El presidente Yamandú Orsi fue invitado a participar como expositor en la primera reunión del grupo Global Progressive Mobilisation (Movilización Progresista Global), una iniciativa lanzada por Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista Obrero Español y presidente del gobierno de su país, y Stefan Löfven, presidente del Partido de los Socialistas Europeos y ex primer ministro de Suecia. Sin que Orsi haya decidido aún si asistirá al encuentro, que se realizará en Barcelona el 17 y el 18 de este mes, su eventual participación ya fue cuestionada desde el Partido Colorado por el exdiputado Washington Abdala, el diputado Felipe Schipani y el senador Andrés Ojeda, con fundamentos distintos y contradictorios.

Los tres fueron seguidores de Julio María Sanguinetti, pero parecen haber olvidado que este fundó en 1996, durante su segunda presidencia, el Círculo de Montevideo, integrado por los españoles Felipe González y Jordi Pujol, el brasileño Fernando Henrique Cardoso, el colombiano Belisario Bentancur y el chileno Ricardo Lagos, entre otros.

Sí, pero no

Schipani es abogado, pero no constitucionalista. El martes de la semana pasada, sostuvo que la Constitución les prohíbe a quienes ejercen la presidencia de la República “participar de actos de carácter político, aun cuando se pretendan presentar como instancias internacionales”, y adelantó que no descartaba “ningún mecanismo constitucional para hacer valer la responsabilidad política” de Orsi si este asistía a la reunión en Barcelona.

El único procedimiento previsto en la Constitución para ello es el llamado “juicio político”, que requiere dos tercios de los componentes de la Cámara de Representantes para presentar una acusación ante el Senado, y dos tercios de los componentes de este para dictar sentencia, separando a la persona acusada de su cargo. La necesidad de semejantes mayorías indica que la iniciativa solo podría fracasar, pero además es esencialmente descabellada.

La prohibición constitucional aludida por Schipani no se refiere en términos generales a “participar de actos de carácter político”. Especifica que un presidente no puede “formar parte de comisiones o clubes políticos, ni actuar en los organismos directivos de los partidos, ni intervenir en ninguna forma en la propaganda política de carácter electoral”. La intención es muy evidente, y también lo es que la reunión a la que Orsi fue invitado no le está vedada.

(Acotemos aquí que, pese a la norma constitucional, los presidentes uruguayos suelen influir mucho y de distintas formas en las campañas electorales. Y que además la propia Constitución les permite intervenir en ellas, postulándose al Senado antes de que terminen sus mandatos).

El día anterior, Abdala había planteado una objeción diferente, alegando que “un presidente de todos no debería ir a eventos ideológicos militantes”, ya que su doble condición de jefe de Estado y jefe de gobierno “le impone recato en circunstancias varias”. También sostuvo que va contra los intereses de Uruguay contrariar en este momento a “la potencia continental” (obviamente, Estados Unidos). Como se ve, no sostuvo que una eventual participación de Orsi en el encuentro de Barcelona violara la Constitución, sino que sería inconveniente.

No, pero sí

El martes Ojeda anunció que si Orsi solicitaba la autorización del Senado para ausentarse del país, a fin de asistir a la reunión en la capital catalana, su sector votaría en contra. Los fundamentos que manejó retomaron el argumento de Abdala (un presidente, dijo, “no viaja como dirigente político, no viaja como militante, viaja como jefe de Estado; representa a Uruguay y a todos los uruguayos”), pero a la vez lo contradijeron.

Según el senador colorado, la asistencia de Orsi al encuentro puede determinar que Donald Trump deje a Uruguay fuera de su Coalición Anticárteles, también conocida como Escudo de las Américas. El presidente estadounidense solo convocó a participar en esa iniciativa a gobernantes de la región que están alineados con él. Lejos de pedirle a Orsi el “recato” de no sumarse a un bloque ideológico, Ojeda le pide formar parte, sin vergüenza, del agrupamiento liderado por Trump y no del que se reunirá en Barcelona.

Un dato bochornoso adicional fue que el anuncio de Ojeda, planteado en la media hora previa de una reunión del Senado, se realizó cuando faltaban pocas horas para que se cumpliera un ultimátum de Trump a las autoridades iraníes. El presidente estadounidense, como sabemos, había demandado un desbloqueo total de la navegación por el estrecho de Ormuz, asegurando que si esto no sucedía antes de la noche del martes, ordenaría un ataque arrasador contra la infraestructura civil de Irán, con consecuencias catastróficas para toda su población.

Mientras el mundo aguardaba en ascuas, al senador colorado no se le ocurrió mejor idea que abogar por el yugo de Trump, quien amenazaba con cometer crímenes de guerra aún peores que los que ya constan en su prontuario. En una coyuntura dramática, Ojeda no dio la talla.