La directora y maestra Fiorela Vacaro, oriunda de la ciudad de Paysandú, está al frente de la lejana escuela 29 Vaimaca Perú, viajando los fines de semana a su residencia. “Durante la semana vivo en Tiaticura, ya que el ómnibus pasa los días lunes y viernes”, le dijo a la diaria.
Los cinco niños están muy entusiasmados, curiosos y comprometidos con el proyecto. “Buscamos recuperar y poner en valor la propia historia de la escuela y su vínculo con la identidad del territorio”, dijo Vacaro.
¿Dónde queda la escuela?
La escuela 29 se encuentra sobre la ruta 90 en la localidad de Tiatucura, a 180 km de la ciudad de Paysandú. Fue fundada el 12 de octubre de 1907. Desde su creación y hasta el año 1913 funcionaron en ella dos instituciones educativas: la escuela 29 para niñas y la 45 para varones.
A partir de 1914, quedó funcionando únicamente la 29, que en ese entonces contaba con una matrícula de 105 alumnos. En el año 1983 se construyó el edificio en el que actualmente funciona, cuya inauguración fue el 17 de marzo de ese año.
Posteriormente, en 2004, la escuela recibió el nombre de Vaimaca Perú, en homenaje al cacique charrúa y como forma de mantener viva la memoria y la identidad vinculada con los acontecimientos ocurridos en Salsipuedes, el 11 de abril de 1831.
Por ello, y considerando la estrecha relación entre el nombre de la institución, la historia de la localidad y la presencia de la cultura charrúa en nuestra identidad, se consideró pertinente crear y presentar un espacio indígena dentro de la escuela.
Trabajo colaborativo entre los niños
Actualmente, la escuela cuenta con una maestra directora y cinco niños: uno de educación inicial (4 años); dos de 3º año y dos niñas de 5º. Al tratarse de una escuela unidocente, los distintos niveles comparten diariamente espacios, experiencias y propuestas de aprendizaje, lo que favorece el trabajo colaborativo entre los niños. El horario escolar es de 10.00 a 15.00 y se cuenta con servicio de almuerzo.
“Muestra Indígena es un espacio que actualmente se encuentra en construcción, la intención es que pueda crecer y enriquecerse con el paso del tiempo y que, en el futuro, los docentes y niños que lleguen a la institución puedan continuar construyéndolo”, dijo la maestra.
“Pensamos este espacio como una oportunidad para que quienes visiten la escuela puedan acercarse a la historia de los pueblos originarios de nuestro país, especialmente al pueblo charrúa, conocer aspectos de su cultura, sus formas de vida, su lenguaje, sus saberes y su vínculo con la naturaleza, contribuyendo así a su reconocimiento y revalorización”, agregó.
Asimismo, apuntó: “No pretendemos que sea solamente una exposición de objetos, sino un espacio vivo, que pueda seguir construyéndose a partir de historias, relatos, conocimientos, materiales y aportes de distintas personas de la comunidad”.
Información, relatos, historias, experiencias y conocimientos
“Al día de hoy contamos todavía con pocos objetos, ya que se trata de un proyecto que recién estamos comenzando a construir. Hemos recibido valiosas donaciones de Omar Moyano, de Elena Santana y sus hermanos, Juan Carlos Ualde y del Grupo Derecho Indígena”, contó.
“Además de los materiales concretos, estas personas y grupos nos han brindado algo que consideramos especialmente importante: información, relatos, historias, experiencias y conocimientos que nos han permitido aprender y enriquecer el proyecto desde diferentes miradas”, detalló.
Vacaron indicó que pretenden inaugurar la muestra en el mes del Patrimonio. “A partir del 3 de octubre participaremos junto a otras escuelas en una muestra que se realizará en la Inspección de Escuelas de Paysandú. Posteriormente, el lunes 19 de octubre, tenemos previsto abrir el espacio de la muestra en nuestra propia escuela para compartirlo con las familias, integrantes de la comunidad y todas aquellas personas interesadas en conocer el proyecto”, adelantó.
Niños: “quieren saber cómo vivían, cómo se vestían, qué animales cazaban, qué significaban sus rituales”
¿Cuentan con el apoyo de la Inspección?
Sí. Desde los comienzos del proyecto hemos contado con el acompañamiento de Inspección, especialmente de la inspectora de zona, Ana Rotundo, quien ha seguido el proceso, alentado la propuesta y promovido su realización.
¿Los niños están enganchados con la idea?
Sí, están muy entusiasmados, curiosos y comprometidos con el proyecto. Para ellos ha significado la posibilidad de aprender a partir de preguntas, relatos, objetos, imágenes, experiencias y conversaciones con personas que conocen y transmiten estos saberes, también han podido convertirse ellos en enseñantes, compartiendo lo aprendido con otras escuelas mediante videollamada.
A medida que avanzamos, han surgido muchas preguntas e inquietudes de los propios niños: quieren saber cómo vivían, cómo se vestían, qué animales cazaban, qué palabras utilizaban, cómo se relacionaban con la naturaleza, qué significaban sus rituales y cómo transmitían sus conocimientos.
Es una construcción abierta
También han participado en diferentes propuestas vinculadas con el tema, como el acercamiento al arte rupestre, la exploración de palabras de origen indígena. Lo más valioso es que no están viviendo el proyecto solamente como una actividad escolar, sino como una oportunidad para descubrir y valorar una parte de la historia y de la identidad del lugar en el que viven.
Queremos que sean ellos también quienes ayuden a construir y transmitir este espacio, para que puedan sentirlo como parte de su escuela y de su comunidad.
La intención es que la muestra no sea un proyecto que termine con una inauguración, sino una construcción que quede abierta para seguir aprendiendo, preguntando, incorporando nuevos aportes y manteniendo vivas las raíces culturales de nuestro territorio.
