El Partido Demócrata consiguió una gran victoria en las elecciones de medio mandato celebradas el martes en Estados Unidos, obteniendo mayorías en las dos cámaras, por lo que los dos últimos años del gobierno del presidente Donald Trump serán con un Congreso completamente adverso a sus intereses.
Mientras en las primeras horas del miércoles todavía se seguían contabilizando votos en muchos estados considerados clave, como Maine, Míchigan, Ohio, Iowa, Kansas y Alaska, las tendencias eran claras y, de acuerdo con todas las cadenas informativas estadounidenses, los demócratas iban a retomar el control de las dos cámaras del Congreso.
La derrota del partido que está en el gobierno en las elecciones de medio término es lo usual en la política estadounidense, en la que el electorado suele castigar al mandatario de turno, pero la caída republicana del martes fue muy importante, lo que seguramente traerá un replanteo interno, más allá de lo que pueda hacer Trump.
La contundente victoria de los demócratas se apoyó en varios factores que ya estaban pesando en la ciudadanía a la hora de evaluar al gobierno del magnate republicano, pero lo que más pesó fue la marcha actual de la economía.
El precio al alza de la nafta y del diésel, que en este último caso se traslada además a los precios de muchísimos productos, viene generando en todos los estados del país un incremento del costo de vida. Esto sumado al rechazo a la guerra con Irán fueron los factores que pesaron con fuerza a la hora de la votación.
Además, particularmente entre la ciudadanía estadounidense de origen hispano, las cacerías promovidas por el gobierno a través de los agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), también generaron un alejamiento del voto latino por los republicanos.
Una de las victorias más resonantes de los demócratas se dio en el estado de Texas, un bastión tradicional de los republicanos. Allí, el pastor presbiteriano James Talarico, de 37 años, derrotó de manera contundente a su adversario republicano, el fiscal general del estado, Ken Paxton, un candidato polémico, sobre quien pesan muchas acusaciones de corrupción, pero que tenía el apoyo decidido de Trump.
Talarico, que logró aproximadamente el 60% de los votos, principalmente gracias al apoyo masivo que tuvo en las principales ciudades del estado, Austin, Dallas y Houston, será el primer senador demócrata texano desde 1988, lo que da cuenta de la relevancia de este triunfo.
Antes de que se conocieran los resultados de los estados donde la contienda era más disputada, los demócratas tuvieron un buen comienzo de noche en su intento de recuperar el control del Congreso, al lograr victorias en luchas para el Senado en Georgia, Carolina del Norte y New Hampshire.
El senador demócrata por Georgia, Jon Ossoff, logró imponerse a su rival en una contienda clave, según informó The Associated Press, mientras que Roy Cooper, exgobernador de Carolina del Norte, arrebató a los republicanos un escaño en dicho estado.
En el sureño estado de Georgia, además del triunfo de Ossoff para el Senado, se dio el histórico triunfo de Keisha Lance Bottoms, quien será la primera gobernadora negra y la primera mujer en ocupar el cargo de gobernadora en Georgia, y la primera mujer negra en ejercer como gobernadora de un estado de Estados Unidos.
El Partido Demócrata durante la campaña les había dado un apoyo fuertísimo tanto a Ossoff como a Lance Bottoms. En ese sentido fue que la semana pasada el expresidente Barack Obama estuvo presente en un acto celebrado en la periferia de la ciudad de Atlanta para apoyar a los dos postulantes. Además de en este evento en Georgia, en esta campaña Obama también había participado en actos en otros dos estados clave, Michigan y Ohio.
Mientras tanto en New Hampshire, un estado que suele variar en sus preferencias y que ambos partidos consideraban fundamental, el representante demócrata Chris Pappas retuvo un escaño para su partido.
La llegada de Pappas a la cámara alta también tuvo un significado especial para la comunidad LGTBIQ+, ya que el legislador de 46 años es el primer hombre abiertamente gay en ser electo para el Senado.
En una noche durísima para el Partido Republicano, también sufrió un duro revés en el estado de Carolina del Norte, donde casi después de 20 años un aspirante al Senado demócrata ganó. Se trata del exgobernador Roy Cooper, quien le ganó la puja por el escaño a Michael Whatley, expresidente del Comité Nacional Republicano.
Cooper, de 69 años, al igual que muchos dirigentes demócratas basó su campaña en la crisis de la asequibilidad y el costo de la vida por culpa de los aranceles promovidas por el presidente Trump.
También en Carolina del Sur, para sorpresa de todos, ya que no era un estado que se considerara en disputa, la victoria fue para los demócratas, ya que en la puja por el senado Annie Andrews derrotó a su rival republicana, Darline Graham, una postulante que era mayoritariamente desconocida, pero que es la hermana del fallecido senador Lyndsey Graham.
La victoria de Andrews supone un logro trascendental para los demócratas, que no ganaban un escaño en el Senado en Carolina del Sur desde 1998.
Dentro de lo previsible fueron las elecciones en el estado de Nueva York, donde la gobernadora Kathy Hochul logró retener su cargo. Pero, además, el legislador demócrata Hakeem Jeffries, líder de la minoría en la Cámara de Representantes, ganó su escaño por el octavo distrito de la ciudad de Nueva York.
Si bien su victoria era esperada, resulta histórica por otro motivo: si los demócratas logran el control de la cámara baja, algo que da por hecho, Jeffries se convertiría en el primer presidente de la Cámara de Representantes negro en toda la historia de Estados Unidos.
Trump, quien semanas antes de las elecciones dijo que iba a reconocer los resultados únicamente si eran “limpios”, siguió el recuento de votos desde la Casa Blanca, específicamente mirando la cadena Fox, aunque a través de varios mensajes que publicó en Truth, la red social de la que es propietario, mostró su molestia con la emisión.
“¡Los índices de audiencia de Fox News han caído drásticamente (un 27 %!) porque dedican demasiado tiempo a cubrir a los “demócratas enloquecidos por Trump” (Trump Deranged Dumocrats)!”, escribió el presidente. “El problema son ellos, no yo; mis cifras están mejor que nunca”, quien en ningún momento asumió que su popularidad entre la ciudadanía estadounidense está más baja que nunca.
En octubre, el índice de aprobación de Trump cayó al 36 % –la cifra más baja registrada en una encuesta del New York Times y Siena College–, y la mayoría de los encuestados expresaron su frustración por su gestión de la economía estadounidense, el costo de vida y la situación con Irán.
Además, siguiendo otra de sus tendencias reiteradas, atacar periodistas mujeres, Trump atacó a una de las presentadoras de Fox News, Jessica Tarlov.
Esto quedó claro cuando el presentador de Fox News, Greg Gutfeld, quien leyó la siguiente publicación de Trump: “Dile a Tarlov –que es la PEOR– que los precios de la gasolina están más bajos que durante las administraciones de Biden y Obama, y que ellos permitieron que Irán obtuviera la bomba nuclear”.
Poco antes, en otro comentario en su red social, el mandatario calificó a Tarlov de ser “más tonta que una piedra”.
