El directorio del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) aprobó el jueves un proyecto que propone la desinternación de 300 niñas y niños de 0 a 3 años en los centros de protección, según informó El País y confirmó la diaria.
En el documento, publicado en la web del organismo, se señala que la institucionalización puede tener efectos psicológicos, emocionales y físicos perjudiciales en la vida de niñas y niños. “En esos primeros años de vida, permanecer en instituciones imposibilita contar con referentes adultos estables y recibir un cuidado singularizado, comprometiendo a menudo el desarrollo integral, lo que puede tener consecuencias negativas en el mediano y largo plazo”, indica el escrito.
El proyecto busca garantizar la “desinternación” mediante el fortalecimiento de las capacidades de cuidado en familias de origen, la creación de una red de cuidado alternativo y transitorio de las familias de acogida y la facilitación de los procesos de adopción.
Según se detalla, la medida es el primer paso de una reestructura en la forma de proteger y reparar el daño de quienes han sido separados temporalmente de su familia. El proyecto se basa en el derecho de la niña y el niño de crecer en familia, de acuerdo con lo establecido por el Código de la Niñez y la Adolescencia y la Convención sobre los Derechos del Niño.
Equipo y fases
El proceso de trabajo se divide en tres fases y será llevado adelante por un equipo conformado por un coordinador (licenciado en Trabajo Social, Psicología, Educación Social, que cuente con experiencia y formación en primera infancia), un administrativo, técnicos del área social, educadores, un psicomotricista, un abogado y un referente de captación y enlace con la familia.
La primera es una fase de valoración integral, que tiene una duración de 30 días y se desarrolla mientras la niña o el niño está en el centro de internación. Durante ese tiempo, el equipo deberá relevar información sobre la niña o el niño: salud, situación judicial, referentes familiares e intervención hecha previamente. Con esa información elaborará un plan individual que defina si la integración inicial es con referentes familiares o con una familia de acogida.
La segunda fase es la de transición a la modalidad familiar, que puede durar hasta 12 meses. En esta instancia hay tres posibles escenarios: reintegración con referentes familiares (familia de origen, extensa o referentes de afinidad), integración temporal en familia de acogida mientras se fortalecen las capacidades de cuidado de sus referentes familiares, o integración en familia de acogida y posterior adopción.
Por último, está la fase de acompañamiento y cierre, que tiene una duración de dos meses y consiste en la evaluación del proceso, la derivación responsable a equipos territoriales o al Departamento de Adopciones, y la elaboración de una bitácora de historia de vida para el niño o la niña.