La Suprema Corte de Justicia chilena confirmó la condena contra el teniente Juan Iván Vidal Olgueta como cómplice del homicidio de la uruguaya Mónica Benaroyo, ocurrido en la ciudad fronteriza de Arica en los primeros meses de la dictadura de Augusto Pinochet.

El máximo órgano de la Justicia chilena informó de la sentencia aprobada por unanimidad contra Vidal, con una pena de tres años y un día de prisión.

En la sentencia, a la que accedió la diaria, la corte señala que la investigación logró comprobar que “al interior del Regimiento se dispuso que el Departamento II participara en las investigaciones, interrogatorios y torturas para obtener información correspondiente a los distintos detenidos por razones políticas, sindicales y/o terrorismo”, identificando a Vidal como uno de los militares involucrados.

Según el documento judicial, Benaroyo fue detenida por efectivos de la Policía de Investigaciones de Chile el 14 de setiembre de 1973 en el hotel Tynos de la ciudad de Arica y fue trasladada al cuartel policial de Investigaciones de la ciudad, donde permaneció hasta el 20 de setiembre de 1973.

“Al momento de su detención se le incautó un manuscrito de ocho hojas realizado por la víctima en relación a su estadía en Cuba, donde realiza menciones sobre el movimiento Tupamaro; una carta fechada en Buenos Aires dirigida a la víctima; una hoja con nombres y direcciones; un recorte de una publicación de un diario de Uruguay de 5 de mayo de 1967; copia de un telegrama de Montevideo a La Habana; y una maleta color café conteniendo gran cantidad de obras de corte marxista”, señala la sentencia.

Fue vista por última vez entre octubre y diciembre de 1973. Fue torturada en dependencias del Departamento II del Regimiento Rancagua, ubicado en el segundo piso. En julio de 2008 fueron encontrados sus restos, momificados por la composición del suelo, en un campo de entrenamiento, en las afueras de Arica.

Nacida en Rumania en 1925, Benaroyo era hija del embajador de Irán en ese país y se había nacionalizado uruguaya en 1954. Era licenciada en Filosofía por la Facultad de Humanidades y Ciencias y trabajaba en el telégrafo Italcable de Montevideo. Afiliada al Partido Comunista desde 1971, estuvo varios meses en Cuba y luego, tras pasar por Uruguay, se radicó en Chile.