El presidente estadounidense, Donald Trump, se reunió este martes en la Casa Blanca de manera sucesiva con su par ucraniano, Volodímir Zelenski, y con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en un momento en que Kiev pretende tener más poder de fuego para sus defensas aéreas contra los ataques rusos y el líder del Likud está tratando de recomponer su relación con Trump.
El único momento en el que los tres mandatarios estuvieron juntos este martes fue durante el funeral del senador republicano Lindsey Graham, quien falleció repentinamente de un ataque cardíaco el 11 de julio, pocos días después de retornar de Kiev, la capital ucraniana. Graham era un ferviente partidario de la política exterior intervencionista estadounidense y, en esa línea, apoyó fuertemente a Ucrania, además de ser durante toda su trayectoria política un defensor acérrimo de Israel.
La visita de Netanyahu a la Casa Blanca fue la primera que hizo desde que él y Trump lanzaron su campaña militar conjunta contra Irán el 28 de febrero, en un momento en el que las relaciones entre ambos mandatarios están en su momento más bajo.
Las tensiones entre ambos vienen aumentando a medida que la guerra en Irán se prolonga sin resultados decisivos. Desde entonces, el magnate republicano habló públicamente de manera desdeñosa sobre Netanyahu al punto de que la Casa Blanca llegó a filtrar a la prensa diatribas soeces de Trump menospreciándolo.
En la misma línea, los israelíes quedaron fuera de las negociaciones con Irán, y las opiniones del gobierno de Netanyahu fueron completamente ignoradas en cuestiones como la venta de aviones de combate F-35 a Turquía, país que hoy está fuertemente enfrentado a Israel.
Todo esto ocurre mientras la popularidad de Netanyahu cae en picada en la opinión pública estadounidense. Una reciente encuesta realizada por The Economist y YouGov reveló que casi la mitad de los estadounidenses consultados opinaba que el primer ministro israelí debería ser detenido a su llegada al país por crímenes de guerra perpetrados en la Franja de Gaza.
De hecho, la administración de Netanyahu debió insistir durante varias semanas para que el mandatario sea recibido por Trump, en un momento en el que los dos líderes están soportando fuertes presiones internas.
Netanyahu se encuentra en una difícil posición para retener el gobierno en las elecciones parlamentarias de octubre, mientras que Trump está bajo presión para poner fin a una guerra que es rechazada casi por el 70% de los estadounidenses, que además provocó un aumento de los precios antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, en las que el mandatario se juega mucho.
Según un funcionario de la Casa Blanca, estaba previsto que en la reunión a puertas cerradas –que duró cerca de una hora– se abordara la cuestión de Irán, un acuerdo marco firmado por Estados Unidos e Israel con Líbano y una posible ampliación de los Acuerdos de Abraham.
Netanyahu también afronta la tarea de asegurar a Trump que no obstaculizará la diplomacia liderada por Estados Unidos en Gaza y Líbano, en un momento en el que el apoyo a Israel de la opinión pública estadounidense baja de manera sostenida.
Al contrario de lo que pasó con el líder israelí, la reunión de Trump con Zelenski fue cordial, de acuerdo con lo que afirmaron ambas partes.
En un comunicado, el presidente ucraniano informó que había abordado acuerdos de licencia para permitir que su país fabrique sus propios interceptores para los sistemas de misiles Patriot.
“También hablamos de diplomacia; es importante revitalizar el proceso diplomático”, declaró Zelenski. “Nuestros equipos coordinarán los detalles de sus futuras comunicaciones. Agradezco a Estados Unidos su firme apoyo”, agregó el mandatario, quien sigue teniendo a Washington como su principal apoyo en la guerra con Rusia.
