“Minutos de terror”, “situación de pánico”, “maltratos de la tripulación”, “falta de comunicación” y “abandono”. Las frases entrecomilladas surgen de los testimonios de algunos de los pasajeros del vuelo comercial UX45 Madrid-Montevideo de la compañía Air Europa, que en julio de 2024 tuvo un accidente durante la fase de crucero que provocó una caída abrupta del avión.
El “grave incidente” dejó un saldo de decenas de personas heridas y provocó un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Natal (Brasil), que no opera habitualmente para vuelos intercontinentales. Un año y medio después del hecho, los pasajeros demandantes (uruguayos, argentinos y españoles) consideran que la respuesta de la compañía aérea ha sido “insuficiente” y analizan la posibilidad de presentarse ante tribunales de la Unión Europea.
Por el momento, sin embargo, siguen adelante las negociaciones extrajudiciales. Para los próximos días, informaron a la diaria desde el grupo de pasajeros, está prevista una reunión virtual entre los representantes legales de Air Europa y los estudios de abogados especializados en derecho aeronáutico Navas & Cusí, con sede en Madrid, y su socio en Miami, Montoya Law, que asesoran a los damnificados desde que se registró el accidente. Dicho intercambio entre abogados será “clave” para determinar si la demanda colectiva se judicializa.
Los afectados que todavía siguen adelante con el reclamo –140 de un total de 325 pasajeros a bordo– tuvieron una reunión virtual en diciembre y mantienen activo un grupo de Whatsapp. En las últimas semanas han decidido hacer públicos algunos de sus planteos, “no para relatar situaciones individuales”, sino para poner sobre la mesa “debates ineludibles” en materia de seguridad aeronáutica, contaron a la diaria.
La lista de temas es larga. Uno de los puntos está vinculado a lo que sucedió en los instantes posteriores al episodio –en resumen, una caída en picada de casi 900 metros, que provocó las roturas y las heridas–, ya que, según relatan, no hubo en ese momento ninguna comunicación desde la cabina de pilotos a los pasajeros. “La ausencia total de información posterior al evento incrementó la confusión y la angustia en un contexto ya crítico, y constituye una falla relevante en la gestión de la emergencia”, señalan.
Estas omisiones y la falta de información no se agotaron en ese momento inicial. También durante las horas posteriores, la respuesta de la aerolínea “resultó claramente insuficiente” frente a la magnitud de lo ocurrido. Los damnificados consideran que la gestión de la emergencia, la coordinación en tierra, la asistencia a los pasajeros heridos y la comunicación con las familias “expusieron carencias” que no pueden atribuirse únicamente al carácter extraordinario del evento.
Esa actitud de la empresa, afirman los pasajeros, se mantuvo también durante los días siguientes: “La falta de información clara, de acompañamiento adecuado y de una comunicación empática profundizó el impacto del incidente”. Un año y medio después, agregan, persiste “un silencio institucional que resulta difícil de comprender y aún más difícil de justificar”.
Otro tema de debate son las causas que provocaron la caída abrupta de la aeronave. Si bien la compañía dijo en una primera instancia que había sido consecuencia de turbulencias, un informe provisional de la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil de España puso en tela de juicio esa versión y concluyó que el evento se produjo como consecuencia de “una acción inadvertida” sobre los mandos de vuelo. “Esta precisión es central para comprender la naturaleza del incidente y para evaluar, con rigor, las responsabilidades que se activan cuando ocurre un evento de esta magnitud”, explicaron a la diaria desde el grupo de pasajeros.
También está en cuestión la aeronave involucrada en el accidente, un Boeing 787-9, que pertenece a una familia de aviones que, sostienen los pasajeros, en los últimos años “han sido objeto de atención internacional por diversos incidentes y reportes técnicos”. “Sin anticipar conclusiones que aún están bajo investigación, estos antecedentes refuerzan la necesidad de transparencia, protocolos robustos y respuestas claras por parte de todos los actores involucrados”, agregan.
Consultados por la diaria, representantes de los bufetes de abogados Navas & Cusí y Montoya Law comentaron que la negociación con la empresa ha sido “correcta” y que la expectativa es que en la próxima reunión con Air Europa se pongan sobre la mesa las primeras ofertas de indemnización. Aseguraron que toda la documentación disponible de los pasajeros ya fue entregada en setiembre de 2025 y que se identificaron tres tipos de daños: físico, moral y psicológico.
Para valuar el llamado “daño moral” –que sería común a todos los pasajeros– se está tomando como referencia jurisprudencial el accidente del crucero Costa Concordia, que se registró en una isla de Italia en enero de 2012. En ese caso, cada damnificado recibió un pago mínimo de 12.000 euros por daños morales y luego se sumaron otros conceptos a quienes sufrieron afectaciones de mayor gravedad.
Otro punto en el que hacen hincapié los pasajeros y sus abogados es la atención especial sobre algunos casos particulares, ya que en el vuelo UX45 Madrid-Montevideo viajaban familias, personas mayores y niños, incluso algunos sin acompañamiento. “Para cualquiera, atravesar una situación de este tipo es profundamente traumático; para un niño, puede dejar una huella duradera. En contextos así, no alcanza con cumplir formalmente los protocolos. Se requiere presencia efectiva, cuidado activo y una responsabilidad empresarial acorde a la magnitud del daño potencial”, señalan los pasajeros.
Este miércoles, tras la entrevista con los pasajeros y sus abogados, la diaria intentó comunicarse con representantes de Air Europa en Uruguay, pero no obtuvo respuesta.