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Opinión Posturas

Cómo no comparar a Lula con Bolsonaro

“Yo admiro a Bolsonaro”, dijo un senador de la República de la oposición. Qué claridad de valores y de principios contiene esa manifestación.

¿Admira a Bolsonaro padre? Seguramente conoce que durante el tratamiento del juicio de destitución de la entonces presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, felicitó al militar que la sometió a torturas durante la dictadura de Brasil.

¿Lo admira porque practicó un fallido golpe de Estado cuando perdió unas elecciones reconocidas unánimemente como válidas por todas las misiones internacionales que observaron el proceso electoral e incluía ejecutar al presidente electo? ¿Lo admira por racista, misógino, xenófobo, aporofóbico, fascista? ¿Solo por alguna de sus declaradas convicciones o por todas ellas?

¿El senador admira la imposición de su hijo como candidato de la ultraderecha en lugar de políticos de derecha de larga trayectoria, como el exgobernador de San Pablo Tarciso Fleitas? ¿Lo admira por el nepotismo extremo demostrado?

Quizás admire el profundo humanismo del candidato Flávio Bolsonaro cuando manifestó su sensibilidad burlándose de un candidato como Lula da Silva, de solo nueve dedos en las manos. ¿Conocía el senador que Lula perdió un dedo en su juventud temprana trabajando en una metalúrgica para ayudar a su madre y poder lograr que todos sus hermanos comieran casi todos los días?

Es posible que lo admire por afirmar que se quedaría en su país para denunciar un fraude electoral que nadie en el mundo reconoce, pero luego fugarse inmediatamente.

¿Se olvida el senador de que Lula permaneció en el país, fue procesado y preso acusado de delitos que no cometió, como la propia justicia determinó posteriormente? ¿Sabía que lo hizo negándose a ampararse en sus fueros y mucho menos saliendo del país como le sugirieron varios?

Estas preguntas las estoy formulando al senador del Partido Nacional, Sebastián da Silva, y a quienes piensen y sientan que la condición del ser humano no importa mucho cuando hay que decidir en democracia. Justamente, la política es la manifestación de la vida en la que más importa dicha condición.

Si no siento empatía por mis semejantes que sufren carencias o discapacidades; si no me duele que a un ser humano se lo discrimine por su color de piel, su género, sus bajos ingresos o su orientación sexual; si no me indigna la desigualdad, la pobreza y la indigencia; si no me interesa ser solidario, luchar por quienes menos tienen y buscar la mayor felicidad posible de la mayor cantidad de gente posible en mi país y en el mundo, siento que no podría ser buen político, buen empresario, buen trabajador, buen profesional, buen policía, buen legislador.

Aspiro a que la inmensa alegría que la victoria de Lula ha despertado sea, antes que nada, por su condición humana, ya que la enaltece.

No puedo admirar a Bolsonaro padre, tampoco a su hijo. Más bien pienso que el mundo con el que sueño transmita con libertad y convicción democrática los mejores valores del ser humano para que no haya Bolsonaros de condición humana tan reprobable.

Aspiro a que la inmensa alegría que la victoria de Lula ha despertado sea, antes que nada, por su condición humana, ya que la enaltece. Es una gigantesca bocanada de esperanza para el humanismo en el mundo entero.

En una sola cosa coincido con el senador: cómo no comparar a Lula con los Bolsonaro. A veces es bueno que haya personas que sean tan sinceras como para sentirse interpretadas por personas que expresan las peores condiciones del ser humano.

Nos permite sentirnos orgullosos de admirar a un gigante de bondad, coraje, dignidad y compromiso como Lula. Uno de los políticos más destacados del mundo por su inmensa humanidad.

Carlos Pita fue embajador de Uruguay en Chile, España y Estados Unidos.