En diálogo con la diaria, el docente investigador de la Udelar Pedro Russi, adscripto al Departamento de Ciencias Sociales del Cenur Litoral Norte, reflexiona sobre la inteligencia artificial (IA) y sus consecuencias.
Para este investigador, las élites mundiales “están atacando las formas de gobernanza, de la salud, de la educación, en un sentido micro y macro”. Las escuelas de las élites “tienen música, teatro, literatura, estudian. [Sean] Parker, socio de [Mark] Zuckerberg dice que Dios nos perdone por lo que estamos creando. Esa es la cuestión”.
¿Qué sería o qué es la IA? ¿Es una metatecnología?
No es ni IA. Eso es importante decirlo porque no es inteligente: no tiene las características de lo que se entiende como inteligencia, en el sentido de la autonomía de la inteligencia.
La IA es un sistema lógico de funcionamiento. Lo es porque sigue una dinámica de relación algorítmica, que permite una determinada dinámica de información, tener determinados datos para producir otros.
La IA es una lógica, es una articulación lógica de muchos datos, y eso es lo que, a veces, se confunde con la idea de autonomía.
Maneja una cantidad muy amplia de información que hace que se crea que es inteligente y que tiene conciencia. El dato humano es un insumo central.
La llamada IA es importante por los soportes que nosotros tenemos para la misma, como los bots, los chats, Chat GPT, el deepseek, el cloud, todo eso.
¿Hablamos entonces de un sistema lógico?
Es un sistema lógico que trabaja con información, y articulando esa información propone otras posibilidades. Pero hay una base que es información dada por el ser humano. Millones de personas contratadas a bajísimo precio, casi de esclavitud, van poniendo datos, cargando información para ir completando los casilleros propuestos por las empresas que están justamente por detrás.
En determinados países del mundo, específicamente en lugares más desfavorecidos económicamente, empleadas domésticas que están haciendo su actividad con cámaras celulares prendidas en una vincha van filmando cómo cocinan o cómo limpian, y esos son datos que se están suministrando a las empresas para que después se puedan crear los famosos robots de limpieza que van apareciendo con antropomórfica, con forma humana.
Objetivo: cambio civilizatorio
¿Se plantea un cambio civilizatorio?
Sí, es un objetivo. Si nosotros tomamos Palantir, están Peter Thiel y Alex Karp, que son los referentes, pero hay otros más. Lo que están proponiendo ya se proponía en los años 90, con las plataformas de pago. Lo explicitan en el texto que hace Palantir en los 22 tópicos que redactaron sobre la IA.
¿Cómo lo están procesando?
Está dentro de esos 22 puntos que decía, pero también dentro de un libro que tiene unas 400 páginas, que es de Elon Musk. Palantir, una de sus propuestas, es cómo hace el cambio civilizatorio; no es a corto plazo, ni puntual, ni ahora, sino a largo plazo. Estamos viviendo uno de los resultados de ese largo proceso iniciado en los 90. Se trata de romper con los tejidos que sustentan una sociedad.
¿De qué tejidos que sustentan la sociedad hablamos?
El Estado, la salud, la educación, el trabajo y el tipo de gobernanza. Y no es por casualidad que ellos atacan los espacios democráticos, por eso se los denomina como neofascismo, neoconservadurismo o neoderecha. No es casual que los 12 que sustentan al gobierno de Donald Trump son personas de la tecnología. Argentina se ha vinculado con Palantir.
Argentina y Brasil hicieron un convenio con Palantir. Hay una lógica que se viene construyendo hace mucho tiempo, donde la tecnología no solamente no es ajena a nuestro cotidiano, sino que también es una forma de construcción mental.
“Hay un negacionismo del conocimiento”
¿Qué sería un cambio civilizatorio?
En el momento en que [Nayib] Bukele en El Salvador instala la salud pública a través de la IA y todos los datos que se suministran, son formas de concebir la salud totalmente diferente, donde la relación médico-paciente no está más. Es una reconfiguración de la geopolítica.
Por ejemplo, yo, Pedro, que tengo una determinada situación de salud, informo a una base de datos para que ellos se junten y me den un resultado, totalmente fuera de la interacción, fuera de los signos, no hay una intermediación. ¿Se entiende por dónde está el cambio civilizatorio? El asunto es cómo mentalmente me relaciono con esos datos; tienen un lugar y es ahí donde está la reconfiguración civilizatoria. Es un lugar de saber absoluto, casi puro, trascendental, un ámbito religioso; hacemos un acto de fe.
Si lo llevo al ámbito de la política empiezo a decir, como [Javier] Milei, que vamos a hacer un país de la IA, vamos a juntar toda la información y a hacer un Parlamento de IA, porque nos ofrecerá una verdad absoluta.
En este cambio civilizatorio hay un negacionismo del conocimiento. Se empieza a eliminar toda posibilidad de conocimiento, es decir, toda posibilidad de construcción creativa de la duda, que es lo que me permite conocer.
¿La IA le disputa el poder al trabajo intelectual?
Yo estoy en desacuerdo con esa lectura. Cuando digo que la IA disputa el proceso intelectual, la estoy poniendo en el mismo estatus humano. La forma en la que nosotros vamos pensando, la diversidad que tenemos, el hecho de darle un estatus, de creer que estamos hablando con alguien humano, humanizamos eso.
¿Por qué dejamos de ser humanos?
Porque empezamos a no reconocer nuestras potencialidades que tenemos en los procesos mentales. Lo que nos responde la IA es consecuencia de que nosotros le aportamos datos. Al darle un sentido de humanidad se da el cambio civilizatorio.
Por ejemplo, en Estados Unidos, en pequeñas comunidades hay ciertas resistencias, en particular a la instalación de data centers. ¿Hay suficiente debate sobre estas cuestiones?
El debate se está dando, pero es insuficiente. En el momento en que la información circula por determinadas vías y cuando sus dueños pueden cortarlas se elimina la posibilidad del debate. Estamos en una sociedad en la que los encuentros para debatir son cada vez menos.
La élite no utiliza computadores en las escuelas. Eso es una cuestión interesante.
¿Qué interpretación le das?
Hacen una escuela de élite. Tienen música, teatro, literatura, estudian. Parker, el socio de Zuckerberg, dice que Dios nos perdone por lo que estamos creando. Esa es la cuestión. Palantir dice que hay que devolverle a Silicon Valley todo los que nos ha dado. Eso significa darle el poder que merece, que es este poder organizativo.
¿Decís que se elimina todo proceso analítico?
Es que cuando yo domino un tejido social y cuando le saco los elementos que puedan ser disruptivos, se pierden conocimientos que puede instalar una duda.
Si yo solamente te ofrezco y te hago creer que pasar de clase es igual que tener conocimiento, hay un determinismo. Hay una eliminación de todo proceso analítico. Por eso este movimiento es un negacionismo más fuerte que el que hubo en la Edad Media.
Cuando yo tengo una clase que piensa y una clase que obedece, preciso que esta clase que obedece no ofrezca ningún riesgo de subversión.
Una cosa fue pensarlo muchos años atrás y otra es ahora, con la cantidad de elementos y dispositivos tecnológicos que tenemos. No es casualidad que la creatividad en la arquitectura y en lo musical se haya reducido y que los productos que vemos son cada vez más repetitivos.
Las élites generan pienso
Estamos en un tejido donde el proceso mental que se reproduce es el de 0.1.0.1. Donde yo, a nivel cerebral, reduzco las posibilidades de dinámicas de interacción sináptica creativa. Peter Thiel viene del área de la filosofía, Alex Karp también, de la historia, las áreas humanas. Pero en estas empresas hay psicólogos, neurólogos, neurocientista, pensando cuáles son los puntos clave. Eso es lo que está en juego.
El pizarrón sustento innovador
Si yo le saco el arte, la expresión, la creatividad de la sociedad va a tener menos posibilidades. Ahora, si yo esto se lo doy a una élite va a tener las posibilidades de salir del 0.1. Pero la salida del 0.1 no es por una cuestión creativa, es por cómo puedo implementar dinámicas de control del poder.
¿Se puede decir que la IA es un terremoto?
Yo creo que sí. Pero a mí lo que más me preocupa va por otro lado. La IA es la misma sensación que un dicho portugués: “Água mole em pedra dura, tanto bate até que fura”, es decir, cuando el agua va goteando sobre una piedra dura, golpea tanto que la destruye.
¿Sobre lo instrumental y no sobre lo conceptual?
La preocupación en la Udelar o en centros educativos muchas veces es si los estudiantes copian o no, o cómo nosotros, los y las docentes, utilizamos la IA para ser más dinámicos: creativos”. Yo no utilizo IA, utilizo el pizarrón. Fui objeto de una investigación porque utilizaba una tecnología distinta. Voy armando la clase, vamos hablando y voy haciendo dibujos y haciendo grafos que es justamente cómo el razonamiento se va construyendo.
Eso les pareció a los estudiantes una tecnología innovadora. Muchas veces en los centros educativos la preocupación es cómo utilizar las plataformas para hacer las cosas más show, más espectaculares, creyendo que eso es incorporar IA”. Se está dando esta discusión. Yo quisiera preguntarles a muchos de los que utilizan IA si explican lo que implica esto en el ámbito de la civilización, del trabajo, de la salud, en dónde podemos vivir.
Elon Musk lo pone justamente en su libro y dice la idea que tenemos que irnos, lo que se está haciendo acá según ellos es un experimento, porque ellos se quieren ir a otro planeta. La literatura tiene un enorme potencial. La literatura tiene una potencia interesantísima. Ray Bradbury y todos esos autores se leen en la educación de élite… y se estudian. Y se estudia Shakespeare y se escucha música clásica.
