevideo porque saben que existen las redes subterráneas de la época colonial. Explicó que, una vez que los asaltantes hacen el túnel, deben atravesar ese subsuelo reforzado y salen a un pasillo que rodea el tesoro, que tiene un sistema de alarmas que va retrasando el avance y dando tiempo de respuesta a la policía. Ese pasillo tiene sensores volumétricos, sensores sísmicos y cámaras de televisión. Las paredes del pasillo se hacen con hormigón armado, varillas de hierro y de acero y de diferentes materiales para que los asaltantes deban ir cambiando las herramientas con las que trabajan. Para ingresar al tesoro, hay que atravesar paredes de hormigón armado de 30 o 40 centímetros o ingresar por la puerta, que es de hierro y tiene materiales para evitar que el calor del soplete se concentre y no pueda ser agujereada.

“No podés robar un banco si no tenés información de adentro, porque el banco puede estar con mucho o sin nada de valor”, señaló, y agregó que cuando el grupo está integrado por delincuentes extranjeros, es necesario que conozcan cómo es la operativa de la policía local y los procedimientos. Puso como ejemplo el robo al banco de Boston, a principios de la década del noventa, en el que los asaltantes extranjeros fueron detenidos porque el auto que utilizaron lo habían robado a mano armada, algo que en Uruguay llamó la atención de la policía.

Consultado sobre la hipótesis de que quienes hicieron el túnel buscaban asaltar el BBVA, ingresando por la puerta para luego escapar por el túnel, Holfman dijo que es difícil tomar rehenes y escapar en un lugar como Ciudad Vieja. Además, planteó que si entrás por la puerta, hay lugares con rejas o puertas trampa, que son un pasillo en el que una puerta abre, pero la segunda se abre con la primera cerrada y desde afuera. Por otra parte, la apertura del tesoro se realiza antes de la apertura y después del cierre del banco al público y se programa con un sistema de relojes que no pueden programarse para abrir en el momento. “No es que sea un solo obstáculo, ahora hay como 12 obstáculos para ingresar a un tesoro”.