Ante la presentación del proyecto de la Comisión Pro Playa de Piriápolis para mitigar los efectos del cambio climático en la playa del balneario, y dado que no hubo una instancia de intercambio durante la exposición realizada la semana pasada en la sede de la Asociación de Promoción Turística de Piriápolis, el colectivo Naturalmente Piriápolis planteó algunas objeciones respecto a las alternativas, a través de un documento realizado por Déborah Díaz, integrante de la agrupación y de la Red Ambiental Piriápolis y Alrededores (APA).

En el documento, al que accedió la diaria, se cuestiona en primer lugar “cuál es la fuente del sedimento” en caso de realizar una alimentación artificial de arena. Si bien la Comisión Pro Playa señaló que este material sería extraído de bancos de arena de altamar, desde el colectivo consideran que “no hay certezas sobre la disponibilidad de la granulometría y cantidad necesaria de arena [1.000.000 de metros cúbicos para obtener un ancho de playa de 110 metros]” y que “no se toman en cuenta estudios sobre los impactos ambientales”.

En segundo término, se plantea si “se ha calculado el costo de mantenimiento a diez y 20 años” de las alternativas proyectadas para la playa del balneario, ubicada frente al Argentino Hotel, debido a que entienden que “las obras costeras no son una inversión única, sino que requieren reinyección constante de arena o reparaciones tras temporales”.

Asimismo, se señala la necesidad de conocer “cómo afectara la intervención a la dinámica de playas aledañas, como Playa Grande, Playa San Francisco, Playa Hermosa y Playa Verde”, ya que “a veces ‘salvar’ una playa mediante espigones acelera la erosión en la playa contigua”.

Sobre este punto, Jorge Schusman, integrante de la Comisión Pro Playa, dijo esta semana a la diaria que una de las alternativas más viables es la “instalación de espigones de gran tamaño, con terminación en forma de T, que incorpore en la cabecera otra construcción horizontal, para retener la arena y reducir la erosión costera”.

¿Participación ciudadana?

El documento de Naturalmente Piriápolis también plantea “cómo se integrará la voz de la sociedad civil organizada y de los grupos socioambientalistas locales en el diseño de las soluciones”. En este sentido, consulta acerca de la implementación del Acuerdo de Escazú, el primer acuerdo regional ambiental de América Latina y el Caribe, vigente desde 2021, que garantiza la participación ciudadana en asuntos ambientales, así como el acceso a la justicia y la transparencia en estos procesos.

A su vez, consulta si se prevé un “plan de interpretación ambiental” que permita al turista comprender las obras en curso y valorar la playa como un “ecosistema vivo y no solo como un espacio de recreación”.

En síntesis, las principales interrogante apuntan a si las intervenciones se planifican con “una visión integral de ecosistema, dinámico, integrado con su fauna y flora nativa [incluso la presencia de elefantes marinos y aves migratorias]”, y si se considera su sostenibilidad a largo plazo para el ocio, el esparcimiento turístico, para sostener la industria turística, su infraestructura y los ingresos económicos, “sin comprometer a las futuras generaciones en grandes costos de mantenimientos continuos”.

Dos experiencias que “despiertan dudas”

Por otra parte, el colectivo toma como referencia los antecedentes de proyectos similares ejecutados en Brasil y México, que generan “dudas” acerca de la “sostenibilidad” de las propuestas locales.

Menciona el caso del balneario Camboriú (Brasil): tras una gran obra de relleno en 2021, “la playa comenzó a presentar escalones de arena de casi dos metros y la formación de lagunas internas debido a la dinámica marina”. Sobre esa base, entiende que “el relleno no es definitivo y requiere mantenimiento costoso y constante” ya que, en el caso brasileño, hoy se construye un muro subterráneo para proteger la costa de la erosión y la marea alta.

Ante este escenario, Díaz manifiesta la preocupación por el impacto en los ecosistemas marinos, ya que sostiene que “el dragado masivo de arena del fondo marino destruye hábitats y organismos bentónicos (fauna que vive en el lecho marino)”.

Asimismo, advierte que se trataría de una solución “temporal” que no “frenaría la erosión a largo plazo”, dado que “podría generar una alteración de la dinámica costera que, al cambiar la forma de la costa, podría alterar las corrientes y provocar erosión en playas vecinas”.

Otra experiencia destacada es la de Cancún (México), que, según explica la activista en el documento, fue calificada como un “pozo financiero” debido a que el proyecto “costó tres veces más de lo previsto inicialmente y, tras pocos años, el mar volvió a erosionar gran parte de la arena recuperada, obligando a nuevas inversiones millonarias”.

A criterio de Díaz, estos antecedentes demuestran que las obras “duras” y los rellenos “masivos” suelen ser “soluciones temporales que generan gastos perpetuos de mantenimiento”.