El nuevo presidente del PIT-CNT, Marcelo Abdala, afirma estar convencido de que la opción de derogar 135 artículos de la ley de urgente consideración (LUC) va a ser la ganadora del referéndum de marzo de 2022. Considera que haber alcanzado las firmas necesarias para llegar a esa instancia fue una “victoria política” y dice que “estaría bueno” que algún dirigente del oficialismo accediera a tener un típico debate televisivo de campaña electoral. En entrevista con la diaria, habló de este y otros temas, como los conflictos laborales, el gobierno y Nicolás Maduro.

¿Cómo analizás los conflictos laborales más recientes?

Entiendo que no hay tantos conflictos, ha habido períodos de mucha más movilización y lucha, lo que sucede es que a veces da la impresión de que con respecto al movimiento sindical el Poder Ejecutivo prefiere la paz de los sepulcros, es decir, la inexistencia de organización sindical. No involucro a todo el gobierno. Respecto de las labores del Ministerio de Trabajo [y Seguridad Social, MTSS], cada vez que nosotros precisamos una gestión para resolver un problema, para encontrar un puente de diálogo o un camino de negociación… si pongo en la misma bolsa al Ministerio de Trabajo de toda la prédica antisindical que desarrolla el gobierno en realidad estoy faltando a la verdad. En un momento en que se procesó una rebaja salarial de por lo menos 4,33% desde el 1° de julio de 2020 al 30 de junio de 2021, en que hubo una masividad de Consejos de Salarios –que siempre son momentos de negociación, pero también de movilización–, en que el Poder Ejecutivo tiene una programación que está dispuesta a cerrar procesos para nosotros estratégicos en Ancap, una prédica permanente antisindical, en que hay determinados cierres, recortes desde un punto de vista educativo, ¿alguien podría pensar en Uruguay que la respuesta del movimiento obrero no sea la acción sindical, la movilización? Pero, sin embargo, en realidad nosotros no estamos en un período de confrontación absoluta, por eso yo creo que es mucho más una campaña que una realidad.

¿Creés que en este momento en particular algunos sectores del gobierno les pusieron el ojo?

Lo que pasa es que ellos están muy nerviosos porque, en medio de una pandemia con difíciles condiciones para movernos, en un período de luna de miel prolongada de la opinión pública con el presidente de la República –luna de miel que siempre se da, pero en este caso fue prolongada por la pandemia–, no se esperaban que el movimiento popular, capitaneado por la clase trabajadora, haya entregado casi 800.000 firmas para que el pueblo decida sobre la LUC. Y eso cambió todos los ejes de la dinámica económica, social y política. Hay decisiones que tenían tomadas que no las aplicaron, otras que las están enlenteciendo. Hay discursos oblicuos, por ejemplo, el Poder Ejecutivo presentó un documento de reforma de la seguridad social y el mismo Poder Ejecutivo dijo que no era vinculante, ¿entonces quién lo presentó? Para mí no es una señal de fortaleza ese ataque permanente al movimiento sindical, en cierta medida la leo al revés, como una señal de debilidad.

A partir de la alianza para el referéndum se los ha acusado de ser funcionales al Frente Amplio (FA). ¿Qué opinión tenés de eso?

Si ha quedado una vez más demostrada la altísima capacidad de iniciativa del movimiento sindical es con el referéndum, porque el movimiento sindical no esperó que ninguna organización política definiera su opinión sobre la LUC y cuáles son los caminos tácticos para enfrentarla, sino que, al contrario, fue el que abordó la iniciativa y la impulsó.

En las firmas que se juntaron, ¿cuántas podría interpretarse que se debieron al FA y cuántas al movimiento sindical?

No te lo puedo responder cuantitativamente, pero te puedo hacer una afirmación categórica: el movimiento sindical operó positivamente en el estado de ánimo a nivel masivo. Es decir, las acciones que nosotros veníamos desarrollando luego repercutían en una elevación del estado de ánimo. La prueba está en que después de que nosotros entregamos las firmas, el 8 de julio, ahí sí en ese período hubo importantísimas movilizaciones, más que ahora. Es decir, lo que nosotros hicimos operó en la subjetividad, en el estado de ánimo de todo el mundo, incluidos los frenteamplistas. Entonces, en los diseños tácticos que se desarrollan, la usina de iniciativa y de organización del PIT-CNT opera positivamente en la participación democrática de la gente.

¿Qué campaña esperan que haga el oficialismo para el referéndum?

Por lo visto, con esta triquiñuela de nivel de zócalo de que se quedaron con el color celeste, van a hacer cualquier disparate, como ya lo están haciendo. ¿No dijeron que si ganaba el Sí a la derogación de los 135 artículos íbamos a estar en el régimen soviético acá? ¿O que si ganábamos iban a salir liberados todos los presos? Por las formas de actuación que han tenido, no espero mucho fundamento. Y nosotros encantados de debatir con quien sea, pero vamos a ver.

Las 800.000 firmas se tomaron como un triunfo político y entiendo que proyectan ganar el referéndum, pero, si pierden, ¿esto se va a seguir tomando como un logro o esa derrota electoral puede ser un planchazo?

Yo creo que ya es una victoria política. Cuando el gobierno metió un proyecto de país en el formato estrecho de urgente consideración inhibió el debate; cuando nosotros estábamos juntando firmas, ellos desarrollaron una táctica de decir “no van a llegar, no van a poder” y no debatieron nada; hoy por hoy la conquista es que el movimiento obrero y popular le entrega a la democracia uruguaya la posibilidad de discutir lo que no se discutió, y eso para mí ya es una conquista que tiene enormes consecuencias políticas. Cuando uno se prepara para una lucha, se prepara para ganar. La verdad que no tengo idea, no me planteo esa hipótesis [de perder]. Pero ¿sabés por qué? Porque tengo confianza en que, por miles, los militantes del movimiento obrero y popular van a salir a hablar con todo el mundo. Es decir, barrio a barrio, ciudad a ciudad, manzana por manzana, casa por casa.

Marcelo Abdala, el 11 de diciembre.

Marcelo Abdala, el 11 de diciembre.

Foto: Federico Gutiérrez

Hablaste de una “luna de miel prolongada” del gobierno. Si lograra un nuevo triunfo electoral en marzo, ¿podría inclinar la balanza hacia su lado?

Y eso se lo tendrías que preguntar al gobierno. Probablemente en una hipótesis de ese tipo ellos, que ahora de alguna manera están tratando de amortiguar algunos aspectos de los más regresivos de su programa, capaz que se sientan potenciados para aplicar radicalmente su visión, su programa, pero eso en este instante no lo puedo discernir, porque no me imagino otra cosa que una victoria.

¿Qué implicaría en su vínculo con Fernando Pereira que fuera electo presidente del FA?

Yo personalmente tendría un amigo de presidente del FA, pero el FA es el FA y el PIT-CNT es el PIT-CNT. Es decir, esa relación de amistad no tiene para mí impacto alguno. Acá no hay un matrimonio con el FA. Y él tiene que cumplir su rol, que es un rol político-partidario, y yo tengo que cumplir un rol que es político-sindical.

¿Cómo tomaste el anuncio de que no seguiría en el PIT-CNT y que iba a pasarse al lado político-partidario?

Lo primero que pensé, conociéndolo, es que podría cumplir un rol bien importante en el FA, positivo. Pensé que era una cosa buena, no solamente para el FA sino para todo el sistema político, porque es un hombre de convicciones profundas, pero también es de conversar, de dialogar con todo el mundo. Obviamente que también es una pérdida para el movimiento sindical.

¿Pensás que podría ser el candidato del FA en 2024?

Pah, la verdad, no tengo idea. Si te digo, te miento.

En los últimos años en Latinoamérica hubo protestas sociales en países como Chile o Colombia, catalogadas en algún caso como “estallidos” en respuesta a distintos escenarios políticos y económicos. ¿Imaginás que podría ocurrir algo parecido en Uruguay en algún momento?

La singularidad de Uruguay, que tiene la unidad sin exclusiones tanto en el campo social como en el campo político de la izquierda, hace que los intereses, las oposiciones se desarrollen en un tipo de acción que también es movilización, pero es muy distinto. Es decir, acá no va a haber un estallido, acá si hay movilización, la vamos a organizar nosotros. Es distinto. En muchos de esos países hay pluralidad de centrales sindicales. Entonces, yo no veo un espacio para eso, sí que haya procesos de mucha lucha, de mucha movilización, como por ejemplo ya hubo en el período de ascenso del fascismo y en que el movimiento sindical se unía y enfrentaba el autoritarismo de [Jorge] Pacheco Areco. Había enormes movilizaciones, pero estaban todas encuadradas en las organizaciones históricas de la clase trabajadora.

¿Y esa singularidad uruguaya tiene un límite? ¿Qué pasaría, por ejemplo, si siguiera la caída del salario real?

Cuando hay rebaja salarial, hay lucha. En estos Consejos de Salarios un sector muy importante de los trabajadores firmó convenios por arriba de los criterios del Poder Ejecutivo, y hubo movilización y lucha. No tiene límite, en tanto y en cuanto las organizaciones no se burocraticen, es decir, que estén en contacto con los trabajadores, desde el pie. En tanto esos vasos comunicantes estén aceitados, no tiene límite.

Cada tanto hay actores políticos que recuerdan cuando fuiste a Venezuela y hablaste con Nicolás Maduro. ¿Qué opinión tenés actualmente de su gobierno?

Recientemente Naciones Unidas lo acaba de reconocer, reconoció el resultado electoral y lo reconoce como interlocutor en el concierto internacional. Ya [Juan] Guaidó es un cadáver político. A mí no me gustaría que algunas de las dinámicas que existen en Venezuela se dieran en Uruguay, pero te lo digo principalmente por lo siguiente: acá en Uruguay podemos tener diferencias antagónicas, pero los debates se hacen de manera institucional y además con independencia de las posiciones, por un sentido de defensa de la democracia y de respeto a la persona. Allá yo noté una derecha violenta, muy pequeños actos de oposición que luego se convertían en asonadas, en prendidas de fuego de edificios públicos. Igual en el fondo el problema de Venezuela para mí ha sido el problema de todos los progresismos de América Latina, en tanto y en cuanto no lograron diversificar las matrices productivas y nuestros países exacerbaron su primarización y su dependencia; en el momento en que bajaron los precios internacionales de las materias primas esa estrategia basada en una matriz productiva primarizada, inversión extranjera directa y distribución del ingreso se asfixió. No se puede construir una sociedad más igualitaria, más justa sin diversificar la matriz productiva. Creo que este problema fue el nuestro, pero también fue el de Venezuela. Y entre tener una posición que defiende el derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano, con posibles diferencias y matices con las políticas de gobierno, o ser aliado del imperialismo norteamericano, ah, derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano.

¿Actualmente el pueblo venezolano tiene autodeterminación?

No, está sumamente castigado por el bloqueo. No tiene muchas necesidades básicas satisfechas. Cuando vos no tenés las necesidades básicas satisfechas, no podés autodeterminarte.

¿Y el cambio de gobierno o de Maduro por otra persona podría significar alguna modificación en ese sentido?

Eso lo tienen que resolver los venezolanos en elecciones por voto secreto y directo y con todas las garantías, pero es un asunto de ellos; en eso no me meto porque cada pueblo tiene los dirigentes que va eligiendo.