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Política Sociedad
Reto Bertoni, el 26 de junio, en _La maña de la diaria_.

Reto Bertoni, el 26 de junio, en La maña de la diaria.

Doctor en Historia Económica: “El terrorismo de Estado impuso un nuevo modelo económico” basado en “apoyar a los malla oro”

Reto Bertoni dijo que tras el golpe se separó el crecimiento económico del salarial y, mientras el PIB “creció un 41%” entre 1972 y 1981, los salarios se desplomaron un “35% o 40%” y la deuda aumentó “un 500%” en ese período.

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Hace 53 años, el 27 de junio de 1973, un golpe de Estado dio comienzo a la última dictadura cívico-militar. En ese marco, La mañana de la diaria recibió al doctor en Historia Económica Reto Bertoni para profundizar en esa dimensión del período.

El experto comenzó repasando el contexto previo. Dijo que, entre 1955 y 1968, “la tasa de crecimiento anual de la economía fue 0%”, además de que en 1958 comenzó un proceso inflacionario donde “los sindicatos quieren mantener el poder adquisitivo de sus salarios y los empresarios quieren mantener o ampliar sus niveles de ganancia”.

En esa disputa, el sistema político fue “absolutamente incapaz de resolver el problema” y la economía nacional “estuvo a la deriva durante todos los años 60”. Después, Jorge Pacheco Areco instauró “un intervencionismo muy fuerte del Estado” al disolver los Consejos de Salarios y congelar los precios. Así, entre 1968 y 1973, “el país empieza a crecer lentamente pero sin distribuir” y sin que la riqueza implique “mejoras en las condiciones de vida de la gente”.

Explicó que, con el golpe, culmina el proceso que el gobierno civil inició en 1968 apelando a “una serie de mecanismos represivos como las medidas prontas de seguridad” en su intento de imponer “un nuevo modelo económico” basado en “apoyar a los malla oro”: “Lo que ocurrió a partir de 1973 fue que el terrorismo de Estado impuso un nuevo modelo económico y –para simplificarlo en términos corrientes– lo que hizo fue separar el crecimiento económico del crecimiento del salario”.

En cifras, señaló que entre 1972 y 1981 la economía uruguaya “creció un 41% o 42%”, mientras que los salarios reales “cayeron en torno al 35% o 40%”, líneas “absolutamente opuestas”. Más allá de distintas políticas, señaló que hubo un elemento sin cambios representado por el hecho de que “lo que se crea de riqueza en el país es para beneficiar a determinados sectores que son los que hacen que la economía crezca, los empresariales”.

Apuntó que la industria arrocera y la producción primaria fueron “promovidas de manera muy especial” por la dictadura, con la pretensión de “dejar de ser vendedores exclusivamente de carne, cuero o lana”. Sin embargo, a partir de 1978 se prevé “ser plaza financiera internacional o regional” y se apuesta a la banca, sobre todo extranjera, con lo que se “deja de apoyar” a esas actividades productivas nacionales, lo que genera el distanciamiento de algunos sectores empresariales, entre ellos, la Federación Rural.

Sobre la pobreza, el experto señaló que existen “generaciones enteras de uruguayos que no pudieron conseguir trabajo porque sus padres perdieron sus trabajos en la crisis de 1982, en la crisis de 2002 y no lograron reinsertarse”. “No estoy hablando de causalidad directa, pero hay décadas de deterioro de las condiciones de vida de la población uruguaya, pobreza realmente, y tenemos que aprender a medirla”, sostuvo.

La figura de Alejandro Végh Villegas y la reconfiguración económica

Bertoni también abordó la figura de Alejandro Végh Villegas, quien en dos oportunidades fue ministro de Economía y Finanzas durante la dictadura, entre otros cargos. Señaló que el economista “elaboró un plan de desarrollo para la industria”, con “esa convicción de que debía reformularse el esquema productivo uruguayo que había crecido de manera artificial, sobre todo en la industria nacional, por la protección y los subsidios explícitos o implícitos”.

En ese sentido, la intención era “reconfigurar” el modelo al “promover las exportaciones no tradicionales” y una nueva “industria nacional”. Catalogó a Végh Villegas como un “ideólogo” de los “mecanismos” que se establecieron “para salir de la crisis del estancamiento”, y dijo que cumplió “un rol fundamental” durante el período.

Su salida se vinculó a la imposición de nuevas condiciones para que Uruguay accediera a préstamos internacionales. El crecimiento de la economía uruguaya estuvo atado al endeudamiento externo: “Obras de infraestructura, reconfiguración de la industria, préstamos a corto plazo para mantener la moneda uruguaya. Hay un vínculo muy fuerte con el capital internacional y se promovió el ingreso de esos capitales por distintas vías. Así como entre 1972 y 1981 crece económicamente Uruguay, crece en paralelo la deuda externa un 500%”.

A la visión de Végh Villegas la sustituyó esa nueva perspectiva. Para la captación, la estrategia era asegurar “el mantenimiento del precio de la economía uruguaya y la seguridad de poder retirar cuando quisieran”, lo que se estableció “a través del mecanismo de la tablita”, un “precio preanunciado del tipo de cambio para seguridad de los inversores”. Resultó en una “bomba” que explotó en 1982.

Después de la segunda crisis del petróleo, en 1979, cuando el Tesoro de Estados Unidos subió las tasas de interés, los préstamos del Estado uruguayo “eran con intereses variables”, algo que “hacia 1981 se va haciendo cada vez más insoportable”. En esa segunda fase de la política económica, después de Végh Villegas, hubo “mucha especulación financiera y poco apoyo a la actividad productiva real”, sostuvo.

“Toda América Latina vivió los años 80 como una década perdida. Solo se dedicó a sobrevivir y a renegociar la deuda, que era impagable”, apuntó.