Luis Suárez es nuestro Diego Maradona. Mientras juegue, mientras sus gambas le permitan hacer algo de su juego, él tiene que estar en el plantel. Por único e inexplicable, porque habrá y hay otros mejores en el momento, y ojalá que por muchos años más, como Darwin Núñez, pero ninguno como él.

Esta vez su omnipresencia casi indiscutible fue por ausencias; la de Darwin, que ya nos mostró cuán importante es y será en las que duelen, y la de alguien que todavía no se avizora en el corto plazo –tan corto como lo que queda para la Copa América– y que pueda ser capaz de resolver en minutos lo que lleva meses y años para preparar y ejecutar: meter goles.

Que nunca falte

Entre el 7 de febrero de 2007 y el día de esta publicación, Luis Alberto Suárez ha jugado con la selección uruguaya 138 partidos. En el mismo período la celeste ha salido a la cancha en 208 oportunidades, lo que quiere decir que han sido 70 las ausencias del gran goleador, el máximo en la historia de la celeste con 68 goles gritados.

Hasta 2023, las veces que Lucho no estuvo en la convocatoria fue por lesiones, dolores, acuerdos con el club en el que estuviera o suspensiones; en todo el proceso del Maestro Tabárez no sólo fue un fijo, sino que fue un indispensable.

Así fue por 15 años, y cuando llegó Diego Alonso para dirigir en cuatro partidos de la Eliminatoria y en tres del Mundial, fue tan trascendente su presencia como su ausencia en los tramos de los partidos en que el Tornado dispuso que no estuviera en la cancha. Todo ello sucedió desde los 20 años recién cumplidos hasta los 36, cuando las primera convocatorias de Marcelo Bielsa, en las que mucho se hablaba de Luis pero Suárez no aparecía en las listas, mientras en Brasil llevaba adelante una de las más fantásticas campañas de Gremio de Porto Alegre, que viniendo de la B dio insospechada y épica batalla en las 38 jornadas del Brasileirão para terminar segundo apenas dos puntos debajo del campeón Palmeiras.

Al final, ya cerca de los 37 años, Bielsa lo citó para el quinto y sexto encuentro de la Eliminatoria, es decir, estuvo en la tercera lista oficial del rosarino y apareció en la cancha con enorme expectativa en el Centenario en los últimos minutos del partido ante Bolivia.

Valor

Hay una cuestión altamente subjetiva en las valoraciones acerca de Suárez, que en la mayoría de los casos está cargada de emoción y admiración por la carrera del salteño que nos ha permitido, a dos o tres generaciones de uruguayas y uruguayos, apreciar y disfrutar de uno de los mejores jugadores del mundo, y casi seguramente al mejor de los nuestros que hemos visto en los últimos 50 años.

Pero hay también una valoración técnica, específica de su materia y de su rol como integrante de un combinado de los mejores, en el que no se mide su pasado, ni su aptitud física de otros años, ni su potencia o resistencia, y se sigue valorando su capacidad y experticia para aportar al colectivo en el momento o los momentos en que se le precise dentro de la cancha.

Mientras pueda

Esta vez Luis ha tenido omnipresencia por ausencias en el ataque de la selección uruguaya. Tal vez no esperábamos que fuera convocado para tener que viajar a Europa a entrenar mientras en su primer mes oficial en Miami, Estados Unidos, ha sumado ya seis goles y cinco asistencias en un puñado de minutos en cinco partidos de la MLS, y dos de la Concachampions, pero la ausencia del indiscutido Darwin Núñez ha dejado establecido que ahí hay un escalón muy grande entre él y sus posibles sucesores, y que Suárez, mientras juegue en el fútbol de élite, mientras se pueda mantener cerca del área rival por media hora o un cuarto de hora, tiene que estar en la lista de cuanta competencia oficial pretenda disputar Uruguay.

Es un grande, el mejor que hemos disfrutado los uruguayos y las uruguayas que hemos acompañado a la celeste en la era digital.

Es nuestro Maradona, pero por un par de miles de metros de río uruguayo, y como el Diego, mientras se mantenga en cancha y juegue su selección, él tiene que estar.