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Opinión Posturas

El futuro orden global

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Se han producido acontecimientos bélicos entre Europa y Medio Oriente que, según culminen, generarán en los hechos un futuro nuevo orden mundial. Más allá de que el período de decadencia de la hegemonía occidental estaba en curso desde el cambio de siglo, por múltiples y diversas situaciones el “proceso de transición hegemónica” se aceleró sustancialmente con estos dos sucesos mencionados y su evolución.

Si bien son procesos muy diferentes entre sí, tienen como denominador común dos hechos incontrastables. Primero, la decadencia, y, luego, la actual pérdida de la hegemonía de Estados Unidos, además del ascenso definitivo de China como superpotencia mundial.

El reciente encuentro en Pekín entre los mandatarios de ambos países, Xi Jinping y Donald Trump, dejó indiscutiblemente plasmada la posición de China como uno de los polos de poder mundial, con el reconocimiento implícito y explícito de Estados Unidos. China fijó objetivos y le expuso a su interlocutor una enorme línea roja no cuestionada. Definió con claridad un esquema de trabajo global multilateral, basándose en el respeto a la ley internacional y al diálogo y la negociación como único método válido de resolución de controversias entre naciones. Al rechazar el uso y la amenaza de la fuerza como alternativa, China se reafirmó frente al mundo como una superpotencia que ofrece un camino de cooperación, diferente al de la aceptación de imposiciones por la fuerza o las amenazas.

Estados Unidos se encuentra en una situación de vulnerabilidad extrema y en riesgo de perder definitivamente el control en Medio Oriente, compartido con Israel. Sus grotescos errores de cálculo iniciales y su errática conducta posterior lo han debilitado sustancialmente, tanto en su credibilidad como en lo interno. Su único aliado, Israel, se encuentra en el máximo nivel de aislamiento internacional de su historia.

En Europa se produjeron ataques hacia objetivos en territorio ruso que generaron dudas sobre el origen geográfico de alguno de ellos, más allá de que las armas y la inteligencia fueron suministradas por la propia Europa. Lo que parecía acercarse al final de la guerra iniciada por Rusia en Ucrania para hacer cumplir los “acuerdos de Minsk”, referidos a cesar los ataques del gobierno de Kiev contra las zonas orientales de Ucrania rusohablantes, con su “operación militar especial”, se prolongó mucho más de los cálculos iniciales de Putin. Ello lo llevó a tener que definir una ofensiva militar final contra Kiev, con el riesgo inminente de un involucramiento mucho mayor de la Unión Europea y el riesgo de una guerra que escale a todo el continente y pueda desencadenar el uso de armamento nuclear.

Los cálculos iniciales de Rusia y Estados Unidos resultaron equivocados y llevaron a situaciones que, aunque muy diferentes, distan mucho de lo que ambos pronosticaron. Estados Unidos se encuentra atrapado, buscando casi con desesperación un acuerdo con Irán, que es saboteado por Israel. Por su parte, Rusia se vio obligada a responder a los ataques recibidos en su territorio, desencadenando una ofensiva en Kiev y debatiendo eventuales ataques en territorios directos de países de la OTAN desde donde no solo se le suministraron a Ucrania armas e inteligencia para concretarlos, sino desde donde se descuenta que también algunos fueron lanzados.

En pocos meses nos podremos acercar a un pronóstico mucho más preciso del futuro del ordenamiento global y su posible funcionamiento. Se trata de un futuro muy diferente al orden mundial surgido al fin de la Segunda Guerra Mundial y del mundo unipolar posterior a la implosión de la Unión Soviética.

En la Unión Europea crece con fuerza un discurso belicista y sus miembros comienzan a definir y aplicar presupuestos marcadamente armamentistas con Alemania a la cabeza. Ello pone un máximo de tensión frente al peligro de una escalada nuclear. Nadie parece estar en condiciones de afirmar cómo se ordenará el esquema de poder mundial. Lo que sí queda claro es que se acabó la hegemonía de Estados Unidos.

También queda claro que China va a ser uno de los polos o el líder al frente de uno de los polos de dicho orden futuro. Resulta evidente que Rusia es bastante más que una superpotencia nuclear y un gigantesco productor de energía. Solo su tamaño le asegura ser en los próximos tiempos el país con más grandes recursos estratégicos.

Su alianza estratégica con China se afianza cada vez con mayor profundidad y refuerzan la percepción generalizada del desplazamiento del centro del mundo hacia oriente. Los BRICS (coalición inicialmente integrada por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), con todas sus diferencias, manifiestan un camino de expresión del Sur global, bajo el amparo de China y Rusia.

Europa sigue siendo una incógnita con dificultades de definición estratégica que está demostrando con creces en la coyuntura más reciente y actual. En pocos meses nos podremos acercar a un pronóstico mucho más preciso del futuro del ordenamiento global y su posible funcionamiento. Se trata de un futuro muy diferente al orden mundial surgido al fin de la Segunda Guerra Mundial y del mundo unipolar posterior a la implosión de la Unión Soviética.

Carlos Pita fue embajador de Uruguay en Chile, España y Estados Unidos.