Este 27 de junio se cumplen 53 años desde el golpe de Estado de 1973 que dio comienzo a una dictadura cívico-militar y, para profundizar en ese periodo, Panorama informativo de la diaria Radio recibió al historiador Aldo Marchessi. En primera instancia, señaló que el golpe fue un “evento más” en un “proceso gradual de decaimiento de las instituciones democráticas”.
Advirtió que existen “dos niveles de debate” sobre sus orígenes. El primero, más “amplio y socioestructural”, refiere a que Uruguay “vivió una crisis muy seria” en la que “muchos actores veían que esa democracia, en los términos en que estaba pensada, ya no estaba funcionando”. Por otro lado, señaló que hay explicaciones “mucho más coyunturales”, asociadas a “quién fue qué” y “cómo se distribuyen las responsabilidades”.
En esa segunda visión se apunta hacia una “radicalización de la derecha” –hubo un “papel cada vez más protagónico” de los militares –que “fueron llamados” a combatir la subversión y asumieron que tendrían “un papel relevante en la conducción del país”–, y también una “radicalización de las izquierdas”. En este sentido, si bien la creación del Frente Amplio en 1971 fue una “respuesta bastante institucionalizada”, también había habido “una respuesta armada”.
“1972 es uno de los momentos de mayor violencia política y también de mayor violencia estatal. La persecución estatal fue muy dura: hay cerca de 6.000 presos, algunos tupamaros y otros no, pero la cuestión es que al final del año el MLN es derrotado”, dijo Marchesi. En junio de 1973 las izquierdas estaban “por fuera de todo ese juego”, por lo que argumentar que el golpe se justificó para luchar contra la subversión “no tiene mucha solidez” porque “para ese momento por el MLN ya estaba bastante derrotado”, aunque sí existía en el exterior.
Geopolítica del golpe
Según Marchessi, otras explicaciones se conectan con la Guerra Fría y “un lugar particular de Estados Unidos”. Dijo que, en la segunda mitad de la década de 1960 y con el golpe brasileño como expresión clara, Washington asumió un papel “muy protagónico en promover respuestas autoritarias” a las crisis latinoamericanas y apoyar “la proscripción de los partidos de izquierda”.
Así, el Plan Cóndor “es un hecho más de un proceso general” en el que se “actúa con aliados locales”. “Tampoco es que estos procesos sean una construcción” de Estados Unidos, que comenzaron a entrenar los militares de la región en contrainsurgencia, lo que se enmarcó en el concepto de seguridad nacional. Se impuso la noción de que “el lugar de los militares ha cambiado” ya que “las fronteras han pasado de ser territoriales a ideológicas” y es preciso contener las ideas que “vienen desde otro lado”.
Respecto al rol actual de Estados Unidos, con acciones como la captura de Nicolás Maduro y el apoyo de Donald Trump a candidatos electorales, indicó que hoy desde el gobierno nortamericano se ve necesario “construir alianzas a partir de un eje que tiene que ver con un enemigo”, que en la actualidad es el narcoterrorismo.
“Las democracias no se sostienen solo por la voluntad de los actores. Las democracias caen no solo porque haya actores que sean proclives a discursos autoritarios, caen muchas veces porque estructuralmente empiezan a tener problemas”, acotó en una comparación entre el período del golpe de Estado y el de hoy. Sostuvo que en Uruguay no existen actores antidemocráticos pero sí “condiciones cada vez mayores para habilitar la emergencia de esos actores”. “Tenés un 45% de la gente que dice que la política no cambia un ápice su vida”, apuntó en referencia a la encuesta reciente de la Usina. “Si la democracia no tiene una conexión con la vida real de la gente, empieza a estar en crisis”.
El camino a la democracia
La dictadura en Uruguay estuvo marcada por un accionar “extremadamente violento por parte del Estado”: “Fuimos el país con más presos políticos en América Latina y el modelo de la prisión prolongada fue central”, dijo Marchesi. . Sobre la recuperación democrática, el historiador apuntó que respondió a elementos geopolíticos, ya que en Estados Unidos hubo una administración del Partido Demócrata con “una visión más crítica de los regímenes dictatoriales”. Los militares buscaron una salida que contemplara su “visión de máxima”, que era permanecer en instituciones estatales teniendo una suerte de tutela sobre una nueva democracia” y en su “visión de mínima”, que implicaba que no hubiera revanchismo. .
La transición uruguaya “se jugó en eso”, dijo. También acotó que mientras qu en Chile y Argentina hubo procesos de discusión a la interna de las Fuerzas Armadas “sobre cuál había sido su rol en las dictaduras”, lo que implicó una “ruptura generacional”, en Uruguay “no pasó nada de eso hasta hoy”. Se refirió entoces a los debates recientes sobre la formación militar: “si uno veía los textos que se leían, claramente había cosas que seguían sin discutirse y, básicamente, había una suerte de justificación última de que el golpe había respondido a una necesidad”.
